La bendición del San Martín de Sarrià

Estudié Historia del Arte en Barcelona. Solía vivir en el barrio de Sarrià, un lugar tranquilo, bello, en el que me sentía realmente cómoda. El apartamento era pequeñísimo pero no era desagradable pasar los días allí. (De hecho una de mis novelas está ambientada en ese piso, en esa Barcelona de los 90)

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Mi salud fue yendo a peor con una lentitud veloz, dolorosa, extraña. Ni en la seguridad social, ni en consultas privadas logré que me dieran una solución, un diagnóstico.

Así siguieron las cosas durante más de 10 años.

Mi padre no hacía otra cosa que trabajar para poder pagar los viajes, gastos médicos, medicaciones, etc.

Mi madre tenía que estar conmigo constantemente, pero también debía ocuparse de mis hermanos, mi hermana tenía apenas 10 años y mi hermano 14.

A veces aparecía una medicación que podía ayudar.

Y así llego al punto de inicio de esta anéctota.

Me cuesta mucho escribir sobre mi, sobre la enfermedad. Todavía no puedo…Pero tal vez si lo hago poco a poco, siempre apoyándome en las cosas buenas de todo ese sufrimiento, lograré ir diciendo en voz alta muchas cosas que me callo.

Acabábamos de pagar la medicina, en una farmacia de Bonanova y regresamos a Sarrià, pasando por el supermercado para comprar pan y leche, creo, poca cosa porque no nos quedaba más después de pagar en Farmacia (creo que fueron unas 30.000 pesetas, no entraba en el seguro)

Ya en caja, un mendigo de color, un negrito con gorra de visera y cabellos canos, nos pidió limosna. Mi madre le dijo que no tenía nada. Él nos miró y no nos creyó.

“Es cierto mire usted lo que acabo de pagar” -le enseñó la caja de la medicación.

“¿Quién está enfermo?”

“Mi hija” -le dijo mi madre mirándome, apenada, con esos ojos suyos brillantes como el ámbar-

“Cómo es posible…”- dijo el señor, muy serio, muy contenido, pensando.

Pasaron apenas unos segundos, se quitó la gorra y me la puso en la cabeza mientras decía:

“No te preocupes que te vas a curar, te lo digo de verdad, porque yo te bendigo en nombre de San Martin de Porres, verás como te curará”

Nos quedamos todos, cajera inclusive, con la boca abierta, los ojos eclipsados la escena, sin palabras.

Mi madre le dio las gracias muchas veces, emocionada.

Yo no podía hablar.

“Yrene ¿te creerás, que por un momento, me ha parecido que estaba hablando con el mismo San Martin?…” – me dijo mientras regresábamos al piso.

Yo le miré, aún con asombro y con una esperanza infinita, una fuerza nueva.

“Yo también le he visto Mami…”

¿Dónde estarás querido San Martín del barrio de Sarrià? Te recordaremos siempre…Hay tantos y tantos ángeles en la Tierra…

Todos somos ángeles, sólo que no nos damos cuenta, de la fuerza que tenemos para curar, para ayudar, para amar.

Los encuentros, benditos los encuentros. Son realmente un tesoro inigualable.

Yrene Yuhmi

PS: Mi madre siempre ha sido devota de San Martín, incluso la llamaban las amigas Fray Escoba cuando era jovencita ^_^

