Archivo de la categoría: erótica

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It’s soooo so very cold outside, in Spain!!! I think I am gotta go Frozen “Let it go!” ^_^),,

I hope everybody is having a more or less pleasant Winter time…Let’s Hope for a great

Spring and better Year of the Sheep (=^0^=) A year of Peace and Harmony.

I found a trying of translation on my laptop, from so much time ago. It’s from my novel Armend y Liend.

My English was so bad I am so very sorry -_-)

Anyway I attach the file here, feel free to read it, it’s short, not even 20 pages! but remember it’s

erotic and the pairing is man & man (YAOI)

Here is the link to the doc. ^_- Enjoy!!^///^

clicky!

Liend’s wings

or

http://www.mediafire.com/view/nh0vwugt22v532u/Liend's_wings.doc

 

Yyuhmi

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NÉCTAR DEL DESIERTO- FANFIC KUROGANE X FAY (TSUBASA RESERVOIR CHRONICLE)

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Hace bastante tiempo que escribí este fanfic para una amiga muy especial ^_^)

Os dejo el doc de word para que lo leáis si os apetece un cuento corto, erótico, no apto para

menore de 18 años!!! (sobretodo atención a este punto) y tampoco apto para homófobos o cualquier

persona que se sienta incómoda con escenas de amor gay.

Al final hay un pequeño plus, en tono de humor en el que veremos como Syaoran está a punto de

quitarle el puesto a Kurogane en lo que concierne a Fay ^^,,,

Espero que os guste m(_ _)m

Kurogane x Fay fic Gisel cumpl

(cliquad y “guardar el link como” lo podéis leer cómodamente en vuestro PC. Si tenéis problemas, dejad un comentario y lo subiré completo en el post ^_-)

Gracias por pasaros por aquí,

Itsumo doumo arigatou!

Yyuhmi

*Shiro-manjuu 白、しろ、饅頭、まんじゅう: el manjuu es un pastelito redondo y dulce, receta japonesa. En este caso como se refiere a Mokona que es un ser blanco,redondo y gracioso con largas orejas de conejo, le llama shiro, que significa blanco)

y un poco de Fanart kurofaysu-chan

Especial San VALENTIN de Armend y Liend, universo paralelo.

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Para tod@s mis querid@s lector@s, un feliz y soleado SAN VALENTÍN, y que el amor triunfe! No importe ni dónde ni cómo ni por qué, ni con quién ni cuándo, sólo importe lo que sientas y hagas sentir.

El camino de Ji Lee Won

En un pueblo de la sierra más hermosa de las tierras del Sur, acababan de asentarse los soldados venidos del desierto, bajo el ala de la banda sublevada: el partido nacionalista.

Las mujeres pasaban ante ellos deprisa y sin mirar, sintiendo temblar las rodillas y el corazón. Los niños observaban desde sus escondrijos, ventanas y portezuelas, los impecables y atrayentes uniformes de aquellos hombres de tez morena y ojos oscuros.

 Armend Moon, llegaba a caballo de Aracena, oculto un libro en la pechera, clavando una mirada firme sobre el par de militares apostados justo a la entrada del pueblo, pasado el puente de los Sarmientos.

_ ¿Qué llevas ahí? – Escupió uno de los soldados, apretando la culata del fusil contra los serones.

_ Mercancía para el comercio – respondió secamente, sin apartar la mirada – Medicación y otros remedios. Vengo de Mitenas*, ya sabe – se detuvo un tanto, como si se regocijara de antemano por lo que iba a decir – el pueblo que ha sido devastado por la tuberculosis.

El soldado se echó hacia atrás en un impulso, e hizo un gesto para que siguiera. Armend espoleó su caballo, chasqueando la lengua.

Armend encontró a Liend como de costumbre, sentado sobre una caja leyendo a escondidas uno de los libros que él le había prestado.

Se sobresaltó al sentir a alguien tras él, soltando el libro inmediatamente.

_ ¡Armend! Me has asustado…- se sonrió levantándose. No podía ocultar su alegría al verle.

Armend recogió el libro y miró la gastada tapa. “El camino de los valientes” de un tal Ji Lee Woon.

_ ¿Te gusta?

Liend asintió entusiasmado. Era un muchacho delgado pero fibroso, con una extraña belleza que atraía a hombres y a mujeres por igual. Sus cabellos eran del color del azafrán y sus ojos verdes estaban cargados de inocencia y curiosidad.

_ ¿Traes más?

_ Pues claro, ¿cuándo te he fallado yo? – Sacó el libro que llevaba escondido en el pecho y se lo ofreció.

Liend apartó la mirada un tanto sofocado. No sabía por qué razón, pero aunque conocía a Armend desde que eran niños, últimamente su cuerpo ardía con sólo escuchar su voz, sentir su aliento o mirar sus manos.Ese libro había estado pegado a su piel…

Armend era consciente de todo ello. Al principio le parecía adorable: el muchacho del comercio, el jovencito más guapo del pueblo… Pero poco a poco, mientras intercambiaban libros que Armend traía de las grandes ciudades en sus idas y venidas como proveedor, comenzó a verle con otros ojos…El deseo y el hambre por él aumentaban a la par que los levantamientos y bombardeos en todo el país.

Liend miraba aquel libro como quien observa un tesoro.

Armend no pudo remediar levantarle la barbilla para besarle. Cuando se quiso dar cuenta, ambos se encontraron abrazados, sorprendidos y con los corazones latiendo como tambores enloquecidos.

 No pasaba semana sin que Armend le visitara, dejando a su caballo atado junto al portal de la tienda, señal para el pueblo de que el proveedor había llegado, para ellos símbolo del amor que se cocía a fuego fuerte y avivado en aquel viejo y pequeño comercio.

Llegó el verano, y Armend, de repente, desapareció. Liend no hacía otra cosa que esperarle sentado tras el mostrador, con la mirada hundida en una profunda tristeza que oscurecía sus ojos de oliva.

La gente decía que estaba muriendo de pena por la soledad. Después de todo hacía sólo un par de años que se había quedado huérfano…

Las lenguas iban algo desencaminadas pero era muy cierto que si Armend no regresaba, Liend moriría de pena.

Un mañana no soportó más la angustia de no saber de él y decidió ir con los de la matanza a Aracena, a ver si en las listas de desaparecidos o muertos, encontraba por desgracia el nombre de Armend.

Llevó metido en el pecho el último libro que le había dado, el cual había llevado también contra el corazón Armend, para pasar las guardias de tantos cruces, caminos y puentes, como el que daba paso al pueblo serrano.

La ciudad estaba en plena ebullición: camiones de prisioneros, carretillas y carretas con panes y quesos para el ejército, mujeres cargando con niños que lloraban de hambre y soldados que lanzaban risotadas al ver pasar a las niñeras de señores de alta alcurnia, con sus faldas rodilleras y rebecas color pastel.

 En las listas no encontró nada…Liend se llevó la mano al pecho y contuvo un suspiro.

El libro era como un talismán para él…

De repente, su vista dio con el nombre: Armend Moon. Se sofocó tanto que creyó desfallecer. Estaba en la lista de los oficiales al cargo en la ciudad.

 No podía creerlo…¿Por qué? Armend nunca estuvo a favor del partido nacional…Sólo por llevar uno de aquellos libros encima, podría haber sido fusilado.

Liend se dio la vuelta rápidamente y corrió en dirección a la calle principal, en busca de un carro que le llevara de nuevo al pueblo.

La confusión y la angustia se hicieron con el mando de su cuerpo, se topaba contra todo el mundo, no podía ver hacia dónde le llevaban los pasos y sentía que le faltaba el aire. Chocó contra un grupo de hombres que le hicieron caer con estrépito, llenándose el caldeado aire de tierra y bosta de caballos.

El libro saltó de su pecho y fue a parar a pies de uno de los hombres. Llevaba botas altas de militar.

_ Un libro prohibido…Vaya con el señorito, ¡Ven acá! -lo sujetó del brazo y tiró de él con tal fuerza que le fue imposible desasirse.

_ Pero, espere un momento…¡Yo no he hecho nada! – trató de defenderse en vano Liend, por lo que recibió un buen golpe que le dejó aturdido y mareado.

Le llevaron a rastras hasta el cuartel general y lo dejaron atado a una silla, en una habitación escueta en detalles, excepto un cuadro del dictador, observando desde la pared lo que nunca se contaría, lo que sucedió sin tener por qué y lo que debió haber sucedido.

Liend no dejaba de pensar en Armend…Le dolía el brazo, la espalda y el mentón, la sangre manaba de una brecha que acababan de abrirle a golpes durante un eterno interrogatorio de pesadilla.

Comenzaban a fallarle las fuerzas al militar que le custodiaba, por lo cual tuvo un momento de respiro. Cerró los ojos. Pensó en que ya no había salida, ni tenía la necesidad de ansiarla, si no podía estar con Armend, como antes, en el pueblo, sin miedos ni jerarquías, ni ideologías ni banderas. Sólo ellos dos, piel con piel, amándose…

Entonces, sintió el aroma de Armend acariciándole suavemente las mejillas. Debía de estar delirando…Abrió lentamente los ojos y le vio, de pie, frente a él, vestido de uniforme, pero con sus ojos ardientes y amables, con la mirada de siempre, clavada en él.

_ Armend…

Se agachó y le desató, murmurando maldiciones por haberle hecho tales heridas. Acarició aquel labio partido, aquel mentón ensangrentado, y con el alma rota descanso sobre él, con un abrazo fuerte, deseado, impaciente.

