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Desde Japón con amor

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Cuando se acerca la fecha en la que nací, (a punto estuve de no hacerlo por cierto, pero sobre eso ya escribiré en otra ocasión) empiezan a llegar paquetes y cartas preciosas desde el otro lado del planeta, del país del sol naciente, mi amado Japón.

Siempre me digo con certeza que nunca me enamoraré, lo hice una vez, a los quince años y fue el amor más bello que podría soñar tener. Pero hay personas que nacen para vivir amores imposibles, no correspondidos, truncados por circunstancias nunca imaginadas…una de esas personas soy yo.

Lo cual no quiere decir que no sienta AMOR. Me he enamorado de tantas cosas, que puedo decir que soy persona más que apasionada. Enamorada de personas, historias, amigos-animales, épocas, estaciones, emociones,  sensaciones, culturas, idiomas…y países.

Mi gran amor es Japón.

Un lugar lleno de amig@s de verdad, que a pesar de los muchos quilómetros de distancia, están conmigo las 24 horas, dándome cariño, preocupándose por mi, por mi salud, por la fibrosis quistica, haciéndome reír, empujando mis sueños a ser cumplidos…

La distancia no importa nada en cuestión de amarse. Aunque es cierto que alimenta la nostalgia y sientes esa morriña tan agridulce y punzante, de no poder pisar las calles, de no poder dar un abrazo, de no poder cruzar sonrisas…

Nippon me manda cartas con olor a papel de arroz y flor de cerezo.

La alegría que me da, ¿cómo se la devolveré?

Amando, amando…soñando, soñando.

GRACIAS JAPÓN ARIGATOU NIPPON

AISHITERU YO: te quiero ^_^

PS : cartas y regalos hechos a mano, de Vida Nakazawa y de Imai Yasuko ^_^ 心底からどうも有難う御座います!愛と感謝を込めて!

イレーネ優海より

El poder de las manos

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Las cosas importantes caben en una mano:
cuando estás enamorado,te llevas la mano al pecho;
cuando necesitas apoyo coges con tu mano la mano amiga;
cuando hay que consolar, tu mano se desliza sobre la mejilla ajena,
aparta las lágrimas, escribe poemas,
guarda caramelos que te dieron siendo nieto y que darás como abuelo.
Lo que cabe en una mano es mayor que el Universo.
Yrene Yuhmi 2013

Ryuuji and Taiga

Ryuuji and Taiga

Filosofando: citas, frases, pensamientos

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Desde niña que me pierdo en los pensamientos, en miles de ellos.

Quizás es porque me gusta la soledad, y con ella es como me puedo sentir libre, en paz, plena, sin miedos ni ataduras…

O tal vez la Soledad es una necesidad procedente de mi amor indestructible e imparable por pensar.

Y el pensar me lleva a escribir.

En el  pensar está la cama dónde nace y se alimenta el ave multicolor de la imaginación, y también en el pensar se mecen y juegan las musas que nos inspiran.

No hay humano que no piense. En una cosa u otra, pero piensa.

Mi querida maestra de EGB M.Tena D.E.P, siempre nos decía: “lo único que nadie os puede arrebatar, que nadie puede controlar, es el pensamiento”

Tanto Ella como sus enseñanzas, se me quedaron grabadas…No sólo enseñaba Lengua Catalana, también nos enseñaba (mocos@s con la cabeza llena de pájaros) sobre la Vida…

Gràcies M.Tena, de tot cor.

Os dejo algunas citas, no son gran cosa, simples reflexiones, pero que deseo compartir.

