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Aniponada cumpleañera

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Un año más…no pensé que llegara a cumplirlos: la esperanza de vida en la fibrosis quística ronda ahora en los 40 años. No lo pienso demasiado, simplemente vivo.

Yo quería nacer el 25 de diciembre pero me adelanté quizás porque ya desde el vientre de mi madre, me sentía unida a Japón y quería celebrar muchas cosas con este mi querido país de los sueños…así que nací el día Nacional de Japón, como un regalito De Dios y Buda para compensar la jugarreta genética.

Para mí, mi cumpleaños dura casi todas las fiestas, desde el día de la lotería del gordo, hasta Año Nuevo y Día de Reyes. Lo vivo con la misma emoción que cuando era niña.

Es como si todo el cosmos estuviera rumiando sorpresas para deleitarme: un cosmos de amig@s que se confabulan para celebrar que nací, ¡a pesar de los pesares! Es de agradecer infinitamente 感謝(〃ω〃)

 

No me importa cumplir años, me importa no cumplirlos.
Me acuerdo de los amig@s que no han podido cumplirlos conmigo, con sus familias, por culpa de la fibrosis quística.

Con mi amiga Lezly Hodge, de Oklahoma, hablamos un día sobre un sueño (un sueño que tiene que ver con los cumpleaños y la familia, un sueño pequeño que creemos muy fácil de cumplir)

_We will get to be grandmothers for sure!
_Yes! We must believe!

Llegar a ser abuelas, así de fácil, así de poco apetecible para la gente de HOY que solo piensa en rejuvenecer, en no tener arrugas, en cumplir siempre los veinte…

Lezly no cumplió los 22.
No cumplirá los 40 como yo. Pero me he comprometido a vivir por ella todo lo que vivo, sencillo o impresionante, emocionante o aburrido. Vivir por todos los que se fueron y cumplir los años con ellos y por ellos.

Cumplir años y perseguir sueños, cumplir sueños y perseguir años.

歳をとると夢が叶える、夢をとると歳が叶える!

Con la gente a la quiero y admiro, mi familia, mis amigos y los genias y genios que llenan mi vida de ilusión, mis ídolos.

Gracias por la vida, gracias por las sonrisas, gracias por las risas, gracias por los deseos.
Os devolveré todo con mucha más vida, muchas más sonrisas, risas y deseos.

Que esa música de la vida se haga bucle y karma, y todo sea un toma y daca de dibujar sonrisas, y recordar a las personas que un día, nos regalaron tantas como ahora podemos sembrar.

Perdonad el batiburrillo de sentimientos y palabras, no sé si será la fiebre, pero bueno, escrito queda.

Muchas arigatou a tod@s!
Yrene Yuhmi

BDAY VIDEO PART 2 💫🎂💫

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Otoños pensativos

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Dibujado con el dedo

 

Pasan los minutos, las horas, los días…y todo sigue igual.
Cada día pienso, “hoy me he encontraré mejor” “hoy volveré a escribir…dibujaré como antes, ¡a cientos!”
Hoy seré la que era…

¡Qué estúpida!

Cómo cambiar un destino ya escrito…una enfermedad que nadie espera, que viene con los genes y que ocupa tu vida convirtiéndola en un desierto infinito.
Me levanto como si tuviera plomo en vez de sangre.
En el baño, me cepillo los cabellos, muy negros, algunos de los cuales caen en la pica del lavabo. Mientras, en el espejo me devuelve la mirada una mujer de edad indefinida, ojerosa, de piel marchita.
Todavía queda un poco del brillo de los sueños que tuvo en su niñez, y La Niña que reía y jugaba con energía, todavía se asoma tímidamente desde el fondo de las pupilas de color noche.

Es fácil lanzar al mundo maravillosas frases de autoayuda…a mí leerlas me pone de los nervios. Puede que esté siendo pesimista, pero es que ya lo hago todo, todos los días: sonreír, aunque llore por dentro; disfrutar de lo que tengo, con todas mis fuerzas, porque es un tesoro que no debo malgastar; aferrarme a lo positivo, para no dejarme vencer; apoyarme en la amistad, disfrutar de la familia, no dejarme vencer por la adversidad…en fin, si tenéis redes sociales, tendréis muchas frases, vídeos, imágenes…que os recuerden todo este batiburrillo de sabiduría popular y literaria que parece ser descubierto por primera vez gracias a Facebook y los memes.

Las ganas de vomitar no me dejan seguir mucho más…quiero dibujar, quiero escribir, quiero viajar…quiero obviar lo que no puede obviarse, lo que es parte de mi: está enfermedad de la que no tengo derecho a quejarme.

Mi brazo derecho no responde.

Será el esguince del cuello, el que me hice cuando iba a la universidad.
O la caída de cabello en el 2000…No lo saben los médicos, ¿lo voy a saber yo?
Ser positivo no es tan difícil: basta con sonreír y buscar cosas chiquitas que te gusten mucho, que te hagan sentirte viva.
Lo que vaya por dentro, enfermedad del alma o del cuerpo, eso se puede ocultar…menos a quien te cuida, claro…
Si no fuera por mi madre, ¿que sería de mí?
Me lo pregunto siempre, porque es mi mayor miedo el no tenerla a mi lado…no porque me cuide, si no porque ella es mi todo, la razón de mi existencia. Quien borra mi soledad.
No puedo más…
Mañana será otro día, si Dios quiere…

 
Y pasa otro día, y leyendo lo que escribí ayer, hasta me sonrío.
Hoy he tenido día pancreático: lo llamo así cuando tengo tantas nauseas que comer es un suplicio, y tengo que ir tanto al baño que tendría que instalarme completamente allí.

No vomito nunca, así que las nauseas son como un nudo de comida en la garganta y un mareo general muy difícil de explicar. Si supiera qué es una resaca, la compararía, pero solo me imagino que pueden ser síntomas parecidos por lo que he visto en las películas y las series de televisión.

Siempre lo pienso: no comprendo por qué la gente sana quiere ponerse enferma, cuando yo y tantos como yo, estando enfermos soñamos con vivir sanos.

¡Este mundo es una constante contradicción!
Las contradicciones son la base de la mente humana. Y quizás la parte que nos hace crear, que nos hace artistas, teniendo en cuenta que nuestras mentes también son pura contradicción.

No hay blancos y negros, ni siquiera colores. Hay mil tonalidades, luces, sabores, olores, texturas…y muchas veces se superponen.
Qué contrariedad de mundo, y de vida, pero que bello es la más de las veces, contrariar.
Yrene Yuhmi 2016 octubre, noches extrañas.