_ Perdóname Liend…No pude avisarte. Me vinieron a buscar y no tuve alternativa. No quería morir sin volverte a ver…- su voz sonaba entrecortada. Liend nunca había visto a un Armend tan vulnerable. Tuvo la enorme necesidad de protegerle. Le devolvió el abrazo, y así se quedaron los dos durante un instante que les pareció mucho para ser tan corto, y poco para ser tan bello.

_ ¡¿Qué coño pasa aquí?!

Sobresaltados, se encontraron con que dos de los soldados habían irrumpido en el cuarto, apuntándoles con los fusiles.

_ Cabo Moon, es usted un traidor, va a tener que darnos muchas explicaciones – subrayó estas dos últimas palabras el soldado que hacía poco había estado apaleando a Liend.

_ Véte al infierno – masculló Armend, interponiéndose entre Liend y las bocas de las armas.

_ ¡¿Qué acabas de decir, maldito hijo de puta?!

Armend levantó la mirada, apretando los puños y los dientes con todas sus fuerzas, dispuesto a matar y morir para salvar a Liend.

En ese instante tembló todo. Parecía que el mundo acababa de explotar sobre ellos, dejándoles sordos, apretados contra pedazos de pared y hierros, asfixiados por las bocanadas de pólvora y tierra que acaba de lanzar un bombardeo sobre la ciudad.

Poco a poco, Armend comenzó a escuchar un mínimo susurro, que aumentó hasta convertirse en la realidad que reinaba por doquier: un tumulto de llantos y gritos, sangre y confusión.

 Se incorporó mareado, dolorido, buscando a Liend, apartándose de la cara el polvo que le cubría hasta las pestañas.

_ Liend…

El joven estaba a su lado, tosiendo y frotándose la cara. Suspiró aliviado y se dispuso a ayudarle, cuando vio una enorme herida en su espalda.

_ Armend…Me duele el pecho…

_ No te muevas – Armend retuvo la respiración, tratando de calmarse, mientras se quitaba la chaqueta del uniforme y hacía jirones su camisa.

Metralla” reconoció la herida, sudando, con el corazón en un puño.

_ No te preocupes, no es nada. Te pondrás bien…

Liend tosió, lo cual le hizo gemir de dolor. Armend detuvo la hemorragia y le colocó la chaqueta por encima, ayudándole a incorporarse.

En el suelo, a un par de pasos de ambos, uno de los soldados, cuyas piernas estaban atrapadas bajo los escombros, alargaba la mano, agarrotada y temblorosa, para coger su arma.

 Armend se hizo con ella antes de que pudiera siquiera pestañear. El soldado, con un hilo de sangre dibujando una ese en su barbilla, levantó los ojos, enturbiados, y con desprecio dijo:

_ Has traicionado a tu patria…Escoria como tú sólo mancha nuestra bandera…

Armend, sujetando a Liend con fuerza, le miraba sin inmutarse, fiero y determinado.

_ Para mi no hay patria ni bandera que valga más que mis sentimientos.

 Liend le miró, respirando de forma entrecortada por el dolor: aquel hombre que adoraba leer, y que proveía de diversas mercancías a los comercios o cortijos a lomos de un caballo árabe, era para él, más importante que su propia vida. El mundo se partía en mil y sin embargo, no le importaba lo más mínimo…Sólo ÉL.

 Salieron despacio, esquivando cuerpos y pedazos de paredes y astillas, apoyados el uno en el otro, buscando una salida, una liberación.

 _ ¡A la Raya! ¡A la Raya! – gritaba un hombre de mediana edad, gorra oscura y camisa vieja desde su carro, cargado con sacas de pan acabado de robar de las disposiciones del derruido cuartel.

Armend y Liend, subieron y se sentaron entre los bultos de arpillera, junto con un par de muchachas que sollozaban abrazadas, cubiertas de polvo y sangre.

Liend se apretó a Armend, aliviado por el calor de su piel, y cerró los ojos.

Sintió como, durante todo el camino a la frontera, le acariciaba los cabellos susurrando una y otra vez.

Te quiero más que a nada…Te quiero más que a nadie…

Tal que una nana cantada desde el corazón, las palabras se metieron en su pecho con sigilo, formando un relicario de pasiones, un amuleto que sería indestructible, al paso del tiempo, a las guerras, a los odios, a las burlas…

 _ ¡Joven! – el hombre que guiaba el carro le lanzó una cantimplora- dele de beber al muchacho, que esa es una buena herida. Ustedes también señoritas, beban, que han llorado tanto que no les debe quedar una gota ni para mojarse los labios.

 El carro fue guiado hasta el pueblo fronterizo de la Raya, entre el vaivén del camino y las palabras de coraje del guía, que apostaba por un médico de muy buena mano en el lugar.

 Liend sacó de su pecho el libro, y se lo entregó a Armend.

Tenía parte de las hojas dobladas y la cubierta estaba rota. Semejaba un pajarillo aplastado.

 _ Me ha guiado hasta a ti…

Armend sonrió, cogiéndole la mano, caliente por la fiebre y el dolor. Asintió sin hablar, apretando aquella mano que tantas veces había besado, olido y acariciado, en el trastero de la tienda del pueblo, entre cajas de conservas y frutas puestas a secar.

 _ Volveremos a estar como antes – le prometió Armend en un susurro- Te lo prometo…

 Liend sonrió, cansado pero seguro, sintiéndose mecido por las nuevas circunstancias y aquel camino que se abría frente a ellos.

Tengo los ojos puestos en ti,

tienes los ojos puestos en mi.

No hay camino para el cobarde,

ni salida para el perdedor.

Sólo tenemos camino los valientes,

aquellos que luchan y creen en el Amor”

Ji Lee Woon*

FIN

YRENE YUHMI 2014, SAN VALENTÍN

 Armend y Liend 3 2013  color

*Lugar inventado.

*Personaje y libro, inventados.

Recordad que podéis descargarlo aquí, junto con más inéditos Yaoi 😉

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

ABRAZOS ^_^

Yyuhmi

Updating information! Important!

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It’s been a while!! how are you my friend? I am amazed how good and effective can be a comment, a word of encouragement from my readers…I am touched…

Even thought my Health is not the best, I can’t and don’t want to complain! But, sometimes, I try to imagine how Life could be being healthy, without a disease… How it feels to be OK all time? I don’t know…

I hope and pray God gives us power to find a cure, not only for CF, but also for all the rare diseases that are making suffer and die amazing, wonderful people, like my dear friend Lezly Hodge, who passed away on 2012, being 21 years old.

I am a person who fights til the very end, specially when it comes to achieve dreams and goals. Sometimes I am very down, that’s right, and Mom knows it the best! *sweat drop* sorry MOM!! But I don’t give up easily…I dream to much, and this can be a problem!! because daydreaming can be dangerous: Life is not Pink colored!

I am also a person who loves to go against the crowd. And a person who can’t stand any way of discrimination! that is why I wrote and published Armend y Liend.

This novel is really important for me, not only because of the theme, also because of the time it was wrote and published. I had survived to the worst nightmare on Vall d’Hebrón Hospital, in Barcelona city. I knew I had Cystic Fibrosis, but I felt again the taste of being more alive than dead. I discovered Internet, I could learn Japanese and also read a lot of Yaoi 😉

It was a time to create and to imagine a different World, peace and Love flag’s carrying World.

So then, I opened a blog, the old blog Armend y Liend at blogspot has been erased!! I don’t know why, but it’s a pity…There were writings and drawings and, more important, very precious comments from my readers!

Let’s do that, I will begin here from scratch! ^_-)b

First of all, here you are the folder with all my writings and other stuff, so you can download it and enjoy it anytime! ^3^)

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

password: tanpopotohimawari

This year, on April 23th, if I am OK, I will publish a doujinshi book compilation, Kyou Kara Maou!, Naruto, Tiger and Bunny, Peace Maker Kurogane, Saint Beast, One Piece and others ^^)b

And of course, I am working on Armend y Liend III and its illustration book…My…I must do my best! and not collapse! LOL

Chibi version of Armend y Liend, dedicated to my readers, specially Lourdes and Jenny!Image

THANK YOU FOR EVERYTHING!!!! hugs and love!

Armend y Liend III (lectura online, 3ª parte, 18+)

Estado

En noches tan calurosas como éstas, días tan soleados como éstos, no se puede pensar con claridad…Aún así, la simple visión de un gatito durmiendo, o de una vista hermosa desde la ventana, pueden calmar todas las inquietudes, de una foma diría casi milagrosa.

Os dejo con la tercera parte de lo que llevo escrito hasta ahora de la novela ^_-) Perdonad faltas y errores tipográficos, lo escribí en un momento no muy propicio y además, está sin repasar >///<)

Espero que os guste ^0^)

Image

Lala y Colomba a la hora de la siesta ^-^)

Link al blog y a la lectura aquí:

http://armend-y-liend.blogspot.es/1340928554/ <—–HA SIDO BORRADO, disculpad las molestias, estoy averiguando qué ha sucedido…

¡Pasad un  feliz verano amig@s!

ARMEND Y LIEND III (Lectura online 2ª parte +18)

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Aquí tenéis la continuación de la novela, Armend y Liend III. No sé si llamarlo capítulos o partes…Puesto que es una novela aún en construcción, la sensación de ofrecerla antes de repasarla, y haberla terminado completamente es algo así como caminar desnuda en pleno día ^_^;;; Pero espero que la lectura sea de vuestro gusto y que Dios me de salud para poder continuar escribiendo ^0^)

¡Gracias por todo vuestro apoyo!

