Kanharu doujinshi
Kanharu in Barcelona 90s

Barcelona de finales de los 90.
Pero finales, finales.

Muy temprano,

aún todavía sintiendo

el tacto de la sábana en mi mejilla,

pasó por delante de la panadería

y compró unos panecillos acabados de hornear.

Ya he desayunado en pisito de la calle Ivorra,

en mi barrio de estudiante universitaria,

uno con nombre que suena

a cortar leña o trepar montes: Sarrià.

Las personas con Fibrosis quística

solemos tener siempre un apetito voraz,

y a la par, una terrible malísima digestión.

Menuda contradicción dietética…

Esa es la razón por la cual paro

poco después de desayunar,

en la panadería, calentita,

con sus dependientes vestidas de blanco

y sus pinzas, como cangrejitos serviciales,

sirviendo donuts, cruasáns,

baguettes, panes rústicos

y demás delicias de cereal.

Pisando fuerte, masticando aquellos

panecillos blandos como nubes,

mi falda larga de punto roza las botas altas,

como orejas de textil atentas

al despertar de la ciudad,

mezcolanza de voces y máquinas,

música urbana.

Pasó por delante del Corte Inglés

en la Plaza Maria Cristina,

grandes almacenes que marcan

el paso de las estaciones mejor

que el planeta Tierra…Esta vez toca

poner las luces de Navidad.

Miles y miles de luces que los operarios

colocan con paciencia infinita…

¿Qué dibujo formarán las luces

cuando esté terminado aquel puzzle de colores?

No estoy yo para pensar mucho en ello,

porque mientras voy camino de la Facultad,

repaso todas las lecciones,

las del día y las que me gusta repasar,

o bien me ando por las ramas hasta pensando,

y me pierdo como Alicia en un país

de mil maravillas de lo más variopintas…

Vamos, para decirlo más claramente:
estoy en Babia.
O en la luna de Valencia.

¿Por qué se dirá? “Estás en la luna de Valencia”

Y de nuevo a las andadas.

Cuando llegó a la calle larga y cuesta abajo

que parece apuntar

a la boca del edificio de la facultad,

aceleró el paso.

Supongo que por inercia,

y porque cuesta abajo es más fácil dejarse llevar

y los pensamientos se multiplican por mil,

y yo ya estoy perdida en ellos por completo.

Es una calle solitaria,

simple asfalto, con solares de maleza a los lados,

y una gran pancarta que anuncia un foie grass,

que por aquel entonces anunciaba

un muy querido presentador de televisión,

locutor y actor de doblaje

¿le recordáis? Constantino Romero,

la voz de Clint Eastwood,

Arnold Schwarzenegger,

o Dark Vader…

Esa voz, qué voz…
En Star Wars
_Luke, yo soy tu padre
En Terminator
_Sayonara baby
o ese discurso final de la peli Blade Runner
_Yo he visto cosas que vosotros no creeríais…

(Rutger Hauer)

Qué voz, me diré a mi misma al pasar

por delante del enorme cartel publicitario,

casi a la entrada de la universidad…
Pero antes de eso.

Unos pasos, unos metros antes de eso,

un compañero de clase me hace volver en mi:

_ ¡Yrene!

_(¿eh?) ¡Ah! Hola Juan, Buenos días.

Juan me mira con cara de incredulidad,

algo de extrañeza y una pizca de risa nerviosa.

_ ¿No lo has visto?
_ El qué – le miró interrogante…

¿qué tendria que haber visto?

Estaba tan confusa

que no sabía si frenar el paso

y mirar bien a mi alrededor

o seguir para no hacerle un feo

a la cuesta que empujaba

mi cuerpo hacia adelante.

_ ¡Al tío ese! ¡Se ha abierto el abrigo delante de ti!
_ ¿El abrigo?
_ ¡Un exhibicionista Yrene!

Por supuesto que no lo había visto.
Y estaba tan claro,

que Juan me miraba

ya con ganas de reír de verdad.
_ El tío se ha quedado decepcionado.

Has pasado como si no hubiera nadie.

Vamos como si fuera invisible.
_ Anda ya…- casi no me lo creía.
_ ¡De verdad! No, si ya decía yo

que no lo habías visto…

Porque, es que…

¡has pasado a un escaso metro de él!

¡Y ni caso!

Ni un susto, ni un gritito, ni un

¡Ay Virgen Santa!

_ No me he perdido nada entonces.

Juan se reía.

Él sí que había visto algo

inusual aquella mañana:

Porque un pervertido se había quedado

más mustio que su patética desnudez,

al verse ignorado,

por alguien que tenía en mente

a Constantino Romero, a las obras

del maravilloso Bernini y

al sabor de los panecillos

recién horneados de la calle Ivorra.