 

Confesiones por email “Así nació Yrene Yuhmi”

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Confesiones por email “Así nació Yrene Yuhmi”

Hola amig@ ¿cómo estás?
He estado pensando mucho estos días, y no me atrevía a escribirte…todavía me vienen a la mente muy malos recuerdos de cuando no sabía lo que padecía, y la angustia es muy fuerte con esos recuerdos. Esto es en mi caso, que es distinto, aunque cada caso es único porque hay muchos tipos de mutaciones de la FQ, y eso hace que cada paciente sea distinto. A grandes rasgos, la FQ es genética, produce una degeneración del cuerpo entero, porque afecta a nivel celular. Puedes encontrar mucha información en intentes en la página de la federación española de la FQ o en la misma Wikipedia!
Pero para ir al grano, y a grandes rasgos, se diagnostica al nacer, y afecta a los pulmones en gran manera, y al aparato digestivo, páncreas, hígado, aparato genital, piel, musculatura, huesos…En la FQ, se hace mucho más moco o más excreción, en todos los órganos, por ejemplo, nuestro sudor es muy salado, por eso cuando se habla de la FQ escuchamos la expresión “besos salados” ^_^),, perdemos mucha sal, por lo que necesitamos una suplencia sobretodo en verano. El páncreas no produce enzimas, y a veces, por desgracia, tampoco insulina (ni función endocrina ni tampoco exocrina) por lo que se padece diabetes además. También se cansa el hígado y pueden alterarse las transaminasas, el flujo genital es constante, mucoso, en los hombres hay una gran probabilidad de ser estéril…la mala absorción hace que perdamos muchos quilos con gran facilidad, y esto es un problema sobretodo en época de crecimiento, por eso es importante que se diagnostique de inmediato. Hace unos años se añadió la prueba de la FQ en las demás que se hacen en la planta del pie del bebé. Pero yo nací en el 76! Y sea por lo que sea, no se me vio. Era un bebé sano, por lo que me cuenta mi madre tuve unos episodios de estar muy delgadita, a los cinco años, y después a los 13, empecé con unas diarreas constates. Dijeron que era intolerancia a la lactosa (en FQ se puede dar celiaquía e intolerancias por los problemas digestivos, son secundarios a la enfermedad)
Mi madre peleó mucho por saber por qué estaba siempre enferma, perdiendo peso, con diarreas, indigestiones siempre, náuseas pero sin vomitar nunca, un estado de empacho eterno…muchos años de lucha, yendo a distintos médicos, hospitales…Tarragona y Barcelona…hasta que un médico de alergias alimentarias pediatra, en Barcelona, el doctor Jaume Botey y Sala, muy mayor, sabio, de constitución grande y fuerte, y totalmente imparcial, me pidió la prueba del sudor, y dio positivo. Tenía FQ, y solo se saber qué padecía, a pesar de ser una enfermedad incurable y mortal, nos hizo a toda la familia respirar tranquila…
Lo malo fue la etapa de búsqueda, que muchos médicos creían que tenía anorexia (los 90 fueron los años de concienciación y extension de lo que parecía ser esta enfermedad) y a pesar de que todos los psiquiatras y profesionales descartaron por completo que la padeciera, un par de ellos no querían dar su brazo a torcer.
En el año 2001 tuve que ingresar por caquexia, pesaba solo 30 quilos para mí desesperación ( no me reconocía, me dolía mirarme al espejo, no salía apenas porque asustaba con mi aspecto, o la gente cuchicheaba sin disimulo, hasta el punto de hacer llorar a mi hermana pequeña, en un Stradivarius, lo recuerdo porque casi nunca podíamos salir, y ella tenía 13 o 14 años, la edad de ir con su hermana de compras y disfrutar de esos lazos y esa edad…)
Por mucho que intentara coger peso, iba en picado. Primero pensaron que era una enfermedad inmuno del hígado, pero no fue así. En Barcelona, la jefa de planta, peso gordo del hospital Vall d’Hebrón, era la digestóloga que me llevaba. No le gustó nada que el doctor Botey me diera la diagnosis, parecía siempre enfadada conmigo y con mi madre.
Un día, hastiada con mi caso, me dijo que si seguía así ella no podía hacer nada. “Yo tampoco quiero seguir así, por eso estoy aquí, tiene que ayudarme” ella dijo que había más médicos en España, y nos hecho de la consulta a las dos.
“Si usted no me salva ya me salvará Dios” le dije llorando.
Y ella gritó asqueada, “pues que te salvé Dios!”
Yo salí llorando y corrí hacia no sé dónde en la planta de digestivo, y mi madre sin saber si seguirme a mí, o continuar intentando hablar con la doctora, al final fuera de la consulta, sin más esperanza, le vino la regla de golpe, era una considerable hemorragia.

Una vez en Tortosa, me ingresaron en una clínica, y allí me pusieron un drum, no sé si se llama así, pero era un tubo que iba desde la máquina de alimentación intravenosa, hasta el corazón, desde el revés del codo.
En aquella clínica no podían tratar la FQ, así que me mandaron a Vall d,hebrón con la condición de no tener que ver a la doctora en cuestión. Se estableció el trato y nos llevaron en ambulancia.
Nada más llegar, una médico y unos diez Residentes entraron, examinaron todas mis pertenencias, me trataron como a alguien despreciable…y empezó mi pesadilla.
La jefa de planta sí apareció, rompieron el trato.
El verano de 2001 fue la estación más eterna y terrible de nuestras vidas.
Nos hicieron pruebas psicológicas a las dos, mi madre no tenía por qué pasar por eso pero, en fin, yo tampoco…en vez de tratarme para la FQ, buscaban con desesperación que tuviera un trastorno alimenticio. Los psiquiatras y psicólogos continuaban sosteniendo que no era así, que estaba deprimida por mi estado físico y por estar siempre enferma.
Me llevaron a la zona de Psiquiatría más dura, padiopsiquiatria, y nos interrogaron a las dos, en habitaciones separadas, durante unas buenas horas.
Ya había pasado por interrogaciones duras en Tortosa. Era como si yo tuviera la culpa de lo que me pasaba.
En padiopsiquiatria, la doctora, una eminencia por lo visto, determinó que no tenía anorexia ni nada parecido.
De todas formas la doctora digestóloga no quería escucharlo.
Venía a la habitación a las once más o menos, con un manojo de residentes.
Un día recuerdo que me cogió el brazo y lo apretó fuerte:
“Veis esto? No tiene masa muscular, como no come, su cuerpo no tiene grasa alguna”
“Perdona, pero yo sí que como” le dije, y les miré, tratando de encontrar en alguien una ayuda, a alguien que me creyera.
“Dejadla, está loca”

Está loca…cosas como esas me hacían tragarme el lloro cada día, viendo que no mejoraba nada. Me pasaron a una habitación especial, en la que antes había estado un señor mayor que había perdido el juicio. Cuando me gané poco a poco la confianza de las enfermeras, una de ellas me dijo que había un micrófono allí y nos avisó a mi madre y a mí de aquello…entonces vimos que la cosa estaba muy fea, y yo comprendí que nunca me curaría, no en aquella habitación… Las enfermas que conocía en la planta apenas comían, y tenían el aparato de alimentación intravenosa a más nivel que yo, por lo que ganaban peso rápido y salieron del hospital en breve.
El trato era muy distinto además.
Pedí el alta voluntaria a mediados de septiembre. Quería volver a casa, no quería morir allí, si eso iba a pasar, prefirió estar en mi casa.
La lucha hasta principios de primavera del año siguiente fue extraña, porque me sentía llena de ganas de vivir y salir de aquello, y poco a poco fui cogiendo peso hacia marzo del 2002, estaba hinchada, mi barriga era como un barril, me dolía la piel, había mucho líquido en mi interior. No se sabe la razón, los médicos no me lo dijeron.
La cuestión fue que hacía mayo junio, estaba muy recuperada. Fue lo que se dice un milagro (aunque sé que no se cree en ellos normalmente, yo sentí que sí lo era)