Yrene Yuhmi

http://armend-y-liend.blogspot.es/1339284366/

blog borrado -_-)

Accede a todo sobre Armend y Liend aquí

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

o en FB, Armend y Liend novelas y Armend y Liend 😉 😀

Contactad conmigo para lo que queráis, me encantará hablar con vosotr@s ^3^)

 

Image

Los tomos I y II a la venta en http://www1.dreamers.com/productos/206101_ARMEND_Y_LIEND.html

Armend y Liend III (Lectura online, +18 años)

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Ciertamente, estoy tardando mucho en escribir la tercera novela que formará parte de la trilogía sobre la historia de amor de Armend y Liend…Lo siento de veras, porque tengo muchas ganas de mostraros las escenas que ya están más o menos abocetadas y casi coloreadas del todo en mi cabeza. Por razones de Salud, entre otras, voy más lenta de lo que querría…Pero voy a intentar terminar esta larga novela que comencé en el 2006, y ponerle todo mi corazón; por el momento he pensado que ir subiendo lo que tengo escrito poco a poco no es mala idea ^_^;; Espero que así disfrutéis un  poco de este entrelazado de historias, que vosotr@s habéis aceptado y querido tanto, dándome gran satisfacción y mucha alegría…Os debo mucho queridos lectores…

A través de este blog de cuentos, os iré comunicando cuándo subo los párrafos o capítulos, en el blog correspondiente: el que en su día abría sólo para ARMEND Y LIEND.

Aquí os dejo la entrada con los primeros pasos de esta tercera  novela. Esperando que sea de vuestro agrado y ansiosa de leer vuestros comentarios, me despido por el momento con un fuerte abrazo ^0^)

http://armend-y-liend.blogspot.es/1339110000/

😦

 Atención!! Editado!!! El blog ha sido borrado ToT)) no lo entiendo pero bueno…Aquí os dejo el link de descarga y la contraseña,

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

 password: tanpopotohimawari

También podéis acceder a todo desde el nuevo post ecrito hoy, en este mismo blog 😉

https://yreneyuhmi.wordpress.com/2014/02/05/updating-information-important/

Gracias por estar aquí, por vuestro apoyo y cariño!!!!! muchos abrazos a tod@s!!!!

Yrene Yuhmi

VOYEUR (2ª Parte, Fin)

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_ ¡Oh, Menuda sorpresa! – Exclamó su hermano con mofa, tirado en el sofá frente al televisor- ¿o a lo mejor estoy viendo visiones?

_ No seas pesado… ¿Qué pasa? ¿No puedo estar en mi casa?

_ Puedes, puedes…-repuso cambiando de canal, frotándose un pie contra el otro- Pero hace como tres meses que pasas menos tiempo aquí que papá…

_ ¿Hay noticias? – preguntó cogiendo una cerveza de la nevera.

_ Qué dices…Creo que hace unas dos semanas estaba en Boston. A saber dónde estará ahora…

Un adulto irresponsable, viajero, trotamundos, que no sabía ser padre ni pretendía aprender.

_ ¿Te has peleado con tu chica?

_ ¿Qué chica?

_ Venga ya…Siempre estás con “alguien” y por la cara que haces, alguien especial…Y son casi veinticuatro horas…Sólo vienes a casa a dormir un poco.

_ No es mi novia…

Ni siquiera es una chica…” pensó fregándose los ojos, apoyado en la pared junto al armario de las galletas y el cacao.

_Pues llámala como quieras…Pero date prisa en hacer las paces…Échale un buen polvo.

_Sólo nos miramos…-dijo con la mirada perdida, más para sí mismo que pasa su hermano pequeño.

_ ¡¿Qué?! – El chico dio un salto, colgándose del respaldo del sofá azul- ¿En todo este tiempo…no lo habéis hecho? ¡Me tomas el pelo!

_ Déjame en paz – exhaló, hastiado, sacando la manos de los bolsillos del pantalón.

Acostarse con Hoshio…Hacerle el amor.

Tocarle por todas partes. Besarle. Acariciarle los cabellos.

No dejaría ni una pequeña porción de su cuerpo sin explorar, aromar, besar, lamer…

Se metió en su habitación, se echó sobre la cama y cerró los ojos.

Sin dormir dejó pasar las horas, la mente llena de Hoshio.

Palpó el bolsillo trasero de sus vaqueros y rescató el móvil. Apretando la tecla de avance, fue pasando por todas las fotografías que se habían hecho, la cabeza sobre el brazo, echado sobre el costado…

La sonrisa y los ojos chispeantes y cariñosos de Hoshio.

Cuando le conoció y supo que le gustaba, no se planteó nada como un problema. Le importaba un comino si con aquellos sentimientos se le podía llamar gay. Lo único que hizo fue investigar sobre cómo lo hacían dos hombres.

Jamás imaginó que fuera a enamorarse de un tío.

Pero me gusta…Le quiero. No sé qué me pasa. No me entiendo.”

No entendía porqué, pero tenía muy claro que le atraía, que le gustaba estar con él, que quería protegerle y…Quería tener sexo con él.

Si no me dejas tocarte, me voy a volver loco…

Se quedó dormido hacia las tres de la madrugada, en la misma postura y con el móvil bien cogido, contra su pecho.

Ansioso de tacto.

                                         * * *

Hoshio y él habían estado mirando, uno por uno, los muchos bocetos y cuadros inacabados que se apilaban de cualquier manera junto a las paredes del pequeño estudio.


_ ¿Y éste? – preguntó “Raro” señalando un boceto muy sencillo, con algunas manchas de color en cabellos y mejillas.

_ Apolo y Dafne…- le explicó Hoshio- Ella es una ninfa – señaló a la hermosa muchacha, que se contorneaba en una extraña danza, con ramos de laurel entre los dedos- Y éste es el dios Apolo. Apolo la ama, pero ella no le corresponde.

_ ¿Por qué?

_ Por las flechas de Cupido. La que disparó a Apolo era de amor y la de Dafne de desamor…

_ Qué triste historia… ¿Te la has inventado?

Hoshio casi se ríe. “Realmente, eres como un niño”

_ No. Es mitología griega.

_ ¿Y ella, la chica, no cambia de idea?

Raro” seguía más interesado en la historia de aquellos personajes que en lo que era la mitología griega.

_ Ella…Es transformada por su padre en un árbol. Para preservar su virginidad.

_ Joder…

Hoshio sonreía espontáneamente, enfrentado por primera vez a su visitante tan enfurruñado, contrariado y pensativo.

_ Pero, ¿sabes? – Dijo de repente, mirando a los ojos de Hoshio- Seguramente Apolo abrazó a Dafne, incluso después de ser transformada en árbol.

_ Puede que tengas razón…

El visitante se quedó pensando un buen rato, mientras Hoshio recogía los bocetos y los colocaba en su lugar, excepto el de Apolo y Dafne, que seguía entre las manos del silencioso observador.

_ Hoshio…Nosotros dos somos como ellos.

El joven pintor se sorprendió. Le miró interrogante, de pie, junto a la pila de dibujos.

_ Yo soy como Apolo, tú como Dafne…

Raro” acarició el boceto, lentamente, con la mirada perdida.

Hoshio se estremeció. Su pecho se volvió aún más cálido ante la visión melancólica de aquel “Apolo” descarado.

                                 * * *

Hoshio se despertó a las ocho y media. El sol ya inundaba todo con una fuerza volcánica.

Después del fresco de la madrugada y con una temperatura corporal tan baja, Hoshio agradecía aquel calor incipiente de un día cualquiera del mes de julio.

Nada más poner el pie en el suelo, se tambaleó. No lograba enfocar la vista en ningún punto fijo, la habitación le daba vueltas. De repente sintió arcadas.

De camino al baño tropezó: estaba demasiado débil.

Como dentro de una nube oscura. Cayó sobre la nube; creyó estar aún dormido, haber soñado aquel despertar.

Tirado sobre la moqueta, entre la cama deshecha y el pequeño cuarto de baño, el cuerpo de Hoshio, largo, esbelto, en su holgado pijama, semejaba una de esas sirenas que hallan los marinos de los cuentas en las arenas de las playas.

Debía de tener alguna pesadilla: una lágrima nació lentamente, siguiendo la línea de la nariz.

¿Por qué sobreviví?… ¿Por qué sigo aquí?…Si nadie me necesita… Es inútil, es estúpido…”

Se abandonaba. No le quedaba voluntad ni para seguir respirando.

                               * * *

Caminaba por las desiertas calles de un lunes festivo. Los jóvenes dormían y el olor de las comidas danzaba por el aire caliente.

Tenía la mano sobre el móvil, en el bolsillo derecho.

Lo acariciaba, con el ceño fruncido, la mandíbula tensa.

Recordaba el rostro de Hoshio, a punto de echarse a llorar, asustado, solo. Quería encogerse, ocultar su presencia.

Alguien como él, tan preciado, hermoso, con tanto talento, quería pasar desapercibido, quedarse a solas con sus pinturas y su silencio. Era algo que su habitual observador no comprendía.

_Mierda…- Maldijo entre dientes, calándose la gorra de visera con un gesto mecánico.

Giró la esquina, al final de la calle, se alzaba el edificio en el que estaba el pequeño estudio de Hoshio.

El sol brincaba de ventana en ventana. Sintió un dolor en el pecho.

¿Y si…Todo lo ocurrido hasta ahora hubiera sido sólo un sueño? Si Hoshio, no existiera…

Si era de verdad un ángel, un ser venido de otro mundo, una creación de su mente…

Hoshio…Un Mundo, una Vida, un Pensamiento, un Corazón sin Hoshio.

Comenzó a correr. Como si le persiguiera el diablo, los golpes de sus zapatillas sobre el asfalto seco, duro, eran como alertas de batalla. Un ruido aterrador que acompañaba las imágenes de Hoshio dentro de su teléfono móvil y las de un estudio lleno de acuarelas y retratos, un lugar vacío.