Yrene Yuhmi recuerdos, Noviembre 2019

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The End

Barcelona of the late 90s.
The very very end of the 90s.

Very early, still feeling the touch of the sheet on my cheek,
I stopped at the bakery and bought some just baked small breads. I have already had breakfast at the appartment, in Ivorra Street, in my university student neighborhood, one with a name that sounds like cutting wood or climbing mountains: Sarrià.

People with cystic fibrosis usually have a voracious appetite, and at the same time, a terrible bad digestion. What a dietary contradiction …

That is the reason why I stop shortly after breakfast, in the bakery, warm, with all the store-dependents dressed in white, holding their tongs, like helpful cute crabs, serving donuts, croissants, baguettes, rustic breads and other cereal delights.

Stomp it out, chewing those soft muffins fluffy like clouds, my long knit skirt rubbing the high boots, like textile ears attentive to the awakening of the city, a mixture of voices and machines: urban music.

I passed the El Corte Inglés in the Plaza Maria Cristina, big department stores that mark the passage of the seasons better than the planet Earth … Now it’s time to put the Christmas lights. Thousands and thousands of lights that operators place with infinite patience … What drawing will the lights form when that colored puzzle is finished?

I am not to think about it much, because while I am on my way to the Faculty, I review all the lessons, those of the day and those that I like to review, or I beat around the bush until thinking seriously about sometime clear and concrete, and I lose myself as Alice in a country of a thousand of all kind of wonders …

Ok, to put it more clearly:
I’m “in Babia”
Or on “the moon of Valencia”

Why do people say that idiom?
“You are on the moon of Valencia”

It bugs me…

and I am at it again.

When I reached the long and downhill street that seems to point to the mouth of the faculty building, I accelerated my steps. I guess because of inertia, and because downhill it is easier to get carried away and thoughts multiply by a thousand, and I am already lost in them completely.

It is a lonely street, simple asphalt, with lots of weeds on the sides, and a large banner that announces a foie grass, which at that time announced a very dear television presenter, announcer and voice actor, do you remember? Constantino Romero, the voice of Clint Eastwood, Arnold Schwarzenegger, or
Dark Vader…

That voice, what a voice …
In Star Wars
_Luke I am your father
In terminator
_Sayonara baby
or that final speech of the movie Blade Runner
_I have seen things that you would not believe … (Rutger Hauer)

What a voice, I will tell myself as I pass in front of the huge advertising poster, almost at the entrance of the university …
But before that, a few steps, a few meters before that, a classmate brings me back to me:

_ Yrene!

_ (Huh?) Ah! Hi Juan, good morning.

Juan looks at me with a face of disbelief, a bit of strangeness and a hint of nervous laughter.

_ You have not seen him?
_ See what?
He looked questioningly …
But I didn’t get what he was talking about.What should I have seen? I was so confused that I did not know whether to slow down and look around or continue to not make an ugly one to the slope that was pushing my body forward.

_ To that guy! He opened his coatin front of you!
_ The coat?
_ An exhibitionist, Yrene!

Of course I hadn’t seen it.
And it was so clear that Juan was already looking at me really killing his laugh.
_ The guy must be so disappointed. You have passed as if there was no one. As if he were invisible.
_ Come on …- I almost didn’t believe it.
_ For real! Well, I already said to myself that you had not seen it … Because, it is just that … you have passed so so close to him!
And you ignored it.
Not a scare, not a scream, not a woe, Holy Virgin!

_ I haven’t missed anything then.

Juan laughed. He had seen something unusual that morning.

Because a pervert had become more whitered than his pathetic nakedness, because he was ignored, by someone who had in mind Constantino Romero, the works of the wonderful Bernini and the taste of freshly baked muffins from Ivorra Street.

Yrene Yuhmi Memories, November 2019

2 comentarios en “Constantino Romero y el exhibicionista de Barcelona /The pervert of Barcelona

  1. Fantástico ,me transportas en tus escritos al tiempo exacto,,que fuerte esa anécdota me la contaste en su tiempo y he vivido las calles y el anuncio de Constantino inigualable voz ,sigue dándonos estos momentos de paz al leerte,ya sabes que siempre me gustó leer y tus relatos me fascinan 👏👏👏👏Te quiero 😘😘😘

    1. Gracias miles ^^) si!! aquellos tiempos, fueron una lucha pero tuvo sus momentos divertidos! Constantino es para nosotras una voz y un simbolo, ^_-)v
      Cómo me gusta que te pueda devolver aunque sea una milésima parte de todo lo que me has dado y me das, con algo bueno a través de mis escritos! Me alegro mucho de que te gusten!! yo también te quiero!!!!^3^)

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