¿Por qué pasó esto? No lo sabemos. Fue todo muy raro…mi madre movió muchos papeles para poder pedir justicia pero no fue escuchada. El doctor Botey avisó a mis padres, “No se les ocurra ir contra ellos sin un buen abogado, solos no lograrán nada”
La angustia y el miedo, la agorafobia, fobia social, miedo a la batas blancas y a los hospitales, pánico más bien…todo eso es lo que me queda de aquellos años.
Más osteopenia por falta de calcio durante los años de crecimiento, por falta de absorción y otros problemillas.

Mis pulmones están muy bien, a un 95 por cierto, como cualquier persona sana, pero mi páncreas no funciona nada, insuficiencia pancreática severa. Tomo enzimas en cada comida, por tonta que sea ^^,, un plátano o una manzana, o un yogur…
Siempre lo llevo encima.
Por lo demás tengo flema, dolor de anginas crónico, febrícula, agotamiento, dolor de huesos y músculos, náuseas y malas digestiones…^^,, ¡Diarreas! ejemm… ¡No es nada agradable! Pero estoy viva y he podido hacer tantas cosas desde el 2002…

He podido seguir dibujando, he estudiado Japonés, que me encant ^_^)v  Mis hermanos me llevaron a Japón en el 2012, (¡perdí muchos quilos pero valió la pena!) y he aprendido sobre networking (no cogí un ordenador hasta el 2003) y así, he llegado a conocer a grandes amig@s y gente estupenda, como tú, que ahora me lees ^_-)

Estarás pensando: ¡madre mía que dramón ha escrito aquí! 0.0),,,, ¡perdona!No sabía por dónde empezar, ni si contártelo todo…¡pero ya está hecho!¡Jeje! Solo querría que se supiera más sobre la FQ y no sólo la de pulmón…Hice dos buenas amigas de USA, Sammy y Lezly: las dos tenían tan mal el pulmón como el páncreas. Sammy era como yo, pesaba 29-30 kg. Ella falleció hace unos años, dejando a un bebé en manos de su hermana Rossy. Con sólo 21 años dejó este mundo… Lezly en el 2012, también unos 21…¡ Nos habíamos prometido llegar a abuelas! Pero no pudo ser…lo malo de todo:  que Lezly había comenzado su tratamiento con kalydeco, que era lo más nuevo entonces, y en una visita rutinaria al hospital cogió un virus intestinal y falleció…
La vida es así, bella cruel injusta..
Pero tengo muchas ganas de vivir y muchas ganas de disfrutarla hasta cuando toque! 😉
Y de devolverles a mis hermanos y padres mucha felicidad a cambio del dolor que les causé y sigo causando ^^,,

Te pasó un vídeo que explica con dibujos animados la FQ, es muy lindo! 🤓🖖

Oli y Nush explican que es la FQ ^_^

Te dejo ya, con todo este batiburrillo de recuerdos, luchas, sueños rotos…
Y para lo que necesites, ¡ya sabes estoy aquí! ¡No me enrollaré tanto la próxima vez! Lo difícil está más o menos escrito muy concisamente, en este email ^_^
Muchas gracias por “escucharme” ❣
Besos y abrazos!
Yyuhmi 🌸🌸🌸

Cómo conocí a mi madre

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imageSe acercaban los ochenta poco a poco, teníamos constitución, Franco por fin (lo que tardó) había muerto y se llevaban los pantalones de campana y las patillas largas.

Mi madre había tenido un amago de aborto a los tres meses, volvía con su madre del médico, asustada tras haber manchado, y rígida por luchar contra el traqueteo de los duros asientos de madera del autobús.

_ Las 48 horas siguientes son cruciales, si se acomoda el feto, y no señala usted más entonces bien. Pero debe hace reposo absoluto durante un par de meses. De esta forma puede que no lo pierda…Le pondremos también unas inyecciones.

Mi madre lloraba, tan desconsoladamente, y aún así, tan decidida a tener al bebé y a tomarse el reposo muy seriamente. Y estamos hablando de una mujer hiperactiva…

Una vecina, dependienta de una zapatería a la que iban mi madre y mi abuela, tuvo el mismo amago de aborto y se le dieron las mismas instrucciones, pero ella decidió no hacer reposo absoluto.

Pocos días después en el autobús se encontró con mi abuela:
_¿Ya vas a trabajar? -le preguntó extrañada a la muchacha.
_Yo no tengo intención de estar tanto tiempo en cama- le respondió con ligereza_…
Lo que tenga que ser será. Si no lo tengo pues nada.

Y nada fue, porque lo perdió. Al destino también se le pueden dar empujones para ir hacia un lado o hacia otro.

Con paciencia y sumo cuidado, pasaron los meses, uno tras otro, y llegó el día en que las contracciones se dieron a conocer, poco a poco durante los quehaceres rutinarios, sin apenas saber que ya estaba a punto de llegar el bebé.

El 22 de diciembre, mi madre tenía apenas 22 años, y unos tres meses. Acurrucada en el sofá blanco de nuestro primer hogar, envuelta en su mantita, algo pachucha, veía “Mujercitas” en la televisión.

La de Lis Taylor, de la que recuerdo su carita de muñeca observando junto a sus hermanas, alguna escena desde detrás de los barrotes de la victoriana escalera.

Las contracciones no le impidieron disfrutar de la película, hizo la cena, llegó mi padre, se fueron a dormir y las contracciones seguían por supuesto, su ritmo…
Ya muy tarde y con el calor de la camita, el parto decía no poder esperar más.

_ ¿ Pero tú ya estás segura?

¡La pregunta del siglo! Os diréis: como en una película de Alfredo Landa y Gracita Morales…sólo la ingenuidad y calma infinita de mi padre podía perder el tiempo en tal pregunta en un momento tan obvio.

Mi madre no le contestó, cogía su manta color dorado, de piel terciopelo y se volvía al sofá buscando lo imposible, encontrarse mejor, y pensando que al día siguiente tenía visita en el ginecólogo.
A las dos de la madrugada le dijo por fin a mi padre:
_Vámonos que me encuentro muy mal.

Y así partieron, pasando primero por casa de mi abuela materna, a buscarla por supuesto. Siempre juntas, madre e hija. Como después tendríamos mi madre y yo…¡Qué lazo tan irrompible, generacional y extrañamente mágico..!