“El escritor sin lector es como un vacío sin su nada. Un absurdo”
“El amor que se alimenta
desde antes de tener uso de razón,
Es lo único que ni la distancia,
ni el tiempo, ni la separación física,
pueden destruir”

“Todo aquello que nos haga gritarle a alguien,
levantar las manos contra alguien,
demostrar el odio disfrazándolo de pacifismo,
es lo que demuestra
que nos falta mucho para ser humanos”

“Algunos humanos sanos creen
que los enfermos
somos una excepción,
Lo que no saben es que los enfermos
hemos sobrevivido y
ellos solamente han vivido”

“La familia es la base de la Educación,
Cuando educamos a nuestros hijos no sabemos
Que estamos educando al Mundo”

“La ley que nos hace más humanos
es la necesidad absoluta de proteger
a alguien”
“La humanidad tiene el poder de crear

y el de destruir en sus manos.

Puede destruir a partir de la decisión

de lograr algo bueno,

pero si destruye a partir del odio,

no crea más que nueva destrucción

y más odio”

Yrene Yuhmi (2011-2015)

NÉCTAR DEL DESIERTO- FANFIC KUROGANE X FAY (TSUBASA RESERVOIR CHRONICLE)

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Hace bastante tiempo que escribí este fanfic para una amiga muy especial ^_^)

Os dejo el doc de word para que lo leáis si os apetece un cuento corto, erótico, no apto para

menore de 18 años!!! (sobretodo atención a este punto) y tampoco apto para homófobos o cualquier

persona que se sienta incómoda con escenas de amor gay.

Al final hay un pequeño plus, en tono de humor en el que veremos como Syaoran está a punto de

quitarle el puesto a Kurogane en lo que concierne a Fay ^^,,,

Espero que os guste m(_ _)m

Kurogane x Fay fic Gisel cumpl

(cliquad y “guardar el link como” lo podéis leer cómodamente en vuestro PC. Si tenéis problemas, dejad un comentario y lo subiré completo en el post ^_-)

Gracias por pasaros por aquí,

Itsumo doumo arigatou!

Yyuhmi

*Shiro-manjuu 白、しろ、饅頭、まんじゅう: el manjuu es un pastelito redondo y dulce, receta japonesa. En este caso como se refiere a Mokona que es un ser blanco,redondo y gracioso con largas orejas de conejo, le llama shiro, que significa blanco)

y un poco de Fanart kurofaysu-chan

Especial San VALENTIN de Armend y Liend, universo paralelo.

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Para tod@s mis querid@s lector@s, un feliz y soleado SAN VALENTÍN, y que el amor triunfe! No importe ni dónde ni cómo ni por qué, ni con quién ni cuándo, sólo importe lo que sientas y hagas sentir.

El camino de Ji Lee Won

En un pueblo de la sierra más hermosa de las tierras del Sur, acababan de asentarse los soldados venidos del desierto, bajo el ala de la banda sublevada: el partido nacionalista.

Las mujeres pasaban ante ellos deprisa y sin mirar, sintiendo temblar las rodillas y el corazón. Los niños observaban desde sus escondrijos, ventanas y portezuelas, los impecables y atrayentes uniformes de aquellos hombres de tez morena y ojos oscuros.

 Armend Moon, llegaba a caballo de Aracena, oculto un libro en la pechera, clavando una mirada firme sobre el par de militares apostados justo a la entrada del pueblo, pasado el puente de los Sarmientos.

_ ¿Qué llevas ahí? – Escupió uno de los soldados, apretando la culata del fusil contra los serones.

_ Mercancía para el comercio – respondió secamente, sin apartar la mirada – Medicación y otros remedios. Vengo de Mitenas*, ya sabe – se detuvo un tanto, como si se regocijara de antemano por lo que iba a decir – el pueblo que ha sido devastado por la tuberculosis.

El soldado se echó hacia atrás en un impulso, e hizo un gesto para que siguiera. Armend espoleó su caballo, chasqueando la lengua.

Armend encontró a Liend como de costumbre, sentado sobre una caja leyendo a escondidas uno de los libros que él le había prestado.

Se sobresaltó al sentir a alguien tras él, soltando el libro inmediatamente.

_ ¡Armend! Me has asustado…- se sonrió levantándose. No podía ocultar su alegría al verle.

