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It’s soooo so very cold outside, in Spain!!! I think I am gotta go Frozen “Let it go!” ^_^),,

I hope everybody is having a more or less pleasant Winter time…Let’s Hope for a great

Spring and better Year of the Sheep (=^0^=) A year of Peace and Harmony.

I found a trying of translation on my laptop, from so much time ago. It’s from my novel Armend y Liend.

My English was so bad I am so very sorry -_-)

Anyway I attach the file here, feel free to read it, it’s short, not even 20 pages! but remember it’s

erotic and the pairing is man & man (YAOI)

Here is the link to the doc. ^_- Enjoy!!^///^

clicky!

Liend’s wings

or

http://www.mediafire.com/view/nh0vwugt22v532u/Liend's_wings.doc

 

Yyuhmi

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Especial San VALENTIN de Armend y Liend, universo paralelo.

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Para tod@s mis querid@s lector@s, un feliz y soleado SAN VALENTÍN, y que el amor triunfe! No importe ni dónde ni cómo ni por qué, ni con quién ni cuándo, sólo importe lo que sientas y hagas sentir.

El camino de Ji Lee Won

En un pueblo de la sierra más hermosa de las tierras del Sur, acababan de asentarse los soldados venidos del desierto, bajo el ala de la banda sublevada: el partido nacionalista.

Las mujeres pasaban ante ellos deprisa y sin mirar, sintiendo temblar las rodillas y el corazón. Los niños observaban desde sus escondrijos, ventanas y portezuelas, los impecables y atrayentes uniformes de aquellos hombres de tez morena y ojos oscuros.

 Armend Moon, llegaba a caballo de Aracena, oculto un libro en la pechera, clavando una mirada firme sobre el par de militares apostados justo a la entrada del pueblo, pasado el puente de los Sarmientos.

_ ¿Qué llevas ahí? – Escupió uno de los soldados, apretando la culata del fusil contra los serones.

_ Mercancía para el comercio – respondió secamente, sin apartar la mirada – Medicación y otros remedios. Vengo de Mitenas*, ya sabe – se detuvo un tanto, como si se regocijara de antemano por lo que iba a decir – el pueblo que ha sido devastado por la tuberculosis.

El soldado se echó hacia atrás en un impulso, e hizo un gesto para que siguiera. Armend espoleó su caballo, chasqueando la lengua.

Armend encontró a Liend como de costumbre, sentado sobre una caja leyendo a escondidas uno de los libros que él le había prestado.

Se sobresaltó al sentir a alguien tras él, soltando el libro inmediatamente.

_ ¡Armend! Me has asustado…- se sonrió levantándose. No podía ocultar su alegría al verle.

Armend recogió el libro y miró la gastada tapa. “El camino de los valientes” de un tal Ji Lee Woon.

_ ¿Te gusta?

Liend asintió entusiasmado. Era un muchacho delgado pero fibroso, con una extraña belleza que atraía a hombres y a mujeres por igual. Sus cabellos eran del color del azafrán y sus ojos verdes estaban cargados de inocencia y curiosidad.

_ ¿Traes más?

_ Pues claro, ¿cuándo te he fallado yo? – Sacó el libro que llevaba escondido en el pecho y se lo ofreció.

Liend apartó la mirada un tanto sofocado. No sabía por qué razón, pero aunque conocía a Armend desde que eran niños, últimamente su cuerpo ardía con sólo escuchar su voz, sentir su aliento o mirar sus manos.Ese libro había estado pegado a su piel…

Armend era consciente de todo ello. Al principio le parecía adorable: el muchacho del comercio, el jovencito más guapo del pueblo… Pero poco a poco, mientras intercambiaban libros que Armend traía de las grandes ciudades en sus idas y venidas como proveedor, comenzó a verle con otros ojos…El deseo y el hambre por él aumentaban a la par que los levantamientos y bombardeos en todo el país.

Liend miraba aquel libro como quien observa un tesoro.

Armend no pudo remediar levantarle la barbilla para besarle. Cuando se quiso dar cuenta, ambos se encontraron abrazados, sorprendidos y con los corazones latiendo como tambores enloquecidos.

 No pasaba semana sin que Armend le visitara, dejando a su caballo atado junto al portal de la tienda, señal para el pueblo de que el proveedor había llegado, para ellos símbolo del amor que se cocía a fuego fuerte y avivado en aquel viejo y pequeño comercio.

Llegó el verano, y Armend, de repente, desapareció. Liend no hacía otra cosa que esperarle sentado tras el mostrador, con la mirada hundida en una profunda tristeza que oscurecía sus ojos de oliva.

La gente decía que estaba muriendo de pena por la soledad. Después de todo hacía sólo un par de años que se había quedado huérfano…

Las lenguas iban algo desencaminadas pero era muy cierto que si Armend no regresaba, Liend moriría de pena.