Llegando al hospital, una luna inmensa roja, iluminaba el horizonte. Más tarde supe que había eclipse de luna, algo bastante peculiar. En este punto no sé si decir, que la luna eclipsada iba a darnos buena o mala suerte. La cuestión es que por lo que me explica siempre mi madre, con tanto detalle cómo le es característico, es que era muy hermosa, redonda, gigantesca…

Al pasar el puente del río parecía asomarse a verse reflejada en las aguas, luna coqueta.

El edificio estaba recién terminado, acabado de inaugurar, todo para estrenar, impecable como el ajuar de uno de los tantos y tantos bebés que iba a cobijar durante y tras tantos y tantos alumbramientos.

La dejaron sola, sin poder ver a nadie, durante bastante tiempo, lo suficiente para creer que llevaba una eternidad, entre contracción y contracción cada vez más dolorosas.
El papel pintado de la habitación tenía un estampado de florecitas que siguió con la mirada, contando, buscando, mirando cada forma, cada rinconcito, cada puntito…
¿Qué otra distracción iba a tener, una jovencita primeriza, con miedo, con dolor y completamente sola?

Seguramente pensó: ¡ay si estuviera Mamá aquí! ¡Ay, si estuviera Papá aquí!
Pensaría también en el futuro padre, en sus hermanos…hasta que de vez en cuando aparecería una mujer de más que austera expresión para ver cómo avanzaba el asunto, mirando le decía:
_No has dilatado nada.

Mi padre y mi abuela estaban abajo, en la sala de espera, por las estrictas normas del recién estrenado hospital.
Mi abuela contaba después, mi yerno ahí tan tranquilo, leyendo una revista, y yo ¡con unos nervios…!

Qué frío tenía mi madre en aquella habitación…
Imagino el cierto alivio y a la par miedo al ver que entró el médico para anunciarle?
_No dilatas, tendremos que sacarlo con ventosa…Debemos anestesiarte.

Después resultó que lo que se utilizó no fue la ventosa si no los prohibidos fórceps. Milagrosamente, las dos salimos ilesas.

La comadrona escuchaba al bebé con una trompetilla con lo ancho pegado contra la barriga, para escuchar los latidos del pequeño corazón. Como se escuchaban bien, sabían que vivía pero no estaban seguros de lo que podía pasarle…incluso a los ocho meses de embarazo le hicieron a mi madre una radiografía, cosa impensable hoy día y en aquel tiempo, unos treinta años atrás, tampoco creo que fuera muy corriente…

Por lo visto yo estaba colocada de cara, vamos, que “de cara” al mundo venía, sin ocultar nada, con una curiosidad tremenda que me impulsaba a meter mis narices en cualquiera cosa que captara mi interés. Y así hasta día de hoy…

Mi madre solo preguntaba :
_ ¿El bebé está bien?

En esos tiempos no se sabía si era niño o niña hasta que nacía. La sorpresa estaba garantizada.

Cuando nací mi madre estaba dormida bajos los efectos de la anestesia, a la cual, con el tiempo hemos llegado a saber, tiene problemas graves.

El señor M. celador, era un hombre alto, muy alto, y de ancho cuerpo, fuertote, con el pelo cano.

Él fue el que vio todo lo que no vio mi madre, y también quien la llevó a la habitación donde yo bebé, la esperaba sola, y ¡seguro que lo hacía con muchas ansias!

_Ay niña, no sabes lo mal que has estado -le dijo el celador a mi madre- has estado más allí que acá. Echabas espuma por la boca.

Mi madre se sorprendió, aún entumecida, adormecida, extraña con todo lo acaecido.
Sí sabía que había estado preguntando a las enfermeras la misma pregunta cada tantos minutos, en un extraño bucle causado por la anestesia.

_¿Qué ha sido niño o niña? ¿Está bien?
_ Ha sido niña, ¡niña! -le decían las enfermeras, hastiadas con la cuestión – si te lo acabo de decir…Y está muy bien.

Se miraban entre ellas, cómplices, con sus gajes del oficio, como diciendo ¡ay que cruz! Pero siguiendo respondiéndole las veces que fue necesario.

Las primeras navidades las pasamos juntas las dos, solas. Como tantas otras cosas hemos vivido y como hasta ahora vivimos las dos, como gemelas, como un alma en dos, inseparables. Como Almodovar con su madre, como Antonio Machado con su madre, como J.M Barrie con su madre…como muchos de vosotros con vuestras madres, seguramente, porque creo que este lazo no es tan extraño como se cuenta…

Hace un año casi que falleció mi abuela materna, la lela, nuestra lela…cuando me vio por primera vez, y ante unos ojos tan rasgados como yo tenía siendo recién nacida, dijo con esa eterna sonrisa suya:
_¡Qué bien se va a hacer la raya del ojo!

Ahora pienso, desearía, poder estar en ese momento para verles a todos juntos, no por mi, si no por ver sus caras, sus reacciones, su sorpresa, su alegría, su inquietud…vivirlo con ellos como adulta, como sólo he podido imaginar a partir de lo que todos ellos me han contado.

Recuerdos tengo muchos sí, pero se echan de menos los abrazos, los besos y las sonrisas, las charlas, “¿te echo más leche en el café?” “Qué buenos están estos pestiños…” “Mira qué bien huelen las violetas este año”

Unos vienen otros se van, así es la vida decimos. Pero ¿de verdad nos lo creemos? ¿Nos hemos acostumbrado a ello?

Un cumpleaños es la historia de un parto vivido por muchas personas de repente unidas por la vida, otras unidas desde lejanas generaciones…es la historia de una historia que comienza a terminarse, y mientras va terminando, va comenzando a entenderse poco a poco, comenzando a buscar otro comienzo.

Gracias a tod@s por celebrar este cumpleaños conmigo, no soy merecedora de tan increíbles, estupendas amistades.

Gracias mami por parirme, porque así te conocí, conocí a mi padre, a mis hermanos, a mis abuelos, a mi familia…y conocí la vida, con todo lo que conocerla conlleva.
Pero contigo, no hay nada que no se pueda sobrellevar…
Siempre juntas…mi único deseo.

Yrene Yuhmi

Primer Domingo de Mayo 2016

 

Gracias enfermer@s y auxiliares

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Este escrito lo encontré ayer, 19 de Enero, entre mis muchos papeles olvidados en mil cajas. Es del año 2001, cuando mi madre y yo pasamos un verano de infierno y no de calor precisamente. Vall d’Hebrón se convirtió en una cárcel y mi planta, en un pasillo carcelario con una mujer hitleriana, sin sentimientos, arrogante, consciente de su autoridad, y de que nadie le pisaría jamás ni las manos, ni la cabeza.

Recuerdo que yo llegué desde una clínica más al sur, en ambulancia, me metieron en una habitación compartida, unos 12 personajes en bata médicos y residentes irrumpieron con cara de malas pulgas y registraron todas mis cosas.

La chica de al lado era una jovencita mimada por todos en la planta. Dos enfermas con un trato tan distinto que anonadaba ..Y dolía.