Armend recogió el libro y miró la gastada tapa. “El camino de los valientes” de un tal Ji Lee Woon.

_ ¿Te gusta?

Liend asintió entusiasmado. Era un muchacho delgado pero fibroso, con una extraña belleza que atraía a hombres y a mujeres por igual. Sus cabellos eran del color del azafrán y sus ojos verdes estaban cargados de inocencia y curiosidad.

_ ¿Traes más?

_ Pues claro, ¿cuándo te he fallado yo? – Sacó el libro que llevaba escondido en el pecho y se lo ofreció.

Liend apartó la mirada un tanto sofocado. No sabía por qué razón, pero aunque conocía a Armend desde que eran niños, últimamente su cuerpo ardía con sólo escuchar su voz, sentir su aliento o mirar sus manos.Ese libro había estado pegado a su piel…

Armend era consciente de todo ello. Al principio le parecía adorable: el muchacho del comercio, el jovencito más guapo del pueblo… Pero poco a poco, mientras intercambiaban libros que Armend traía de las grandes ciudades en sus idas y venidas como proveedor, comenzó a verle con otros ojos…El deseo y el hambre por él aumentaban a la par que los levantamientos y bombardeos en todo el país.

Liend miraba aquel libro como quien observa un tesoro.

Armend no pudo remediar levantarle la barbilla para besarle. Cuando se quiso dar cuenta, ambos se encontraron abrazados, sorprendidos y con los corazones latiendo como tambores enloquecidos.

 No pasaba semana sin que Armend le visitara, dejando a su caballo atado junto al portal de la tienda, señal para el pueblo de que el proveedor había llegado, para ellos símbolo del amor que se cocía a fuego fuerte y avivado en aquel viejo y pequeño comercio.

Llegó el verano, y Armend, de repente, desapareció. Liend no hacía otra cosa que esperarle sentado tras el mostrador, con la mirada hundida en una profunda tristeza que oscurecía sus ojos de oliva.

La gente decía que estaba muriendo de pena por la soledad. Después de todo hacía sólo un par de años que se había quedado huérfano…

Las lenguas iban algo desencaminadas pero era muy cierto que si Armend no regresaba, Liend moriría de pena.

Un mañana no soportó más la angustia de no saber de él y decidió ir con los de la matanza a Aracena, a ver si en las listas de desaparecidos o muertos, encontraba por desgracia el nombre de Armend.

Llevó metido en el pecho el último libro que le había dado, el cual había llevado también contra el corazón Armend, para pasar las guardias de tantos cruces, caminos y puentes, como el que daba paso al pueblo serrano.

La ciudad estaba en plena ebullición: camiones de prisioneros, carretillas y carretas con panes y quesos para el ejército, mujeres cargando con niños que lloraban de hambre y soldados que lanzaban risotadas al ver pasar a las niñeras de señores de alta alcurnia, con sus faldas rodilleras y rebecas color pastel.

 En las listas no encontró nada…Liend se llevó la mano al pecho y contuvo un suspiro.

El libro era como un talismán para él…

De repente, su vista dio con el nombre: Armend Moon. Se sofocó tanto que creyó desfallecer. Estaba en la lista de los oficiales al cargo en la ciudad.

 No podía creerlo…¿Por qué? Armend nunca estuvo a favor del partido nacional…Sólo por llevar uno de aquellos libros encima, podría haber sido fusilado.

Liend se dio la vuelta rápidamente y corrió en dirección a la calle principal, en busca de un carro que le llevara de nuevo al pueblo.

La confusión y la angustia se hicieron con el mando de su cuerpo, se topaba contra todo el mundo, no podía ver hacia dónde le llevaban los pasos y sentía que le faltaba el aire. Chocó contra un grupo de hombres que le hicieron caer con estrépito, llenándose el caldeado aire de tierra y bosta de caballos.

El libro saltó de su pecho y fue a parar a pies de uno de los hombres. Llevaba botas altas de militar.