Un mañana no soportó más la angustia de no saber de él y decidió ir con los de la matanza a Aracena, a ver si en las listas de desaparecidos o muertos, encontraba por desgracia el nombre de Armend.

Llevó metido en el pecho el último libro que le había dado, el cual había llevado también contra el corazón Armend, para pasar las guardias de tantos cruces, caminos y puentes, como el que daba paso al pueblo serrano.

La ciudad estaba en plena ebullición: camiones de prisioneros, carretillas y carretas con panes y quesos para el ejército, mujeres cargando con niños que lloraban de hambre y soldados que lanzaban risotadas al ver pasar a las niñeras de señores de alta alcurnia, con sus faldas rodilleras y rebecas color pastel.

 En las listas no encontró nada…Liend se llevó la mano al pecho y contuvo un suspiro.

El libro era como un talismán para él…

De repente, su vista dio con el nombre: Armend Moon. Se sofocó tanto que creyó desfallecer. Estaba en la lista de los oficiales al cargo en la ciudad.

 No podía creerlo…¿Por qué? Armend nunca estuvo a favor del partido nacional…Sólo por llevar uno de aquellos libros encima, podría haber sido fusilado.

Liend se dio la vuelta rápidamente y corrió en dirección a la calle principal, en busca de un carro que le llevara de nuevo al pueblo.

La confusión y la angustia se hicieron con el mando de su cuerpo, se topaba contra todo el mundo, no podía ver hacia dónde le llevaban los pasos y sentía que le faltaba el aire. Chocó contra un grupo de hombres que le hicieron caer con estrépito, llenándose el caldeado aire de tierra y bosta de caballos.

El libro saltó de su pecho y fue a parar a pies de uno de los hombres. Llevaba botas altas de militar.

_ Un libro prohibido…Vaya con el señorito, ¡Ven acá! -lo sujetó del brazo y tiró de él con tal fuerza que le fue imposible desasirse.

_ Pero, espere un momento…¡Yo no he hecho nada! – trató de defenderse en vano Liend, por lo que recibió un buen golpe que le dejó aturdido y mareado.

Le llevaron a rastras hasta el cuartel general y lo dejaron atado a una silla, en una habitación escueta en detalles, excepto un cuadro del dictador, observando desde la pared lo que nunca se contaría, lo que sucedió sin tener por qué y lo que debió haber sucedido.

Liend no dejaba de pensar en Armend…Le dolía el brazo, la espalda y el mentón, la sangre manaba de una brecha que acababan de abrirle a golpes durante un eterno interrogatorio de pesadilla.

Comenzaban a fallarle las fuerzas al militar que le custodiaba, por lo cual tuvo un momento de respiro. Cerró los ojos. Pensó en que ya no había salida, ni tenía la necesidad de ansiarla, si no podía estar con Armend, como antes, en el pueblo, sin miedos ni jerarquías, ni ideologías ni banderas. Sólo ellos dos, piel con piel, amándose…

Entonces, sintió el aroma de Armend acariciándole suavemente las mejillas. Debía de estar delirando…Abrió lentamente los ojos y le vio, de pie, frente a él, vestido de uniforme, pero con sus ojos ardientes y amables, con la mirada de siempre, clavada en él.

_ Armend…

Se agachó y le desató, murmurando maldiciones por haberle hecho tales heridas. Acarició aquel labio partido, aquel mentón ensangrentado, y con el alma rota descanso sobre él, con un abrazo fuerte, deseado, impaciente.

_ Perdóname Liend…No pude avisarte. Me vinieron a buscar y no tuve alternativa. No quería morir sin volverte a ver…- su voz sonaba entrecortada. Liend nunca había visto a un Armend tan vulnerable. Tuvo la enorme necesidad de protegerle. Le devolvió el abrazo, y así se quedaron los dos durante un instante que les pareció mucho para ser tan corto, y poco para ser tan bello.

_ ¡¿Qué coño pasa aquí?!

Sobresaltados, se encontraron con que dos de los soldados habían irrumpido en el cuarto, apuntándoles con los fusiles.

_ Cabo Moon, es usted un traidor, va a tener que darnos muchas explicaciones – subrayó estas dos últimas palabras el soldado que hacía poco había estado apaleando a Liend.

_ Véte al infierno – masculló Armend, interponiéndose entre Liend y las bocas de las armas.

_ ¡¿Qué acabas de decir, maldito hijo de puta?!

Armend levantó la mirada, apretando los puños y los dientes con todas sus fuerzas, dispuesto a matar y morir para salvar a Liend.

En ese instante tembló todo. Parecía que el mundo acababa de explotar sobre ellos, dejándoles sordos, apretados contra pedazos de pared y hierros, asfixiados por las bocanadas de pólvora y tierra que acaba de lanzar un bombardeo sobre la ciudad.