Las enfermeras y auxiliares nos trataban en ese principio, en esa llegada, con el mayor de los desprecios.

Mi madre no tenía sillón, dormía en una silla. La madre de la chica de al lado, tenía los dos, y ninguna intención de cedérselo.

La niña no podía dormir sin tener la televisión a tope hasta la mañana, 24 horas de tv.

Sin embargo, mi madre y yo, llevábamos sin descansar de tanto buscar la razón de mis dolores, de mis náuseas y sufrir, durante más de una década. Necesitábamos al menos unas horas de sueño sin ruidos…

_¿puede bajarle un poco el volumen? -le preguntó mi madre con tiento, a una enfermera de pelo corto y rasgos atractivos.

_No, porque la nena lo necesita para dormir.

Fue tajante, y su mirada muy fría, muy seca. De esas que cortan la respiración y hieren el alma.

Dormimos sin dormir, entre luces y berreos de la caja tonta,las mentes agotadas y tristes, sin aliados, sólo con la fe y la paciencia de la mano.

Poco a poco nos fueron conociendo, y su trato se fue suavizando. Fue un proceso lento, pero valió la pena. La hitleriana “doctora” les había dado “órdenes”, “instrucciones” o vete tú a saber, para mí y para mi madre. ¡Malditos prejuicios!

…¿qué les diría? No lo sabemos. Quizás que éramos unas manipuladoras, un par de locas petulantes y malvadas…no importa…lo que de verdad importa fue el cambio, cómo acabaron conociéndonos y queriéndonos, hasta el punto en que un día se formó una pequeña revolución en los pasillos: enfermeras frente a la “doctora”.

Fue un auténtico alzamiento contra la dictadura, doctores y residentes que soportaban y seguían todo cuánto la “doctora” hacía y decía, contra las enfermeras, que veían injusto todo el trato que se nos estaba dando.

La amistad y el cariño que enlazamos con cada una de las enfermeras y auxiliares, fueron un bálsamo para nuestro padecer. Un apoyo imprescindible sin el que habríamos muerto y no por enfermedad, si no por arrebatamiento de la dignidad, la peor de las muertes.

Mi forma de agradecer fue dibujando, a todas y cada una de ellas, dibujos tiernos, versiones de las ilustraciones de Beatrix Potter, que me acompañaba en aquella dura cama de hospital, en donde las horas pasan a un tiempo distinto al del exterior. No pasan, se sufren. Y lo peor es que NADIE lo sabe…como dos universos paralelos, jamás se cruzan.

Me cuesta mucho escribir sobre esta parte de mi vida…

hay muchas cosas por contar, muchas injusticias, dolores  infringidos por gusto, ofensas, rechazo, abuso de autoridad, negación de la enfermedad que tenía, imposición de otra que no tenía, acusaciones, encierro, espiar todo cuando hacíamos y decíamos, tratamiento médico inadecuado…

Mas no puedo seguir escribiendo…aún me duele, y prefiero recordar los buenos momentos que pasamos con las auxiliares, con las enfermeras, los pacientes de la planta…

Aquí os dejo el escrito, el poema para aquellos que sin ser médicos, llevan nuestras enfermedades con gran dedicación y humanidad.

GRACIAS DE TODO CORAZÓN.

yrene yuhmi

 

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Por el momento déjame en paz (2009)

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Dos nubes pesadas, cargadas, mórbidas
vagabundean cerca de donde mis sienes palpitan.
En el espejo una imagen me dice algo
nada importante, algo muy firme,
algo que se afila en los labios cereza,
y en los otoñales tiznes bajo los ojos orientales,
se duerme intraquilo.
La vida me chupa la sangre y el mundo se ríe.
La muerte me mira de cerca y, de vez en cuando,
hasta le sonrío.

¿Qué sonrisa es esa? me pregunta. ¿Ya te quieres
venir?
No…No me gustas nada. Pero sé que formas parte de
mi, no hay sombra sin luz, no hay vida sin ti.

Por el momento déjame en paz,
tengo que hacer cuatro cosas, o cuatro mil si me
llegan los días.
Quiero amar con la fuerza de los tifones en Japón y
ser amada como la literatura por los lectores.

Despacio, constante, eternamente.
Como la vida, como la muerte.
Yrene Yuhmi
8 de octubre del 2009

Loa a la muerte

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Viejo manuscrito

Viejo manuscrito

(escrito hace mucho tiempo, estando sin diagnóstico, sin saber que sufría por la Fibrosis)

“De vez en cuando pienso en una muerte a mi gusto. Flota como un ideal más, de los tantos que últimamente conforman la parte tonta del ser: esa fantasía ingenua, esa tendencia a no crecer.

Ese mandar a paseo a la realidad, no menos tonta, quizás más absurda.

Véte a saber.

A veces pienso en ella.

Por qué no.

La veo bella.

Por qué no.

Me imagino que morir en el campo debe ser incluso agradable.

Casi tierno, casi un nacimiento. Me veo reclinada entre abrojos y espigas – eternas, eternas – como una Ofelia seca.

Parecida a la Margarita Gautier de la tumba abierta.

La del vestido rojo en su último palco.

Más cuerda que la ofelia, menos santa que la margarita.

Como suelo firmar: Simplemente Yrene.

BUEN EPITAFIO”

(1999-2000)

NÉCTAR DEL DESIERTO- FANFIC KUROGANE X FAY (TSUBASA RESERVOIR CHRONICLE)

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Hace bastante tiempo que escribí este fanfic para una amiga muy especial ^_^)

Os dejo el doc de word para que lo leáis si os apetece un cuento corto, erótico, no apto para

menore de 18 años!!! (sobretodo atención a este punto) y tampoco apto para homófobos o cualquier

persona que se sienta incómoda con escenas de amor gay.

Al final hay un pequeño plus, en tono de humor en el que veremos como Syaoran está a punto de

quitarle el puesto a Kurogane en lo que concierne a Fay ^^,,,

Espero que os guste m(_ _)m

Kurogane x Fay fic Gisel cumpl

(cliquad y “guardar el link como” lo podéis leer cómodamente en vuestro PC. Si tenéis problemas, dejad un comentario y lo subiré completo en el post ^_-)

Gracias por pasaros por aquí,

Itsumo doumo arigatou!

Yyuhmi

*Shiro-manjuu 白、しろ、饅頭、まんじゅう: el manjuu es un pastelito redondo y dulce, receta japonesa. En este caso como se refiere a Mokona que es un ser blanco,redondo y gracioso con largas orejas de conejo, le llama shiro, que significa blanco)

y un poco de Fanart kurofaysu-chan

Sentencia sin diagnóstico: CULPABLE

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(Esto es una ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, si alguien se da por aludido, que viva con esa culpa de por vida) 

 

 

Sentencia sin diagnóstico: culpable.

Año 2014, Otoño.

 

 

Dicen los japoneses que “el clavo que mas destaca es el que se lleva más golpes”. Por supuesto yo no soy un clavo que destaque, pero he recibido muchos golpes.