私はバルセロナの大学で芸術の歴史を学びました。サリアー近所に住んでいました。

とても穏やかな所、 綺麗な場所です。アパートが小さかったけど、心地いいでした。

健康が段々悪くなった、崩しましたよ。

お母さんと一緒に色んなお医者さんと病院に行きましたけど、全然駄目でした、

 診断すること出来ませんでした。

これは10以来の状態で、桔構辛かった。良い薬があるから試してみてくださいっ

てよくいわれましたから、 そうしました。

お父さんが仕事以上何もしなかった、休憩とるとかできなかった、医者が高いか

ら仕方が無い 。。。 お母さんが私と妹と弟の面倒を見ながら私の病気のこと心

配ですが、前向きで、凄い勇気があった、 今でもそうですよ。

そしてある日その薬を買った後、コンビニにいきました。 薬が高過ぎるパンとミ

ルクしか買うのができませんでした。

レジにいった時に貧乏な黒人がお金くださいって頼みました。

お母さんが「ごめんね、お金がない」 でもその人が信じるわけないですよね。

「本当ですよ、ほらみてください、薬がこんな値段。。。」お母さん見せてあげ

ました。

「誰ですか、病気って」 その乞食さん訊きました。

「彼女ですよ、 娘です」

その方が私を観て、驚いた。

「こんな子供が病気なんて。。。でも大丈夫です、この俺がサンマルティンデポーレ

スの名においてにあなたを祝福します、治ります、 信じてください」

あの方自分の帽子が私に被って、そんな言葉を言いました。

私とお母さんも、レジがかりもビックリしていて、言葉が出なかった。

サンマルテインデポーレスが黒人の神聖な人でした 。

お母さんが何度も何度も有難うございますって言いましたよ 。とても感動で、涙が出ましたよ。

あの時私もお母さんリアルなサンマルテインを見た気がしました。

ちょっと不思議で忘れない。。。

そして2002年私は不思議ですが、回復しました。医者さんが信じられないくらい

ビックリしました。私は2001年病院生活、29キロ、 死の入口で、希望が持つと家

族の愛しか何もなかった。

いえ、逆です。家族の愛と希望の力のお蔭で死ななかった。

これは言わなければならない言葉ですよ。

すっごく感謝です、 あの黒人の方何処にいますかな。。。よく考えているね。

よかった、出会いがやはり素敵なことです。

San Martín de Porres

from-wwwdabbey-roadsdblogspotdcom

San Martín de Porres from-wwwdabbey-roadsdblogspotdcom

Constantino Romero y el exhibicionista de Barcelona /The pervert of Barcelona

 

Kanharu doujinshi
Kanharu in Barcelona 90s

Barcelona de finales de los 90.
Pero finales, finales.

Muy temprano,

aún todavía sintiendo

el tacto de la sábana en mi mejilla,

pasó por delante de la panadería

y compró unos panecillos acabados de hornear.

Ya he desayunado en pisito de la calle Ivorra,

en mi barrio de estudiante universitaria,

uno con nombre que suena

a cortar leña o trepar montes: Sarrià.

Las personas con Fibrosis quística

solemos tener siempre un apetito voraz,

y a la par, una terrible malísima digestión.

Menuda contradicción dietética…

Esa es la razón por la cual paro

poco después de desayunar,

en la panadería, calentita,

con sus dependientes vestidas de blanco

y sus pinzas, como cangrejitos serviciales,

sirviendo donuts, cruasáns,

baguettes, panes rústicos

y demás delicias de cereal.

Pisando fuerte, masticando aquellos

panecillos blandos como nubes,

mi falda larga de punto roza las botas altas,

como orejas de textil atentas

al despertar de la ciudad,

mezcolanza de voces y máquinas,

música urbana.

Pasó por delante del Corte Inglés

en la Plaza Maria Cristina,

grandes almacenes que marcan

el paso de las estaciones mejor

que el planeta Tierra…Esta vez toca

poner las luces de Navidad.

Miles y miles de luces que los operarios

colocan con paciencia infinita…

¿Qué dibujo formarán las luces

cuando esté terminado aquel puzzle de colores?

No estoy yo para pensar mucho en ello,

porque mientras voy camino de la Facultad,

repaso todas las lecciones,

las del día y las que me gusta repasar,

o bien me ando por las ramas hasta pensando,

y me pierdo como Alicia en un país

de mil maravillas de lo más variopintas…

Vamos, para decirlo más claramente:
estoy en Babia.
O en la luna de Valencia.

¿Por qué se dirá? “Estás en la luna de Valencia”

Y de nuevo a las andadas.

Cuando llegó a la calle larga y cuesta abajo

que parece apuntar

a la boca del edificio de la facultad,

aceleró el paso.

Supongo que por inercia,

y porque cuesta abajo es más fácil dejarse llevar

y los pensamientos se multiplican por mil,

y yo ya estoy perdida en ellos por completo.

Es una calle solitaria,

simple asfalto, con solares de maleza a los lados,

y una gran pancarta que anuncia un foie grass,

que por aquel entonces anunciaba

un muy querido presentador de televisión,

locutor y actor de doblaje

¿le recordáis? Constantino Romero,

la voz de Clint Eastwood,

Arnold Schwarzenegger,

o Dark Vader…

Esa voz, qué voz…
En Star Wars
_Luke, yo soy tu padre
En Terminator
_Sayonara baby
o ese discurso final de la peli Blade Runner
_Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…

(Rutger Hauer)

Qué voz, me diré a mi misma al pasar

por delante del enorme cartel publicitario,

casi a la entrada de la universidad…
Pero antes de eso.

Unos pasos, unos metros antes de eso,

un compañero de clase me hace volver en mi:

_ ¡Yrene!

_(¿eh?) ¡Ah! Hola Juan, Buenos días.

Juan me mira con cara de incredulidad,

algo de extrañeza y una pizca de risa nerviosa.

_ ¿No lo has visto?
_ El qué – le miró interrogante…

¿qué tendria que haber visto?

Estaba tan confusa

que no sabía si frenar el paso

y mirar bien a mi alrededor

o seguir para no hacerle un feo

a la cuesta que empujaba

mi cuerpo hacia adelante.