Por lo que corría con más ganas, perdiendo el resuello, con el corazón en la boca, sudando, ardiendo.

Cuando abrió la puerta, gritó. Pensaba que seguramente le asustaría. Que estaría allí, frente a la ventana, abocetando sobre el papel. Se daría la vuelta y le sonreiría algo extrañado.

Pero no estaba allí.

Vacío.

Silencioso.

Sólo él y su desesperación, falto de aire, con la gorra en la mano y los cabellos revueltos, el pecho exaltado.

_Hoshio…

El terror se apoderó de él. Miró alrededor. Sólo esos malditos cuadros. Los odió en aquel momento, hasta el punto de querer destrozarlos. ¿Por qué llenaban ellos el espacio cuando Hoshio no estaba?

En un par de zancadas llegó hasta la cocina. Dio varios pasos, respirando sonoramente, corrió las cortinas que separaban la cama del resto del lugar.

_ ¡Hoshio! ¿Qué te pasa? ¡No me asustes joder! ¡Hoshio!

Agachado junto a él, golpeó con cuidado las mejillas, palpó la frente, lo sacudió, llamándole repetidas veces, temblando.

Se inclinó para comprobar si respiraba. Estaba muy frío, su aliento era débil igual que su pulso.

_ Gracias a Dios…- dejó escapar como un suspiro alargado por la ansiedad.

Tenía que reanimarle cuanto antes, y llamar a una ambulancia…Con las manos trémulas, sujetó su barbilla e insufló varias veces aire contando los segundos en voz baja. Poco a poco, Hoshio comenzó a reaccionar. Se quejó débilmente.

_ ¿Hoshio? – preguntó esperando con ansiedad a que abriera los ojos.

Le tomó las manos. Helado. Estaba frío aún en medio de aquel caluroso ambiente.

Lo cogió en brazos y lo llevó a la cama, cubriéndolo con las sábanas. Frotó el pecho y los brazos, procurando calmarse.

Aquel deseado cuerpo, que hasta el momento sólo había podido acariciar con la mirada, estaba ahora a su disposición.

La vida más importante, el ser al que adoraba, la imagen y la palabra que daba sentido a todo…Se escapa, se desvanecía.

_Ni hablar… ¡No me dejes Hoshio! – lloraba de rabia, acariciando los cabellos, el rostro. Sus propias lágrimas lloraban en las mejillas de Hoshio, que comenzaba a recobrar la consciencia.

Esa es la voz de Raro…”

¿Raro?

Creyó que lo decía en voz alta. Le estaba mirando a los ojos. El moreno y despreocupado chico de siempre, el desconocido simpático escudriñaba en su interior a través de las niñas de los ojos, muerto de preocupación.

_ ¿Qué haces…?

_ ¿Qué? ¡Me has dado un susto de muerte! – le riñó arropándolo más, colgando las lágrimas de su roja nariz.

_ Perdona…No es nada…

_ ¡No digas que no es nada! ¡Joder!

_ ¿Por qué te enfadas? – a Hoshio le costaba hablar, tenía sueño. Se sentía muy bien allí, junto a Raro. Era cálido y agradable.

_ Preguntas cosas muy tontas a alguien que te ha dicho que le gustas…

Que le gusto…”

Sonrió para sí, cerrando los ojos. Aquel tipo era un tonto…Un loco. Mucho más que él.

En cierto modo resultaba divertido. Un loco encontraba a otro loco y los dos se volvían cuerdos. “Tengo que vivir…” se dijo antes de quedarse dormido.

Porque aún tengo que descubrir qué quieres…Y quién eres.”

Raro apoyó la cabeza sobre el hombro de un Hoshio durmiente. Aliviado, no soltó aquellas manos, ya cálidas.

El tacto, el abrazo, el olor…Quiero quedarme así hasta que despiertes.

                        * * *

_No sabía que estuvieras enfermo…

Observaba como se vestía aún sentado sobre la camilla de una estrecha habitación en la planta de urgencias del hospital.

Los armarios de metal aplastaban las viejas paredes en desorden, decoración perfecta para un lugar que apestaba a desinfectante y yodo.

_ Si no se me nota es que no lo estoy. Es sólo una mala jugada de la genética- añadió sonriendo- Como un sello personal.

Raro se quedó muy pensativo, jugando con los dedos gordos de las manos de forma inconsciente.

_ ¿Creías que si me lo decías dejaría de ir a verte?

Hoshio hubiera reído de buena gana a no ser por la seria expresión de Raro.

Es como un niño. Dice las cosas sin pensar, con la lógica más plana”

_ ¿Hubieras dejado de venir?

_ No. Ni aunque hubiera sido algo contagioso.

_ Mentiroso – rió sutilmente Hoshio, calzándose.

_Lo digo en serio.

Su mirada franca y su calmada compostura no cuadraban con aquella juvenil aura suya ni con sus ojos de niño travieso.

_Pues gracias –musitó, no sin cierta vergüenza.

Pero estaba aliviado.

Después de mucho tiempo solo, a la deriva en medio de una multitud que le despreciaba y le daba la espalda, que se le burlaba o le despreciaba, malinterpretaba y humillaba, alguien le estiraba de entre la barahúnda, cogiéndole de la mano, rescatándole de la humillación y del dolor de no ser querido.

Le aceptaba, le dirigía la palabra.

Le era sincero.

No le ponía las cosas difíciles.

De manera que junto a él, le era la vida apetecible. Todo dejaba de girar entorno a sí mismo para dar vueltas, zambullidos y aleteos por doquier. Especialmente por donde pisaba él. Podía ver el mundo a través de los ojos vivos color del aceite de oliva de aquel extraño: confortable, amigable, cálido extraño.

De vuelta a casa, hechas las analíticas y administrado suero durante cuarenta y ocho horas, Hoshio respiró la paz de aquel cuadradito en el que vivía, y al que le había tomado cariño por la fuerza de la costumbre.

El sol salía dorado, yema espesa sobre la nata de la niebla.

Era una de las mil vistas que le ofrecía aquella ventana suya.

Parpadeó, débil pero animado, sonriendo al nuevo día. A punto de decir algo importante, algo de lo que podía arrepentirse si lo seguía callando.

Pero él se le adelantó, robándole si no las palabras, el sentimiento.

_ Me dan ganas de abrazarte.

Abrió mucho los ojos, temeroso, conmovido, confuso, aturdidamente feliz.

Temblaba de emoción, el corazón le latía haciéndose eco en la garganta. Vibraban unas lágrimas en sus ojos.

Tragó saliva.

_ Adelante.

_ ¿Seguro? ¿No saldrás huyendo?

_ No – se dio la vuelta, quedando frente a él, con una expresión calma y agradecida, muy tierna.

Raro tenía miedo de romper el milagro: de que Hoshio se echara atrás. Era demasiado bueno para ser cierto.

_Si te abrazo, no podré contenerme…

_ ¿Quién te pide que te contengas?

Con aquellas palabras susurradas, se decidió a dar el paso, a caminar hacia Hoshio. Le rodeó con los brazos, calentándole con una presión tierna pero firme.

El tacto, la piel, la ropa caliente sobre la piel, el aroma de la piel… Las manos de Hoshio indecisas, detenidas en el aire.

Temblaba.

Su cara contra el pecho de él.

Sólo a base de miradas, Hoshio no se había percatado de que Raro era una cabeza más alto que él.

_Cógete a mi – le pidió su visitante quedo, gentilmente, al oído – No tengas miedo.

Hoshio levantó entonces las manos poco a poco, cerrando los ojos, abatido por la angustia y el temor a ser tocado y, al mismo tiempo, excitado por lo bien que se sentía.

Cuánto he ansiado esto…” Sin saberlo, había estado hambriento de un abrazo durante, probablemente toda su vida.

Se agarró a la camiseta y lanzó un suspiró pleno, agotado, ya libre de la tensión. Liberado.

Olía a él.

Le recordaba a algo…A menta, a una de esas colonias deportivas, a lata y sal dulce.

Hoshio no hizo ningún ruido, ningún sonido provino de su boca. Sólo dejó las lágrimas fluir pródigamente, en silencio.

El que hasta ahora había observado al solitario pintor, tenía los ojos cerrados.

Las manos tras la espalda de Hoshio, la respiración ora inquieta ora suspensa, el calor en la mejillas, la vida de aquellos segundos cautivados por la eternidad se aceleró, extasiándole.

No quería esperar más. En el siguiente fotograma, bajó la cabeza hasta alcanzar la boca trémula de Hoshio, entreabierta aún por los suspiros liberados. Con la lengua hizo paso entre los labios calientes. Se hundió en Hoshio como lluvia sobre el mar.

Ardían los vientres y los párpados.

Ojos cerrados.

Frente a un lienzo inacabado: un cuerpo joven abocetado con sanguinas.

Enmarcados ambos por la ventana sin cortinas, observadora de observadores.

Cayeron al suelo las camisetas, rozando los pies.

Rodilla contra muslo, agitación, temblor, gemido.

Raro

Desde mi cuerpo, abandonando los ojos al sueño.

Desde mis sueños y a través de tu cuerpo.

Mirarte no era suficiente. Y aún así, me conformé.

Pero ahora que te he dejado de mirar, ahora que puedo fundirme en ti sobre la cama, húmedos ombligos, costados y muslos; ahora que puedo besarte por todas partes, sin olvidar ni un solo centímetro de tu hermoso cuerpo…Ahora.

Ahora no me conformo con nada..

Me volví egoísta y avaro. Posesivo.