 

Aunque a la vista de otros, a lo mejor no son tantos…Es más, algunos pensaran que no he recibido ninguno.

Es curioso: nadie sabe demasiado sobre uno mismo. Los demás, los otros, son quienes te aplican adjetivos. A veces te sorprenden agradablemente, otras te parecen una ofensa y te hacen sentir desgraciado y triste.

 

Una vez, cuando aún no sabía que sufría de Fibrosis Quística, y tenía muchas visitas médicas, me tendieron una trampa. Digámoslo de esta manera. Unos allegados quisieron ayudar, y lo estropearon todo.

Probablemente porque no me creían, y sospechaban cosas de mí que no eran. El caso es que me cambiaron de médico súbitamente, en una visita que sólo era para saber unos resultados de analíticas. El médico, por supuesto, era familiar de los tales allegados (¡qué casualidad! me digo irónicamente)

 

Nunca pensé que aquella visita fuera a cambiar mi vida y la de mi madre de esta manera…

 

Aún le puedo ver prepotente, con la barbilla bien alta y los ojos de zorro, seguro de sí mismo y de omnipotencia médica.

 

_Señora, su hija tiene una enfermedad más grave de lo que usted cree – le dijo a mi madre.

 

Ella reaccionó deprisa, dentro del estupor y el miedo:

_ Pues entonces dígame qué es lo que tiene.

_ No es algo que se pueda diagnosticar fácilmente…Pero viendo su delgadez…Mire… El doctor hizo una seña a la enfermera y ésta trajo una especie de regla y escuadrón pequeños, para medirme la anchura del brazo. Él comprobó la masa muscular y con una media sonrisa de triumfo, dijo:

_ Es que no puede seguir así…No tienes masa muscular ninguna, ¿ves? Me pellizcó con mucha fuerza el brazo, como si no fuera suficiente el daño que me ofrecían con gusto sus palabras y el tono de su voz. Me sentí como una escoria, como lo más bajo e imperdonable que hubiera en la Humanidad.

 

_ ¿Me está diciendo que tiene anorexia nerviosa? -le preguntó mi madre, ya cansada de tanto rodeo y por supuesto, asustada por la enfermedad que acechaba sin dar nombre.

_ No, no. Eso lo acaba de decir usted. Yo nunca he dicho eso.

_ ¿Entonces qué es lo que nos quiere decir?

_ Yo estoy intentando ayudar a su hija, y así no puedo.

_ No puede qu… (No la dejó terminar la frase.)

_ Cállese y salga ahora mismo – escupió.

 

Aquella orden tajante nos dejó a las dos clavadas en la existencia del miedo y la opresión. No había salida, era como si estuviéramos atrapadas entre el dolor de la enfermedad y la tiranía de quien se supone debe curarla.

Nunca he soportado escuchar “Tú te callas” o “Cállate” de boca de nadie. Me parece la más terrible de las vejaciones.

Me quedé sola con él, la enfermera por lo visto estuvo un rato con mi madre, que no paró de llorar.

Ella no es de llorar, pero ese día fue tal la presión que le dio por el llanto.

El señor de la bata tenía un reloj de los caros, y una lámpara en la mesa de despacho, que me recordó constamente a los interrogatorios de las películas de policias y ladrones. Más por la altivez del tipo, y las constantes extrañas preguntas, que por la misma luz de la bombilla.

(la conversación es en catalán)

_ Eres muy inteligente ¿Veritat Irene?

_ Eso…es algo que dicen de mi, yo no lo creo.

_ No, no – me sonreía de forma rara, como si pensara que yo le ocultaba algo- Tú eres los suficientemente inteligente como para mentirles a tus padres y a los médicos. Y de esa forma salirte con la tuya.

Me quedé sin habla y sin sangre por un largo instante. ¿Qué estaba diciendo ese hombre?

_ Yo no estoy engañando a nadie. Yo sólo estoy enferma.

“Y quiero que me ayude alguien” Pensé.

Pero no iba a ser él quien lo hiciera…Estaba claro.

 

No recuerdo muy bien el resto, fue muy fuerte la presión de la “entrevista” y el shock recibido. Sólo sé que pretendía ingresarme, meterme alimentación y medicación psiquiátrica via intravenosa y poco más.

Sin diagnóstico, porque sí.

 

Mi madre se negó, por supuesto, pero con ello se fue ganando pequeñas anotaciones en su historial médico que sólo los batas blancas podían leer y que la perjudicaban y perjudican aún, enormemente.

 

Recuerdo la vuelta a casa en coche, llorando las dos, impotentes, solas ante el mundo y ante un cuerpo que se iba deteriorando, siendo yo culpable, culpable, culpable. Una visita que esperábamos como una ayuda, una salvación, una esperanza, se convirtió en un infierno.

De esta visita nos llevaron a otras que fueron forjando la etiqueta de “loca” hacia mi persona, y de “manipuladora” hacia mi madre. Aún nos quedaban muchos más golpes duros que pasar.

 

El encierro en Vall d’Hebrón durante tres eternos meses, en una habitación aislada y vigilada con micros…El maltrato psicológico de aquella bata blanca con pintas de bruja del tren de la escoba…La negación de la Fibrosis Quística diagnósticada por el Doctor B. un señor enorme, sabio y mayor, amable como un tierno abuelo… Y la crueldad e incomprensión de las gentes.

 

La última vez que fui a una visita con una doctora nueva, le dije planamente que no confiaba en los médicos.

Puso cara de que eso sería un problema, de que la estaba prejuzgando. En el despacho de al lado, el doctor del interrogatorio de tantos años atrás seguía manejándolo todo, un auténtico magnate de la medicina.

Ellos viven de formal más que normal, más que plena, más que feliz…Pero ¿y los pacientes como yo?

¿Qué es de mí?

 

¿Cuándo volveré a soñar sin tener pesadillas que me quitan el aire y me bañan en sudor?

 

¿Cuándo dejaré de tener miedo a los hospitales,  a los sitios llenos de gente, a lugares que no sean mi casa,

mi habitación?

 

¿Cuándo dejaré de tener pánico, angustia, tristeza?

 

No lo sé. No sé nada. Mi pasado ya no me pesa, se ha esfumado con los entresijos de mi presente y ya forma parte de mi.

Luchar contra la FQ es duro, pero luchar sin apoyo médico, es aún peor.

Ahora me doy cuenta de que contar todas mis peripecias con las batas blancas, me llevaría mucho tiempo…

Como dicen los japoneses,

todo en esta vida sirve de experiencia.

 

Voy a ser más fuerte. Siempre lo he sido. La fortaleza me viene de los que me han apoyado y han sufrido conmigo, por eso puedo ser todavía más fuerte. Porque ellos están a mi lado, incondicionalmente.

Pueden curarme más que los médicos de nuestra inseguridad social.

Los auténticos médicos, están en los países pobres, luchando por salvar vidas, sin cobrar. Los demás son apalancados sociales, burgueses con aires de aristócrata.