_ Un libro prohibido…Vaya con el señorito, ¡Ven acá! -lo sujetó del brazo y tiró de él con tal fuerza que le fue imposible desasirse.

_ Pero, espere un momento…¡Yo no he hecho nada! – trató de defenderse en vano Liend, por lo que recibió un buen golpe que le dejó aturdido y mareado.

Le llevaron a rastras hasta el cuartel general y lo dejaron atado a una silla, en una habitación escueta en detalles, excepto un cuadro del dictador, observando desde la pared lo que nunca se contaría, lo que sucedió sin tener por qué y lo que debió haber sucedido.

Liend no dejaba de pensar en Armend…Le dolía el brazo, la espalda y el mentón, la sangre manaba de una brecha que acababan de abrirle a golpes durante un eterno interrogatorio de pesadilla.

Comenzaban a fallarle las fuerzas al militar que le custodiaba, por lo cual tuvo un momento de respiro. Cerró los ojos. Pensó en que ya no había salida, ni tenía la necesidad de ansiarla, si no podía estar con Armend, como antes, en el pueblo, sin miedos ni jerarquías, ni ideologías ni banderas. Sólo ellos dos, piel con piel, amándose…

Entonces, sintió el aroma de Armend acariciándole suavemente las mejillas. Debía de estar delirando…Abrió lentamente los ojos y le vio, de pie, frente a él, vestido de uniforme, pero con sus ojos ardientes y amables, con la mirada de siempre, clavada en él.

_ Armend…

Se agachó y le desató, murmurando maldiciones por haberle hecho tales heridas. Acarició aquel labio partido, aquel mentón ensangrentado, y con el alma rota descanso sobre él, con un abrazo fuerte, deseado, impaciente.

_ Perdóname Liend…No pude avisarte. Me vinieron a buscar y no tuve alternativa. No quería morir sin volverte a ver…- su voz sonaba entrecortada. Liend nunca había visto a un Armend tan vulnerable. Tuvo la enorme necesidad de protegerle. Le devolvió el abrazo, y así se quedaron los dos durante un instante que les pareció mucho para ser tan corto, y poco para ser tan bello.

_ ¡¿Qué coño pasa aquí?!

Sobresaltados, se encontraron con que dos de los soldados habían irrumpido en el cuarto, apuntándoles con los fusiles.

_ Cabo Moon, es usted un traidor, va a tener que darnos muchas explicaciones – subrayó estas dos últimas palabras el soldado que hacía poco había estado apaleando a Liend.

_ Véte al infierno – masculló Armend, interponiéndose entre Liend y las bocas de las armas.

_ ¡¿Qué acabas de decir, maldito hijo de puta?!

Armend levantó la mirada, apretando los puños y los dientes con todas sus fuerzas, dispuesto a matar y morir para salvar a Liend.

En ese instante tembló todo. Parecía que el mundo acababa de explotar sobre ellos, dejándoles sordos, apretados contra pedazos de pared y hierros, asfixiados por las bocanadas de pólvora y tierra que acaba de lanzar un bombardeo sobre la ciudad.

Poco a poco, Armend comenzó a escuchar un mínimo susurro, que aumentó hasta convertirse en la realidad que reinaba por doquier: un tumulto de llantos y gritos, sangre y confusión.

 Se incorporó mareado, dolorido, buscando a Liend, apartándose de la cara el polvo que le cubría hasta las pestañas.

_ Liend…

El joven estaba a su lado, tosiendo y frotándose la cara. Suspiró aliviado y se dispuso a ayudarle, cuando vio una enorme herida en su espalda.

_ Armend…Me duele el pecho…

_ No te muevas – Armend retuvo la respiración, tratando de calmarse, mientras se quitaba la chaqueta del uniforme y hacía jirones su camisa.

Metralla” reconoció la herida, sudando, con el corazón en un puño.