Quiero más y más.

Hoshio

Si todo comenzó simplemente mirándote, abocetando tu cuerpo, ¿por qué has cambiado mi vida de una forma tan radical?

Ya no puedo vivir sin ti. Sin que me toques.

No sólo te quiero a mis espaldas, sentado en aquella silla, mirándome.

Tu olor y tus manos, tus brazos y tu sonrisa. El cabello sobre mi pecho, la risa que en ti suena diferente, cálida y contagiosa. Cosas que no era capaz de aceptar antes de conocerte.

Son ahora lo que más necesito y ansío con una presión que me asusta.

¿Cómo es posible…?

Ya no puedo vivir sin ti.

Cómo has podido hacerme esto…

                                  * * *

_ ¿No me dirás tu nombre?

_ ¿Tanto te importa? (¿quieres gritarlo cuando llegas al orgasmo?) – añadió en un susurro, sonriendo con picardía.

Hoshio se puso rojo hasta las sienes; remugó algo avergonzado, ocultando la cara en la almohada.

Ambos estaban echados boca abajo, entre las sábanas revueltas, y jugueteaban pies con pies, como dos niños.

Definitivamente, eres muy raro…”

Hoshio sintió un cosquilleo cerca de la oreja. Él se había acercado dejando que sus cabellos le hicieran cosquillas a Hoshio en la mejilla.

Creyó que no lo sabría nunca, que no respondería. Le besaría, tal vez y volvería a reírse, feliz como un niño mimado.

El verano era la estación favorita de ambos.

Las cigarras cantaban y la nevera estaba llena de helado de limón y cervezas.

Boca abajo, muy juntos, en silencio.

Se inclinó y en un susurro, me dijo su nombre”

Hoshio le miró a los ojos, sonriendo. Por iniciativa propia le besó.

Era la primera vez que lo hacía: el tímido, el callado y sensible Hoshio.

 Me sonrió y repitió mi nombre. Creí que me moría. “Quiero hacerte el amor” le dije. Sé que fue poco romántico. Pero yo soy así. No sé cómo decirle con palabras lo que me pasa cuando estoy con él.

Ahora que es él quien dice mi nombre, abrazado a mí, tierno y caliente, me siento el más afortunado de los mortales.

Sí, ahora me he dado cuenta, porque lo pronuncias tú: mi nombre es el mejor.”

FIN

VOYEUR (1ª parte)

Estándar


Se preguntaba por qué la gente seguía sonriendo, siendo la vida tan triste.

Se podían derramar lágrimas hasta que los párpados enrojecieran, dolieran y escocieran. Tantas cosas perdidas, no logradas, tanta vergüenza y tantos esfuerzos en un trabajo presente que a nadie interesa.

Como las acuarelas que pintaba, día tras día, sentado cerca de una gran ventana sin cortinas.

Vivía sólo en un pequeño estudio en el centro de la ciudad más fea del mundo. Pero aún así, desde aquel sexto piso, podía ver cosas muy interesantes, bonitas y con muchos colores.

Hoshio tenía una enfermedad crónica, difícil de llevar (como todas las enfermedades crónicas), molesta (como todas las enfermedades crónicas).

Supuestamente el azar le había regalado el “ser un enfermo”.

No se veía como tal, a pesar de la gran cantidad de medicación que debía tomar cada día y de las dietas estrictas y constantes. Físicamente se veía bien, saludable. Tal vez un ligero atisbo de tristeza y soledad podía describir la luz de sus ojos negros.

Fue al cuarto de baño a por agua para sus pinceles. Evadió mirarse al espejo, como de costumbre. Pero era peor aquella tímida visión de soslayo que mirarse directamente y sin miedo. Porque la imagen borrosa y veloz del vidrio esquivado le parecía la misma horrenda versión de sí mismo años atrás, en los peores momentos de su enfermedad.

Odiaba los espejos y las fotografías. Incluso ahora que había recobrado su aspecto normal.

Volvió con sus pinceles, frente al lienzo, manchado con gracia y frescura de púrpuras y violetas, amarillos y grises.

Su alta figura esbelta parecía esconder unas magníficas alas de ángel.

Y a pesar de que yo se lo decía muy en serio, Hoshio replicaba que era imposible que él tuviera algo de ángel. Sin mirarme, añadía: “…pero sería bonito tener alas…”

Hoshio me gustaba. Iba a su casa cada día y me sentaba a verle pintar. Sus espaldas eran hermosas. Aún puedo visualizarlas.

Y puedo sentir las mismas ansias de levantarme y abrazarme a ellas.

Porque la mayor de las veces, me daba la sensación de que Hoshio estaba a punto de desaparecer. Tanto negaba su existencia y su valor que por momentos se volvía casi invisible. Se disolvían sus colores con el aire, igual que sus aguadas.

El día en que le abracé, ahogando un suspiro, aliviado por tan larga espera, él se quedó quieto y tenso.

_No vuelvas más.

Fue lo único que dijo. Con aquella voz de pluma de ave, de nube que acariciaba el alma.

Me resultó la frase más insufrible, triste y desgarradora jamás expresada.

Supongo que fui un cobarde, porque le hice caso.

Y no regresé.

                                                                                                          *  *  *

Hoshio, sentado en el suelo, se dio cuenta del vacío dejado por aquel visitante asiduo.

Del silencio y la gran cantidad de cuadros, la mayoría acuarelas, otros tantos óleos, también tintas y bocetos. Todo a su alrededor le miraba con la dolorosa quietud de la inexistencia.

El arte que nadie conocía. El arte no observado.

_Absurdo…Estúpido…Patético.

Echó la cabeza hacia atrás, apoyándola contra la fría pared pintada de blanco.

¿Por qué seguir pintando?

La última vez que salió de aquel su diminuto mundo, fue cuando su hermana pequeña se casó.

Pudo verse a sí mismo, en medio de la gente, como un poste añadido. Pero esa era una descripción injusta. Porque todos le querían. Todos le mimaban. No le dejaban sólo.

Lo único que no tenía, era una línea de vida como el resto.

No tenía amigos.

La enfermedad le obligó a quedarse atrás, mientras el mundo seguía girando. Miraba a su alrededor, vestido de etiqueta por vez primera, y no reconocía a nadie.

Los rostros de sus amigos eran infantiles y le sonreían desde el fondo de sus memorias. No sabía dónde estaban. Y nadie sabía dónde estaba él.

Nadie sabía quién era.

Cuando regresó al estudio, la luz del atardecer bañaba el ambiente con ternura vacilante.

Se quitó la chaqueta, se acercó a la ventana.

Nadie sabe que estoy aquí.

Nadie sabe que existo.

Nadie sabe qué estoy haciendo.

Nadie…

Las lágrimas cayeron gruesas sobre las mejillas, corriendo barbilla abajo.

Se las limpió deprisa con las manos. Sus manos, hacia muy poco, eran muy huesudas. Daban miedo.

Las miró bien. Con aquellas manos había pintado tanto…Y había enjugado muchas veces sus propias lágrimas.

No puedo dejar de pintar… ¿verdad?

_ Hoshio.

Sorprendido, se dio la vuelta.

_Has…vuelto.

_Claro.

_ ¿Por qué?

Se acercó a Hoshio con una sonrisa calma.

_ Porque sí.

_ ¿Qué razón es esa? – Hoshio tragó saliva, aún salados los labios por las lágrimas, los ojos rojos y brillantes.

_ Es razón suficiente.

El segundo abrazo.

Hoshio estaba quieto y cálido. Receptivo, tierno, generoso. Se aferró a mí.

Sólo hace falta que te reconozca una persona para existir.

Y para mí, Hoshio es la única persona que existe.

                                                                                          *   *   *

Continué observando las espaldas de Hoshio, que frente a la ventana abocetaba con soltura. No me interesaba tanto lo que dibujaba como él mismo. Me fascinaba ver la facilidad y rapidez con que trazaba, el movimiento de sus manos, y la seriedad hermosa de su mirada.

Yo me colgaba literalmente de la silla, puesta al revés, los codos sobre el filo superior del respaldo.

Y me quedaba en silencio, embelesado.

Aquel silencio compartido era para mí un preciado tesoro, algo que me apetecía siempre, que necesitaba y añoraba.

Aún así, estaba esperando el momento del tercer abrazo.

Porque el tacto de su cuerpo me había vuelto más impaciente y sucio, más pervertido.

Le deseaba físicamente.

Lo que al principio era un simple “gustar” se había transformado en un peligroso “desear”.

Y crecía a cada segundo de forma alarmante.

Masajeaba mis dedos, notaba mi frente sudada, se estrechaba mi garganta…

Hoshio dejó los lápices suspirando. Me sorprendió.

_Tengo sed… ¿Quieres tomar algo? Voy a por bebidas…

_ Ah…No te preocupes, ya voy yo. Estaba…pensando lo mismo.

Me levanté y apartando las cortinas de estampado hindú que separaban el estudio de la pequeña cocina, aproveché para respirar hondo, en silencio. En la nevera había refrescos de limón. Los preferidos de Hoshio, “Nada de alcohol…” Solía decir.

Cerró la puerta del mini refrigerador con el pie, ambas manos ocupadas con las latas y un par de vasos.

Podría haberle puesto a tono con un poco de alcohol…”

Apartó las cortinas.

Allí estaba él, sentado en un viejo sofá forrado con trozos de telas de colores. La mirada perdida, abatido, traslúcido. Era… un ser de otro mundo.

Cómo atreverse a ponerle las manos encima…Cómo no atreverse a probarlo, a poseerlo.