Lo siento mucho por los médicos buenos, y buenos médicos, que de seguro hay y no he tenido el gusto de conocer.

Anotación para el señor Futuro:

Ojala lleguen médicos que cumplan con su juramento, y por supuesto, que piensen que los pacientes tenemos corazón, familia, sueños, vidas…

Ojala que nadie vuelva a pasar por lo que nosotros hemos pasado…

Ojala…

 

Yyuhmi

Especial San VALENTIN de Armend y Liend, universo paralelo.

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Para tod@s mis querid@s lector@s, un feliz y soleado SAN VALENTÍN, y que el amor triunfe! No importe ni dónde ni cómo ni por qué, ni con quién ni cuándo, sólo importe lo que sientas y hagas sentir.

El camino de Ji Lee Won

En un pueblo de la sierra más hermosa de las tierras del Sur, acababan de asentarse los soldados venidos del desierto, bajo el ala de la banda sublevada: el partido nacionalista.

Las mujeres pasaban ante ellos deprisa y sin mirar, sintiendo temblar las rodillas y el corazón. Los niños observaban desde sus escondrijos, ventanas y portezuelas, los impecables y atrayentes uniformes de aquellos hombres de tez morena y ojos oscuros.

 Armend Moon, llegaba a caballo de Aracena, oculto un libro en la pechera, clavando una mirada firme sobre el par de militares apostados justo a la entrada del pueblo, pasado el puente de los Sarmientos.

_ ¿Qué llevas ahí? – Escupió uno de los soldados, apretando la culata del fusil contra los serones.

_ Mercancía para el comercio – respondió secamente, sin apartar la mirada – Medicación y otros remedios. Vengo de Mitenas*, ya sabe – se detuvo un tanto, como si se regocijara de antemano por lo que iba a decir – el pueblo que ha sido devastado por la tuberculosis.

El soldado se echó hacia atrás en un impulso, e hizo un gesto para que siguiera. Armend espoleó su caballo, chasqueando la lengua.

Armend encontró a Liend como de costumbre, sentado sobre una caja leyendo a escondidas uno de los libros que él le había prestado.

Se sobresaltó al sentir a alguien tras él, soltando el libro inmediatamente.

_ ¡Armend! Me has asustado…- se sonrió levantándose. No podía ocultar su alegría al verle.

Armend recogió el libro y miró la gastada tapa. “El camino de los valientes” de un tal Ji Lee Woon.

_ ¿Te gusta?

Liend asintió entusiasmado. Era un muchacho delgado pero fibroso, con una extraña belleza que atraía a hombres y a mujeres por igual. Sus cabellos eran del color del azafrán y sus ojos verdes estaban cargados de inocencia y curiosidad.

_ ¿Traes más?

_ Pues claro, ¿cuándo te he fallado yo? – Sacó el libro que llevaba escondido en el pecho y se lo ofreció.

Liend apartó la mirada un tanto sofocado. No sabía por qué razón, pero aunque conocía a Armend desde que eran niños, últimamente su cuerpo ardía con sólo escuchar su voz, sentir su aliento o mirar sus manos.Ese libro había estado pegado a su piel…

Armend era consciente de todo ello. Al principio le parecía adorable: el muchacho del comercio, el jovencito más guapo del pueblo… Pero poco a poco, mientras intercambiaban libros que Armend traía de las grandes ciudades en sus idas y venidas como proveedor, comenzó a verle con otros ojos…El deseo y el hambre por él aumentaban a la par que los levantamientos y bombardeos en todo el país.

Liend miraba aquel libro como quien observa un tesoro.

Armend no pudo remediar levantarle la barbilla para besarle. Cuando se quiso dar cuenta, ambos se encontraron abrazados, sorprendidos y con los corazones latiendo como tambores enloquecidos.

 No pasaba semana sin que Armend le visitara, dejando a su caballo atado junto al portal de la tienda, señal para el pueblo de que el proveedor había llegado, para ellos símbolo del amor que se cocía a fuego fuerte y avivado en aquel viejo y pequeño comercio.

Llegó el verano, y Armend, de repente, desapareció. Liend no hacía otra cosa que esperarle sentado tras el mostrador, con la mirada hundida en una profunda tristeza que oscurecía sus ojos de oliva.

La gente decía que estaba muriendo de pena por la soledad. Después de todo hacía sólo un par de años que se había quedado huérfano…

Las lenguas iban algo desencaminadas pero era muy cierto que si Armend no regresaba, Liend moriría de pena.

Un mañana no soportó más la angustia de no saber de él y decidió ir con los de la matanza a Aracena, a ver si en las listas de desaparecidos o muertos, encontraba por desgracia el nombre de Armend.

Llevó metido en el pecho el último libro que le había dado, el cual había llevado también contra el corazón Armend, para pasar las guardias de tantos cruces, caminos y puentes, como el que daba paso al pueblo serrano.

La ciudad estaba en plena ebullición: camiones de prisioneros, carretillas y carretas con panes y quesos para el ejército, mujeres cargando con niños que lloraban de hambre y soldados que lanzaban risotadas al ver pasar a las niñeras de señores de alta alcurnia, con sus faldas rodilleras y rebecas color pastel.

 En las listas no encontró nada…Liend se llevó la mano al pecho y contuvo un suspiro.

El libro era como un talismán para él…

De repente, su vista dio con el nombre: Armend Moon. Se sofocó tanto que creyó desfallecer. Estaba en la lista de los oficiales al cargo en la ciudad.

 No podía creerlo…¿Por qué? Armend nunca estuvo a favor del partido nacional…Sólo por llevar uno de aquellos libros encima, podría haber sido fusilado.

Liend se dio la vuelta rápidamente y corrió en dirección a la calle principal, en busca de un carro que le llevara de nuevo al pueblo.

La confusión y la angustia se hicieron con el mando de su cuerpo, se topaba contra todo el mundo, no podía ver hacia dónde le llevaban los pasos y sentía que le faltaba el aire. Chocó contra un grupo de hombres que le hicieron caer con estrépito, llenándose el caldeado aire de tierra y bosta de caballos.

El libro saltó de su pecho y fue a parar a pies de uno de los hombres. Llevaba botas altas de militar.

_ Un libro prohibido…Vaya con el señorito, ¡Ven acá! -lo sujetó del brazo y tiró de él con tal fuerza que le fue imposible desasirse.

_ Pero, espere un momento…¡Yo no he hecho nada! – trató de defenderse en vano Liend, por lo que recibió un buen golpe que le dejó aturdido y mareado.

Le llevaron a rastras hasta el cuartel general y lo dejaron atado a una silla, en una habitación escueta en detalles, excepto un cuadro del dictador, observando desde la pared lo que nunca se contaría, lo que sucedió sin tener por qué y lo que debió haber sucedido.

Liend no dejaba de pensar en Armend…Le dolía el brazo, la espalda y el mentón, la sangre manaba de una brecha que acababan de abrirle a golpes durante un eterno interrogatorio de pesadilla.