_ ¡Al tío ese! ¡Se ha abierto el abrigo delante de ti!
_ ¿El abrigo?
_ ¡Un exhibicionista Yrene!

Por supuesto que no lo había visto.
Y estaba tan claro,

que Juan me miraba

ya con ganas de reír de verdad.
_ El tío se ha quedado decepcionado.

Has pasado como si no hubiera nadie.

Vamos como si fuera invisible.
_ Anda ya…- casi no me lo creía.
_ ¡De verdad! No, si ya decía yo

que no lo habías visto…

Porque, es que…

¡has pasado a un escaso metro de él!

¡Y ni caso!

Ni un susto, ni un gritito, ni un

¡Ay Virgen Santa!

_ No me he perdido nada entonces.

Juan se reía.

Él sí que había visto algo

inusual aquella mañana:

Porque un pervertido se había quedado

más mustio que su patética desnudez,

al verse ignorado,

por alguien que tenía en mente

a Constantino Romero, a las obras

del maravilloso Bernini y

al sabor de los panecillos

recién horneados de la calle Ivorra.

Yrene Yuhmi recuerdos, Noviembre 2019

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The End

Barcelona of the late 90s.
The very very end of the 90s.

Very early, still feeling the touch of the sheet on my cheek,
I stopped at the bakery and bought some just baked small breads. I have already had breakfast at the appartment, in Ivorra Street, in my university student neighborhood, one with a name that sounds like cutting wood or climbing mountains: Sarrià.

People with cystic fibrosis usually have a voracious appetite, and at the same time, a terrible bad digestion. What a dietary contradiction …

That is the reason why I stop shortly after breakfast, in the bakery, warm, with all the store-dependents dressed in white, holding their tongs, like helpful cute crabs, serving donuts, croissants, baguettes, rustic breads and other cereal delights.

Stomp it out, chewing those soft muffins fluffy like clouds, my long knit skirt rubbing the high boots, like textile ears attentive to the awakening of the city, a mixture of voices and machines: urban music.

I passed the El Corte Inglés in the Plaza Maria Cristina, big department stores that mark the passage of the seasons better than the planet Earth … Now it’s time to put the Christmas lights. Thousands and thousands of lights that operators place with infinite patience … What drawing will the lights form when that colored puzzle is finished?

I am not to think about it much, because while I am on my way to the Faculty, I review all the lessons, those of the day and those that I like to review, or I beat around the bush until thinking seriously about sometime clear and concrete, and I lose myself as Alice in a country of a thousand of all kind of wonders …

Ok, to put it more clearly:
I’m “in Babia”
Or on “the moon of Valencia”

Why do people say that idiom?
“You are on the moon of Valencia”

It bugs me…

and I am at it again.

When I reached the long and downhill street that seems to point to the mouth of the faculty building, I accelerated my steps. I guess because of inertia, and because downhill it is easier to get carried away and thoughts multiply by a thousand, and I am already lost in them completely.

It is a lonely street, simple asphalt, with lots of weeds on the sides, and a large banner that announces a foie grass, which at that time announced a very dear television presenter, announcer and voice actor, do you remember? Constantino Romero, the voice of Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger, or
Dark Vader…

That voice, what a voice …
In Star Wars
_Luke I am your father
In terminator
_Sayonara baby
or that final speech of the movie Blade Runner
_I have seen things that you would not believe … (Rutger Hauer)

What a voice, I will tell myself as I pass in front of the huge advertising poster, almost at the entrance of the university …
But before that, a few steps, a few meters before that, a classmate brings me back to me:

_ Yrene!

_ (Huh?) Ah! Hi Juan, good morning.

Juan looks at me with a face of disbelief, a bit of strangeness and a hint of nervous laughter.

_ You have not seen him?
_ See what?
He looked questioningly …
But I didn’t get what he was talking about.What should I have seen? I was so confused that I did not know whether to slow down and look around or continue to not make an ugly one to the slope that was pushing my body forward.

_ To that guy! He opened his coatin front of you!
_ The coat?
_ An exhibitionist, Yrene!

Of course I hadn’t seen it.
And it was so clear that Juan was already looking at me really killing his laugh.
_ The guy must be so disappointed. You have passed as if there was no one. As if he were invisible.
_ Come on …- I almost didn’t believe it.
_ For real! Well, I already said to myself that you had not seen it … Because, it is just that … you have passed so so close to him!
And you ignored it.
Not a scare, not a scream, not a woe, Holy Virgin!

_ I haven’t missed anything then.

Juan laughed. He had seen something unusual that morning.

Because a pervert had become more whitered than his pathetic nakedness, because he was ignored, by someone who had in mind Constantino Romero, the works of the wonderful Bernini and the taste of freshly baked muffins from Ivorra Street.

Yrene Yuhmi Memories, November 2019