_ No te preocupes, no es nada. Te pondrás bien…

Liend tosió, lo cual le hizo gemir de dolor. Armend detuvo la hemorragia y le colocó la chaqueta por encima, ayudándole a incorporarse.

En el suelo, a un par de pasos de ambos, uno de los soldados, cuyas piernas estaban atrapadas bajo los escombros, alargaba la mano, agarrotada y temblorosa, para coger su arma.

 Armend se hizo con ella antes de que pudiera siquiera pestañear. El soldado, con un hilo de sangre dibujando una ese en su barbilla, levantó los ojos, enturbiados, y con desprecio dijo:

_ Has traicionado a tu patria…Escoria como tú sólo mancha nuestra bandera…

Armend, sujetando a Liend con fuerza, le miraba sin inmutarse, fiero y determinado.

_ Para mi no hay patria ni bandera que valga más que mis sentimientos.

 Liend le miró, respirando de forma entrecortada por el dolor: aquel hombre que adoraba leer, y que proveía de diversas mercancías a los comercios o cortijos a lomos de un caballo árabe, era para él, más importante que su propia vida. El mundo se partía en mil y sin embargo, no le importaba lo más mínimo…Sólo ÉL.

 Salieron despacio, esquivando cuerpos y pedazos de paredes y astillas, apoyados el uno en el otro, buscando una salida, una liberación.

 _ ¡A la Raya! ¡A la Raya! – gritaba un hombre de mediana edad, gorra oscura y camisa vieja desde su carro, cargado con sacas de pan acabado de robar de las disposiciones del derruido cuartel.

Armend y Liend, subieron y se sentaron entre los bultos de arpillera, junto con un par de muchachas que sollozaban abrazadas, cubiertas de polvo y sangre.

Liend se apretó a Armend, aliviado por el calor de su piel, y cerró los ojos.

Sintió como, durante todo el camino a la frontera, le acariciaba los cabellos susurrando una y otra vez.

Te quiero más que a nada…Te quiero más que a nadie…

Tal que una nana cantada desde el corazón, las palabras se metieron en su pecho con sigilo, formando un relicario de pasiones, un amuleto que sería indestructible, al paso del tiempo, a las guerras, a los odios, a las burlas…

 _ ¡Joven! – el hombre que guiaba el carro le lanzó una cantimplora- dele de beber al muchacho, que esa es una buena herida. Ustedes también señoritas, beban, que han llorado tanto que no les debe quedar una gota ni para mojarse los labios.

 El carro fue guiado hasta el pueblo fronterizo de la Raya, entre el vaivén del camino y las palabras de coraje del guía, que apostaba por un médico de muy buena mano en el lugar.

 Liend sacó de su pecho el libro, y se lo entregó a Armend.

Tenía parte de las hojas dobladas y la cubierta estaba rota. Semejaba un pajarillo aplastado.

 _ Me ha guiado hasta a ti…

Armend sonrió, cogiéndole la mano, caliente por la fiebre y el dolor. Asintió sin hablar, apretando aquella mano que tantas veces había besado, olido y acariciado, en el trastero de la tienda del pueblo, entre cajas de conservas y frutas puestas a secar.

 _ Volveremos a estar como antes – le prometió Armend en un susurro- Te lo prometo…

 Liend sonrió, cansado pero seguro, sintiéndose mecido por las nuevas circunstancias y aquel camino que se abría frente a ellos.

Tengo los ojos puestos en ti,

tienes los ojos puestos en mi.

No hay camino para el cobarde,

ni salida para el perdedor.

Sólo tenemos camino los valientes,

aquellos que luchan y creen en el Amor”

Ji Lee Woon*

FIN

YRENE YUHMI 2014, SAN VALENTÍN

 Armend y Liend 3 2013  color

*Lugar inventado.

*Personaje y libro, inventados.

Recordad que podéis descargarlo aquí, junto con más inéditos Yaoi 😉

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

ABRAZOS ^_^

Yyuhmi