Qué contradicción…

Se dio cuenta de que al final, siempre acababa siendo un observador. Alguien que sólo podía mirar a Hoshio. Como si se tratara de una estrella distante. En el espacio y en el tiempo.

Ridículo…Está ahí mismo, a unos pocos pasos de mí…”

_ ¿Qué pasa?

Hoshio se había vuelto hacia él, fregando una mano contra la otra, un gesto muy suyo. “Probablemente tiene las manos heladas…” pensó, dando unos pasos y ofreciéndole una de las bebidas.

_ Perdona, estaba distraído… ¿Tienes…tienes las manos frías?

_ ¿Eh?

Hoshio bebía de la lata, mirándole distraído. “¿Por qué no puedo hacerlo? Tomar tus manos entre las mías, acariciarlas, calentarlas…Hoshio está a unos centímetros de mí. Pero yo sólo puedo mirarle”

_Te sueles fregar las manos, como si tuvieras frío…

_ Ah…Tal vez…– comenzó a explicar, tímido y con cierto pudor- tal vez sea una especie de tic- dudó unos segundos, dejando la lata entre los potes de acrílicos y agua coloreada- O algo así…

Su voz parecía perder fuerza a la par que terminaba la indecisa respuesta.

Su huésped sonrió. Realmente, era una persona especial, dulce, adorable.

Volvió a sentarse, dispuesto a seguir deleitándose con aquella visión que sólo él podía disfrutar.

Y el hecho de ser el único, el privilegiado que conocía el lugar en el que se ocultaba el ser más increíble y misterioso, sencillo y tierno, le hacía sentir entre nubes, afortunado y feliz.

Pero…Sólo podía mirarle…

                                                                                                      *   *   *

Aquel chico es bastante raro. Mucho más que yo, que ya es decir…

Viene todos los días, se sienta en esa silla y me mira.

Observa como dibujo, como pinto. Me pregunto si es uno de esos amantes del arte o si lo hace por puro aburrimiento.

¿Cuándo comenzó a venir?

Estoy tan acostumbrado a él, que me siento cómodo. A diferencia de con el resto de la gente.

Antes de conocerle, no permitía a nadie invadir mi espacio. Ni siquiera un poco. Porque simple y sinceramente, quiero estar solo.

No quiero ver a nadie, no quiero hablar con nadie.

Entonces, ¿por qué? Por qué tú no me molestas…

_ ¿Cómo te llamas?

_ No me gusta mi nombre, prefiero no decirlo.

_ Eres muy raro…

_ Lo sé- sonrió como si tal cosa.

_ Entonces, ¿cómo me dirijo a ti?

_ Ponme un nombre…Me harías muy feliz.

Hoshio rió ante tamaña sorprendente estupidez. Era de lo más extraño.

_ Eres muy raro – sonrió abiertamente, y su cara pareció iluminarse, abrirse al aire como una flor nueva. Su visitante quedó prendado de nuevo- Realmente raro…

_ Raro…Me gusta como suena.

_ ¿Cómo quieres que te llame así? – sonrió irónico.

_ ¿Por qué no? El mundo es un absurdo, todos hacen lo que quieren, todo parece normal. Y lo que a ellos les parece normal, a mi me parece ilógico. Falso e incomprensible.

Escuchándole, Hoshio se sintió aliviado. Porque eran aquellas, palabras que creía suyas. Un tabú que debía ocultar del resto del mundo. No quería ser humillado nunca más.

_ ¿Hoshio? –preguntó el observador desde su asiento habitual, preocupado por el silencio que guardaba aquel pensativo artista solitario.

Hoshio le miró bien. Sentado en aquella silla, con unos vaqueros gastados, y varias gomas del pelo en la muñeca, mandíbula marcada, ojos grandes e inquietos, cabello largo hasta la nuca, manos sanas y morenas…Era un muchacho peculiar, muy viril. La forma de sentarse, con las piernas muy abiertas, como si montara a caballo; la mirada algo agresiva, las pocas palabras, la honestidad…Hoshio podía sentir cómo atraía. A él, al Mundo, a la Vida, al Éxito. Todo lo contrario a lo que era él.

_Raro… ¿Por qué vienes aquí cada día?

_ Porque me gusta.

Siguió pintando. Pincelada tras pincelada, copiando lo que veía a través de los dedos de su corazón.

Miraba y era mirado.

Aquella situación se convirtió en la rutina de ambos.

Se tocaban con los ojos…Esperando que algún día se observaran con las manos.

                                                                                                               *  *  *

_ ¿No piensas ir al médico?

Su madre le riñó por enésima vez, mientras revisaba toda su ropa.

Hoshio disfrutaba viéndola ir de acá para allá, arreglando las cosas. O simplemente cambiándolas de sitio.

Limpiaba, fregaba los suelos y se empeñaba en poner orden también en su mesa de dibujo. Hasta que se daba por vencida, persuadida por las palabras de Hoshio: “Cocíname algo mamá”

_ No tengo ganas de ir, sabes que odio a los médicos.

_ Odiar, odiar…Gracias a ellos sigues vivo. Me tienes muy preocupada, ¿y si empeoras? No quiero ni pensar en verte otra vez como antes…No podría soportarlo…

Todo olía a sopa de pollo con hierbabuena. Hoshio no supo qué responderle. Porque si le decía la verdad, sabía que le sermonearía. Y la verdad era que no pensaba ir al médico. Si ella no quería pasar por lo mismo, él tampoco.

Su vida en el hospital, tratado como un pellejo, como algo inútil y repugnante…Aquella vida la quería olvidar. Y aún a sabiendas de que le sería imposible, su deseo de olvidar le daba una mínima satisfacción. Más que suficiente.

No podía escuchar ya las palabras que tanto daño le hicieron entonces, cuando los médicos no sabían qué enfermedad padecía, cuando le dijeron de plano, sin reparos: tú vas a morir.

No podía escucharlas pero seguían teniendo su propia fuerza intensa y aguda dentro de sí. Por eso evitaba el dolor odiando a los quienes las habían pronunciado. Alejándose del mundo en el que ellos reinaban. Obligándose con gusto a no verles.

Él.

El único que compartía su pequeño mundo oculto y seguro, pacífico y suave era el habitual visitante que había acabado por bautizar con un adjetivo de lo más estúpido.

_Hoshio, estás pálido – le dijo una tarde, sentado en su silla, con una camiseta sin mangas, los hombros morenos, sugestivos.

_ Ah… ¿sí?

_ Deberías descansar un poco…

_ Descansar…- Pareció que iba a bromear, pero sus ojos estaban algo apagados- ¿De qué?

_ De qué…- se extrañó el muchacho, alzando la barbilla, que hasta el momento había estado apoyando sobre los brazos, contra el respaldo de la silla puesta del revés- Siempre estás trabajando. Comparado contigo, yo soy el más grande de los gandules.

_ Si intentas animarme, déjalo…

Suspiró el visitante, frunciendo el ceño.

_ Nunca sé lo que estás pensando…Tampoco sé qué te preocupa. Por qué pintas, cual es tu plato favorito…

_ ¿Para qué quieres saber esas cosas?

_ Es normal. Me gustas.

Hoshio se quedó clavado en el sitio, casi a punto de dejar caer el pincel. Cuando reaccionó, tuvo miedo de darse la vuelta y enfrentarse a su mirada.

_ Raro… Definitivamente.

Le daba la espalda, completamente rojo por el sofoco.

E incapaz de dar ni una sola pincelada más.

                                                                                                      *  *  *

Hoshio parecía cansado. Pálido y más delgado, suspiraba constantemente. Se frotaba los ojos como un niño somnoliento.

Su visitante comenzaba a preocuparse: no en vano era quién más conocía su apariencia, pasando las horas analizando cada uno de sus mil gestos, algunos indescriptibles, apenas perceptibles. La debilitación de aquel cuerpo, semejante a un lirio inclinado, era cada día más patente.

Le preguntaba en vano: si se sentía bien, si dormía suficiente, si comía como debía…. Pero Hoshio era como una almeja. Contra más querías abrirla, con más fuerza se cerraba, escondiendo todo muy adentro, peligrosamente.

Porque quería ayudar a Hoshio, protegerle y mimarle. Pero las distancias entre ambos estaban muy bien marcadas y ninguno de los dos pasaba de ser un observador.

_ Me estaba preguntando…-comenzó a decir el huésped, mientras sorbía café de una pequeña taza cuadrangular- Si podría serte útil…Ser tu modelo.

_ ¿Qué…?

_ ¿Te sorprende tanto?

_ No…Bueno, un poco. No es algo que la gente quiera hacer.

_ Pues yo quiero…Debe de ser aburrido pintar siempre lo mismo.

_ Pues sí – rió Hoshio, alegre ante la honestidad del chico.

_ ¿Me harías un desnudo?

Hoshio enmudeció, y aunque no podía verle la cara – siempre enfrentada a la obra de arte – el visitante intuía que estaba ruborizado.

Hoshio no sabía cómo reaccionar, de la misma forma en que no supo cuando aquel chico, franco y desenfadado, le confesó que le gustaba.

Le gustaba y ahora le pedía que le dibujara…desnudo.

Se moría de vergüenza.

_ Perdona, era broma – el chico se levantó de la silla y dio dos pasos.

_ ¿Cómo me pongo?

Hoshio le miró de soslayo y en voz baja, tímidamente, le dijo que se pusiera cómodo:

_Como tú quieras…No importa.

_ Podrías aprovechar y ser más mandón – bromeó de nuevo.

_ Entonces…deja que te pida que no hables mientras hago el boceto…

Y Raro se mantuvo quieto y callado mientras yo dibujaba, con un pedazo de carboncillo, la mano aún temblando y el corazón aleteando dentro de mí como un pájaro encerrado.