Comenzaban a fallarle las fuerzas al militar que le custodiaba, por lo cual tuvo un momento de respiro. Cerró los ojos. Pensó en que ya no había salida, ni tenía la necesidad de ansiarla, si no podía estar con Armend, como antes, en el pueblo, sin miedos ni jerarquías, ni ideologías ni banderas. Sólo ellos dos, piel con piel, amándose…

Entonces, sintió el aroma de Armend acariciándole suavemente las mejillas. Debía de estar delirando…Abrió lentamente los ojos y le vio, de pie, frente a él, vestido de uniforme, pero con sus ojos ardientes y amables, con la mirada de siempre, clavada en él.

_ Armend…

Se agachó y le desató, murmurando maldiciones por haberle hecho tales heridas. Acarició aquel labio partido, aquel mentón ensangrentado, y con el alma rota descanso sobre él, con un abrazo fuerte, deseado, impaciente.

_ Perdóname Liend…No pude avisarte. Me vinieron a buscar y no tuve alternativa. No quería morir sin volverte a ver…- su voz sonaba entrecortada. Liend nunca había visto a un Armend tan vulnerable. Tuvo la enorme necesidad de protegerle. Le devolvió el abrazo, y así se quedaron los dos durante un instante que les pareció mucho para ser tan corto, y poco para ser tan bello.

_ ¡¿Qué coño pasa aquí?!

Sobresaltados, se encontraron con que dos de los soldados habían irrumpido en el cuarto, apuntándoles con los fusiles.

_ Cabo Moon, es usted un traidor, va a tener que darnos muchas explicaciones – subrayó estas dos últimas palabras el soldado que hacía poco había estado apaleando a Liend.

_ Véte al infierno – masculló Armend, interponiéndose entre Liend y las bocas de las armas.

_ ¡¿Qué acabas de decir, maldito hijo de puta?!

Armend levantó la mirada, apretando los puños y los dientes con todas sus fuerzas, dispuesto a matar y morir para salvar a Liend.

En ese instante tembló todo. Parecía que el mundo acababa de explotar sobre ellos, dejándoles sordos, apretados contra pedazos de pared y hierros, asfixiados por las bocanadas de pólvora y tierra que acaba de lanzar un bombardeo sobre la ciudad.

Poco a poco, Armend comenzó a escuchar un mínimo susurro, que aumentó hasta convertirse en la realidad que reinaba por doquier: un tumulto de llantos y gritos, sangre y confusión.

 Se incorporó mareado, dolorido, buscando a Liend, apartándose de la cara el polvo que le cubría hasta las pestañas.

_ Liend…

El joven estaba a su lado, tosiendo y frotándose la cara. Suspiró aliviado y se dispuso a ayudarle, cuando vio una enorme herida en su espalda.

_ Armend…Me duele el pecho…

_ No te muevas – Armend retuvo la respiración, tratando de calmarse, mientras se quitaba la chaqueta del uniforme y hacía jirones su camisa.

Metralla” reconoció la herida, sudando, con el corazón en un puño.

_ No te preocupes, no es nada. Te pondrás bien…

Liend tosió, lo cual le hizo gemir de dolor. Armend detuvo la hemorragia y le colocó la chaqueta por encima, ayudándole a incorporarse.

En el suelo, a un par de pasos de ambos, uno de los soldados, cuyas piernas estaban atrapadas bajo los escombros, alargaba la mano, agarrotada y temblorosa, para coger su arma.

 Armend se hizo con ella antes de que pudiera siquiera pestañear. El soldado, con un hilo de sangre dibujando una ese en su barbilla, levantó los ojos, enturbiados, y con desprecio dijo:

_ Has traicionado a tu patria…Escoria como tú sólo mancha nuestra bandera…

Armend, sujetando a Liend con fuerza, le miraba sin inmutarse, fiero y determinado.

_ Para mi no hay patria ni bandera que valga más que mis sentimientos.

 Liend le miró, respirando de forma entrecortada por el dolor: aquel hombre que adoraba leer, y que proveía de diversas mercancías a los comercios o cortijos a lomos de un caballo árabe, era para él, más importante que su propia vida. El mundo se partía en mil y sin embargo, no le importaba lo más mínimo…Sólo ÉL.

 Salieron despacio, esquivando cuerpos y pedazos de paredes y astillas, apoyados el uno en el otro, buscando una salida, una liberación.

 _ ¡A la Raya! ¡A la Raya! – gritaba un hombre de mediana edad, gorra oscura y camisa vieja desde su carro, cargado con sacas de pan acabado de robar de las disposiciones del derruido cuartel.

Armend y Liend, subieron y se sentaron entre los bultos de arpillera, junto con un par de muchachas que sollozaban abrazadas, cubiertas de polvo y sangre.

Liend se apretó a Armend, aliviado por el calor de su piel, y cerró los ojos.

Sintió como, durante todo el camino a la frontera, le acariciaba los cabellos susurrando una y otra vez.

Te quiero más que a nada…Te quiero más que a nadie…

Tal que una nana cantada desde el corazón, las palabras se metieron en su pecho con sigilo, formando un relicario de pasiones, un amuleto que sería indestructible, al paso del tiempo, a las guerras, a los odios, a las burlas…

 _ ¡Joven! – el hombre que guiaba el carro le lanzó una cantimplora- dele de beber al muchacho, que esa es una buena herida. Ustedes también señoritas, beban, que han llorado tanto que no les debe quedar una gota ni para mojarse los labios.

 El carro fue guiado hasta el pueblo fronterizo de la Raya, entre el vaivén del camino y las palabras de coraje del guía, que apostaba por un médico de muy buena mano en el lugar.

 Liend sacó de su pecho el libro, y se lo entregó a Armend.

Tenía parte de las hojas dobladas y la cubierta estaba rota. Semejaba un pajarillo aplastado.

 _ Me ha guiado hasta a ti…

Armend sonrió, cogiéndole la mano, caliente por la fiebre y el dolor. Asintió sin hablar, apretando aquella mano que tantas veces había besado, olido y acariciado, en el trastero de la tienda del pueblo, entre cajas de conservas y frutas puestas a secar.

 _ Volveremos a estar como antes – le prometió Armend en un susurro- Te lo prometo…

 Liend sonrió, cansado pero seguro, sintiéndose mecido por las nuevas circunstancias y aquel camino que se abría frente a ellos.

Tengo los ojos puestos en ti,

tienes los ojos puestos en mi.

No hay camino para el cobarde,

ni salida para el perdedor.

Sólo tenemos camino los valientes,

aquellos que luchan y creen en el Amor”

Ji Lee Woon*

FIN

YRENE YUHMI 2014, SAN VALENTÍN

 Armend y Liend 3 2013  color

*Lugar inventado.

*Personaje y libro, inventados.

Recordad que podéis descargarlo aquí, junto con más inéditos Yaoi 😉

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

ABRAZOS ^_^

Yyuhmi