Poco a poco, Armend comenzó a escuchar un mínimo susurro, que aumentó hasta convertirse en la realidad que reinaba por doquier: un tumulto de llantos y gritos, sangre y confusión.

 Se incorporó mareado, dolorido, buscando a Liend, apartándose de la cara el polvo que le cubría hasta las pestañas.

_ Liend…

El joven estaba a su lado, tosiendo y frotándose la cara. Suspiró aliviado y se dispuso a ayudarle, cuando vio una enorme herida en su espalda.

_ Armend…Me duele el pecho…

_ No te muevas – Armend retuvo la respiración, tratando de calmarse, mientras se quitaba la chaqueta del uniforme y hacía jirones su camisa.

Metralla” reconoció la herida, sudando, con el corazón en un puño.

_ No te preocupes, no es nada. Te pondrás bien…

Liend tosió, lo cual le hizo gemir de dolor. Armend detuvo la hemorragia y le colocó la chaqueta por encima, ayudándole a incorporarse.

En el suelo, a un par de pasos de ambos, uno de los soldados, cuyas piernas estaban atrapadas bajo los escombros, alargaba la mano, agarrotada y temblorosa, para coger su arma.

 Armend se hizo con ella antes de que pudiera siquiera pestañear. El soldado, con un hilo de sangre dibujando una ese en su barbilla, levantó los ojos, enturbiados, y con desprecio dijo:

_ Has traicionado a tu patria…Escoria como tú sólo mancha nuestra bandera…

Armend, sujetando a Liend con fuerza, le miraba sin inmutarse, fiero y determinado.

_ Para mi no hay patria ni bandera que valga más que mis sentimientos.

 Liend le miró, respirando de forma entrecortada por el dolor: aquel hombre que adoraba leer, y que proveía de diversas mercancías a los comercios o cortijos a lomos de un caballo árabe, era para él, más importante que su propia vida. El mundo se partía en mil y sin embargo, no le importaba lo más mínimo…Sólo ÉL.

 Salieron despacio, esquivando cuerpos y pedazos de paredes y astillas, apoyados el uno en el otro, buscando una salida, una liberación.

 _ ¡A la Raya! ¡A la Raya! – gritaba un hombre de mediana edad, gorra oscura y camisa vieja desde su carro, cargado con sacas de pan acabado de robar de las disposiciones del derruido cuartel.

Armend y Liend, subieron y se sentaron entre los bultos de arpillera, junto con un par de muchachas que sollozaban abrazadas, cubiertas de polvo y sangre.

Liend se apretó a Armend, aliviado por el calor de su piel, y cerró los ojos.

Sintió como, durante todo el camino a la frontera, le acariciaba los cabellos susurrando una y otra vez.

Te quiero más que a nada…Te quiero más que a nadie…

Tal que una nana cantada desde el corazón, las palabras se metieron en su pecho con sigilo, formando un relicario de pasiones, un amuleto que sería indestructible, al paso del tiempo, a las guerras, a los odios, a las burlas…

 _ ¡Joven! – el hombre que guiaba el carro le lanzó una cantimplora- dele de beber al muchacho, que esa es una buena herida. Ustedes también señoritas, beban, que han llorado tanto que no les debe quedar una gota ni para mojarse los labios.

 El carro fue guiado hasta el pueblo fronterizo de la Raya, entre el vaivén del camino y las palabras de coraje del guía, que apostaba por un médico de muy buena mano en el lugar.

 Liend sacó de su pecho el libro, y se lo entregó a Armend.

Tenía parte de las hojas dobladas y la cubierta estaba rota. Semejaba un pajarillo aplastado.

 _ Me ha guiado hasta a ti…

Armend sonrió, cogiéndole la mano, caliente por la fiebre y el dolor. Asintió sin hablar, apretando aquella mano que tantas veces había besado, olido y acariciado, en el trastero de la tienda del pueblo, entre cajas de conservas y frutas puestas a secar.

 _ Volveremos a estar como antes – le prometió Armend en un susurro- Te lo prometo…

 Liend sonrió, cansado pero seguro, sintiéndose mecido por las nuevas circunstancias y aquel camino que se abría frente a ellos.

Tengo los ojos puestos en ti,

tienes los ojos puestos en mi.

No hay camino para el cobarde,

ni salida para el perdedor.

Sólo tenemos camino los valientes,

aquellos que luchan y creen en el Amor”

Ji Lee Woon*

FIN

YRENE YUHMI 2014, SAN VALENTÍN

 Armend y Liend 3 2013  color

*Lugar inventado.

*Personaje y libro, inventados.

Recordad que podéis descargarlo aquí, junto con más inéditos Yaoi 😉

http://www.4shared.com/folder/wpY2qliY/Novela_Gay_Armend_y_Liend.html

ABRAZOS ^_^

Yyuhmi