Sólo habló una vez, para de nuevo quitarme las palabras de la boca:

_ Esta es la primera vez que nos miramos de frente, el uno al otro…

Sí. Porque hasta ahora, tú siempre me habías mirado desde ahí detrás. Y yo siempre te había percibido, desde aquí, detrás del papel. Detrás de la ventana. Detrás del mundo.

Ahora podía mirarte abiertamente, intentando no delatar con mi expresión cuánto me fascinas. Hasta que el genio mágico de mis dedos me hipnotizaron, como tú misma visión. Entonces ya no pensé en nada, sólo dibujé. Y cuando finalmente di el último trazo, tomé aire, satisfecho y te miré.

Me sonreías.

_ Te has debido cansar…Tendríamos que haber parado para que te estiraras un poco…-se justificaba limpiándose las manos en un trapo que tenía colgado en el caballete- Pero es que estaba absorto…

_ Yo también – le interrumpió, con ojos radiantes, confidentes- Me ha parecido un segundo…Es una lástima…

_ ¿Quieres ver…cómo ha quedado? No es muy bueno…- Hoshio evitaba encontrarse con los vivos ojos de azor de su asiduo visitante.

_ ¿Por qué te valoras tan poco? Eres increíblemente bueno…- Se acercó al dibujo: una boceto tan perfecto que parecía estar a punto de saltar del papel…Podía verse a sí mismo a través de los ojos de la persona a la que amaba.

_ Soy muy feliz…- dijo sin pensar, dejando a Hoshio estupefacto – ¿Puedo quedármelo?

_ Ah…nnn…claro…- titubeó Hoshio, experimentando un cosquilleo extraño en el estómago.

Fue entonces, cuando de repente Raro le tocó la cara. Dio un salto, apartándose, como un animal asustado.

_ Tienes un poco de carboncillo en la mejilla…también en la nariz…

_ ¡Ah! Sí, vaya…voy a lavarme…

Raro parecía triste. Me miró como si fuera a llorar. ¿Por qué me pongo a la defensiva? Debería haberme disculpado…”

Hoshio dejó que el agua corriera sobre su cara, inclinado bajo el grifo.

Estaba ardiendo, nervioso y desapacible.

Pero…aquella tarde, habiendo retratado a Raro, había logrado recuperar la ansiosa y satisfactoria pasión por el arte. Y su corazón se había sentido libre y sano por primera vez en mucho tiempo.

_ ¿Volverás a posar para mi?

_ ¿Tienes que preguntar? Será un placer.

Raro se fue aquella tarde con el gran rollo de papel bajo el brazo. Ni un atisbo de aquel triste tinte del rechazo al tacto. Sonriente y lleno de luz.

Cuando sales por esa puerta, desaparece la luz de mi vida…

Bajé las escaleras de tres en tres, con mi preciado retrato bajo el brazo y unas ganas locas gritar, reír, correr.

Y al pisar la calle, me di cuenta de que, cuando salgo y cierro tras de mí aquella puerta, desaparece la luz de mi vida…

                                                                                                  *  *  *

Raro jugaba con el móvil, está vez sentado en el suelo, los pies descalzos. La tarde era terriblemente calurosa, el cielo estaba pálido y una calma pesada tornaba letárgico al mundo. Inanimado y animado, todo era como un teatro de títeres abandonado.

En el patio de al lado, entre las malas hierbas, las chicharras cantaban con sus desafinadas alas.

Hoshio se sentía mal. Nauseabundo, mareado…Había perdido el apetito. Sólo le apetecía beber.

A su visitante le costaba apartar la mirada de los labios de Hoshio, de los que resbalaba el agua fresca, mientras tragaba de la botella de plástico con avidez.

Las gotas de agua corrían por la piel, pura, del color de la pulpa del albaricoque, mojándole el largo cuello.

El agua debe de colarse ahora mismo por debajo de la camiseta, pasando por el pecho, hasta el ombligo…y más abajo”

_ ¿Qué pasa? – preguntó Hoshio, extrañado ante la expresión de su huésped, totalmente nueva.

_ Ah…Nada…

Por supuesto, aquella expresión que había visto en Raro no era otra que la del deseo.

_ ¿Puedo hacerte una foto? – le pidió sacudiendo sutilmente su móvil.

_ ¿Eh…? Una foto…- sonrió, siguiendo con el proyecto que tenía entre manos- No me gustan las fotografías…Hace siglos que no me hago ninguna.

Coloreaba las zonas de piel del retrato de Raro, mientras recordaba las fotografías de su viejo yo, el de hacía apenas unos años, seco como una caña, cadavérico y triste.

_ Por favor…Hoshio.

Le sonreía con cara de pillo. Después de todo era un astuto buen chico. Eso pensaba Hoshio.

Asintió con la cabeza, un tanto avergonzado.

Raro le tomó fotografías, hasta que Hoshio comenzó a perder la compostura, a reírse. Se divertía.

_ Hagamos una juntos – resolvió Raro poniéndole el brazo alrededor de los hombros.

Hoshio se acaloró, tan apretado contra el cuerpo de Raro, que sujetaba el móvil delante de sus caras.

No se atrevía a decir nada, estaba muy nervioso. Y aunque le daba vergüenza estar tan pegado a Raro, en el fondo, no quería separarse de él. La calidez de aquel cuerpo fuerte y vibrante, inquieto, hacía que su cuerpo reaccionara como a una caricia deliciosa.

_ Ha quedado perfecta – anunció Raro mostrándosela.

_ Ah…

_ Por supuesto Hoshio está genial…

_ ¿Qué dices? Siempre salgo fatal…

Bajó la cabeza.

_ Esto…Tu brazo…

Raro no le soltaba. Hoshio comenzó a ponerse muy nervioso…Se estaba asustando.

Pero al poco le soltó, silencioso, guardándose el móvil en el bolsillo trasero del pantalón.

Aún no puedo tocarle…”

_ Esta foto, será mi tesoro. Mi amuleto – le dijo sentándose de nuevo.

_ Siempre me haces sentir incómodo.

Se hizo un ligero silencio.

Raro se estaba perdiendo, le ardía algo semejante a la furia.

_ ¿Por qué? – preguntó secamente.

_ Estás enfadado…

_ No lo estoy.

_ ¡Lo estás! – Hoshio tenía los ojos aguosos y le temblaban las manos, manchadas de verde y ocre.

Así, enfrentados, tensos y a punto de estallar. Así fue como otra faceta de los dos nació en el pequeño estudio.

Frustración.

Incomprensión.

Confusión.

Raro se levantó, apretando los dientes, cogió sus sandalias del rincón y salió, sin decir ni una palabra.

Hoshio respiró hondamente, arrodillándose de golpe, sin respiración. Lloró como solía hacer antes, cuando la enfermedad le corroía y desesperaba.

Otra vez solo…Soy un idiota…Un maldito imbécil que lo estropea todo…”

Se quedó llorando en medio de su centenar de obras, sobre el suelo cubierto con papel de periódico, con miedo a levantar la vista y encontrarse con aquella silla sin su raro observador.

                                                                                                                    *  *  *

Glosario:

Voyeur: mirón.

Hoshio 星追 ほしお el que persigue a una estrella (de nuevo inventando nombres, aunque quizás exista, no sé si será con estos kanji que escojí para mi personaje ^^)

LA AVENIDA DE LOS TRES IDIOTAS capítulo 3 FINAL (+18 años)

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CORBAN, JARA Y SAMUEL

Jara entró brusca, haciendo que la puerta golpeara las perchas de hierro que colgaban detrás.

_ Samuel.

No gritó pero el tono resultó más hiriente que si hubiera gritado.

Estaba furiosa. O más bien dolida. Samuel conocía bien a su hermana. Era una de esas personas que se hacen las fuertes cuando en realidad, no lo son. Reconocía aquella expresión: estaba al borde del llanto, pero no lloraría.

Llevaba, como siempre al llegar a casa, los zapatos en la mano, colgando de las tiras que solía atarse a los tobillos.

Femenina, hermosa, caprichosa, tierna, temperamental… ¿Cómo no sentirse frustrada? Él, que era un hombre, se había acostado con su novio.

Aunque Samuel no podía arrepentirse. Y volvería a hacerlo, sin importarle cuánto sufriera su hermana.

Jara respiraba cada vez con más dificultad, los ojos ardían, los labios temblaban.

Aquel Samuel conforme y dispuesto, le enfurecía.

_ ¡Maldita sea!- gritó lanzándole los zapatos con todas sus fuerzas.

Samuel escudó su rostro con ambos brazos, instintivamente.

Los tacones golpearon el hombro y una de sus manos, rebotando después, estampándose contra la estantería. Un par de libros cayeron boca abajo, dobladas las hojas como una baraja de cartas.

_ Lárgate de mi casa… ¡No quiero ver tu cara en mi vida! – tomó aire, el silencio de Samuel dolía- ¡Que te largues de una vez!

Ahora era Samuel quien quería llorar.

Al poner los pies en el suelo, dejando la cama revuelta a su espalda, vio las tapas de los libros caídos.

Eran libros infantiles, aquellos que solían leer juntos hacía apenas una década.

Algo tan tonto como un par de libros, hizo que un millón de sensaciones y recuerdos, revivieran en la mente de Samuel.

Jara siguió la mirada de Samuel, vio los libros, apretó los puños y dio media vuelta.

_ Voy a dar un paseo…Cuando vuelva no quiero verte aquí.

Samuel se quedó de pie junto a los libros hasta que escuchó la puerta de la calle cerrarse de un fuerte golpe.

* * *

Samuel se pasó la tarde caminando junto a la playa, en aquella larga avenida de grecas rosadas y beiges, de altísimas palmeras.

Sandalias y pantalones de bajos gastados, el cuello tostado por el sol y las manos en los bolsillos.

No tenía a dónde ir.

Era un hecho y no una de sus intuiciones, que de niño profetizaba medio en broma, dejando estupefactos a los mayores.

_ De mayor creo que seré indigente.

_ ¿Qué dices niño?

Se reían y todo quedaba en nada.

Recordando aquellas palabras, aquel Samuel pequeño, siempre pegado a su hermana, poco hablador, pero risueño…Le dio por sonreír tristemente, sin importarle cómo le miraba la gente al cruzarse con él. ¿Se acordaría Jara de sus predicciones infantiles?

Samuel estuvo mirando como anochecía, el viento se levantó, la piel se le enfrió.

No había casi nadie en las calles. Pensando, se le habían ido las horas. Y como tenía la costumbre de no llevar reloj, no tenía ni idea de en qué hora estaba.

Ni siquiera podía mirar a las estrellas: estaba muy nublado.

Sentado en uno de los bancos de piedra que miraban al mar, fijó sus ojos doloridos, frotados y secos, en el solitario, inmenso, terrorífico océano.

“¿Te da miedo el mar?” le preguntaba Jara cuando eran niños.

“Sí…Pero me gusta mucho. Es raro ¿verdad?” le respondía él.

“No es raro: lo que amas, lo que admiras, lo que deseas, suele asustar”

Nunca había entendido aquellas palabras.

Hasta ahora.

Hasta que Corban apareció, tomando el corazón de ambos, transformándolo todo.

Podía entender lo mucho que Corban se parecía al mar. Era un terrorífico, indescifrable, fuerte dios de pensamientos ocultos, como lo son las aguas más profundas, los abismos…

Le atraía y quería caminar hacia él, tocarle y ser tocado, a sabiendas de que aquello significaría su perdición.

Grandes gotas de lluvia cayeron aquí y allá: clap clap clap…Cada vez más fuerte, más deprisa, más espeso y violento el aguacero.

Samuel caminó sin prisas, dejando que la lluvia le empapara. Ya le importaba todo muy poco.

Los pies bailaban dentro de las sandalias. Resbaló y cayó sobre los codos en la empapada acera desierta.

_ Qué gilipollas…No sé si hay alguien más patético…- dijo en voz alta, arropada la voz por el rugido amable de las lluvias.

En la oscuridad, escuchó el sonido de unos pasos. Levantó la cara, llena de rasguños.

Corban, la cabeza cubierta con la capucha de la sudadera, las manos en los bolsillos, le miraba seriamente, casi inexpresivo. “O tal vez soy yo, que no acierto a ver con claridad…”

Samuel estaba calado hasta los huesos. No le dolía nada, pero notaba cómo se le entumecían los dedos de las manos y de los pies.

“Más patético imposible…” Intentó levantarse, chorreando, los cabellos pegados a la cara y los labios goteando agua de cielo.

La mano de Corban le sorprendió.

Se había inclinado, acariciándole la mejilla:

_ Qué piel más fría…

Samuel, a medio incorporar, se quedó inmóvil, en trance, con los ojos muy abiertos, mirando aquellos labios de los que siempre surgían palabras que terminaban confundiéndole.

_ Aún recuerdo lo caliente que estaba tu cuerpo aquella noche…

Le cogió del brazo y lo levantó.

Samuel suspiró, enjugando su cara en vano, con el brazo desnudo. Había salido en camiseta de manga corta y sandalias, sin un duro, sin bolsa ni pertenencias.

_ ¿Con las manos vacías?

_ Sí…Es que no necesito nada.

_ A no ser que te consideres muerto.

_ Podría ser.

Corban apartó los cabellos de la frente de Samuel. Estaba extraño. Aquella noche Corban parecía otra persona.

Como el cambiante mar, mostraba mil facetas.

_ ¿No preferirías…considerarte vivo por mí?

_ Y porqué iba a hacerlo por ti… -susurró levantando la mano lentamente hasta tocar los dedos de Corban.

_ Porque yo siempre consigo lo que quiero. Porque me da la gana.

_ Eres un egoísta.

_ Todos deberíais serlo.

Samuel temblaba, aunque no se daba cuenta. Sólo tenía ojos para Corban y su sensual voz, viril y deliciosamente adictiva.

Corban le atrajo hacia sí con un gesto ágil, tomándolo por la cintura.

Lo apretó contra sí, mirándole a los ojos, honesto:

_ Acuéstate conmigo, te calentaré…

_ ¿No tengo alternativa?

_ No la tienes…

Le besó, tomándose su tiempo, despacio al principio, apasionado, determinado, caliente al final, perdiendo los dos el ritmo de la respiración, debajo de la lluvia que ya cesaba.

_ ¡Eh! ¡Esos dos idiotas de ahí!

Jara les observaba a pocos metros, los brazos cruzados, el cabello mojado, muy rizado, echado hacia atrás.

Se acercó, con paso decidido.

Corban y Samuel estaban más que sorprendidos: no podían reaccionar. Aquello no se lo esperaban.

Corban la miró expectante y Samuel se pasó la mano por el pelo empapado, nervioso.

_ Dios los cría y ellos se juntan…- les dijo, los labios frambuesa y los ojos negros febriles, como salpicados por la lluvia apenas caída.

Alargó las manos, blancas, de largos dedos de pianista, sin anillos.

Tomó el brazo de uno y del otro y estiró de ellos.

_ Tres idiotas sin remedio… ¿serán menos idiotas si se juntan?

Corban la miraba con cierto orgullo, sonriendo pícaramente.

Samuel se agarró bien a la mano cálida de su hermana.

_ ¿Hacemos un trío? – le preguntó Corban.

_ Vete a la mierda, cerdo…Me has hecho una putada, págame unas copas…al menos.

Jara se puso en el medio de los dos y comenzó a caminar obligándoles a seguir su paso.

Faltaban todavía tres horas para el amanecer.

Aquellos tres idiotas desaparecieron avenida arriba: empapados, de manos vacías, pisando sobre los charcos.

Probablemente no lo sabía ninguno de los tres, ni lo creerían si se lo dijéramos. Que la historia que habían comenzado a escribir juntos, era una historia de amor.

EPÍLOGO

LA VOZ

Jara y Samuel convivían, pero la barrera entre ambos era impenetrable, irrompible.

Samuel iba y venía, a las clases, a la playa, a los pubs…Ella iba y venía, al trabajo, a la comprar, a los pubs.

Locales de música alta, humo y calor: la noche de verano en una ciudad de playa.

Los hermanos se cruzaban como se cruzan dos desconocidos. Jara seguía recordando la escena del instituto, a pesar de los años pasados. Era como si hubieran pasado apenas dos horas.

Una imagen vívida, un reflejo pertinaz en la niña de sus ojos.

Una madrugada de domingo Jara y Samuel llegaron al apartamento a la vez.

Subieron juntos en el ascensor.

Jara se miraba los dedos de los pies, incómoda.

Samuel se frotó los ojos y suspiró.

_ Me muero de sueño.

Jara le miró, recelosa. Podía ver en sus rasgos al hermano que tanto había admirado y querido. Por unos segundos, su ser volvió diez años atrás y con ella, la figura de su hermano de quince años.

La forma de llevar los pantalones, en la cadera, y las sandalias gastadas, le recordaron al Samuel de los veranos. Casi sonrió.

_ ¿Tú no tienes sueño? – le preguntó a Jara, con los ojos medio cerrados, enrojecidos.

_ Claro…Me voy a pasar el día durmiendo.

_ Pero primero desayunamos.

El ascensor dio una sacudida y se detuvo.

Entraron en el apartamento.

La luz lo invadía todo, los muebles blancos les daban la bienvenida, el olor a pan de molde y café adornaba la pequeña cocina. Lo último que habían comido la tarde anterior.

Así que…Las tensiones se rompen a pesar de los traumas, si se trataba de hermanos….” – pensó Jara dejando el bolso sobre el sofá.

Se tomaron el café juntos y Samuel se llevó la bolsa de magdalenas a la habitación, deshaciéndose de las sandalias mientras iba caminando, haciendo zigzag, somnoliento.

Jara se quedó un rato más, sentada en el alto taburete, mirando al vacío.

De repente, escuchó la puerta del ascensor y el tintineo de unas llaves.

El dueño de la voz” estaba allí.

Hablaba probablemente con alguien por el teléfono móvil.

Jara se levantó decidida.

No iba a quedarse toda la vida dudando, huyendo de aquella persona…Después de todo le atraía, aunque solo fuera una voz.

Abrió la puerta y la cerró tras de sí, dejando a Samuel durmiendo en su cuarto.

En el rellano de la escalera se encontró cara a cara con él.

_ Hace tiempo que escucho tu voz…Me gusta – le dijo Jara con una sonrisa.

_ Gracias…

_ ¿Tiene nombre…tu voz?

Él rió, divertido. Tenía un aire de impertinente, de vividor.

_ Corban…Corban es mi nombre.

Se acercó a ella, inclinándose lentamente.

Le besó muy cerca de los labios, en la comisura derecha.

Olía a mar, a olas y a arena.

Intimidaba, asustaba, ocultaba…Como las aguas de los océanos.

Como los mares de las sirenas, despertaba grandes deseos y alimentaba pasiones.

Jara creyó ver en aquellos ojos oscuros, el mismísimo rostro de la traición.

Pero se dejó llevar…Encantada por la voz de las náyades.

FIN

Yrene Yuhmi

2007 Junio