Sentencia sin diagnóstico: CULPABLE

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(Esto es una ficción, cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia, si alguien se da por aludido, que viva con esa culpa de por vida) 

 

 

Sentencia sin diagnóstico: culpable.

Año 2014, Otoño.

 

 

Dicen los japoneses que “el clavo que mas destaca es el que se lleva más golpes”. Por supuesto yo no soy un clavo que destaque, pero he recibido muchos golpes.

 

Aunque a la vista de otros, a lo mejor no son tantos…Es más, algunos pensaran que no he recibido ninguno.

Es curioso: nadie sabe demasiado sobre uno mismo. Los demás, los otros, son quienes te aplican adjetivos. A veces te sorprenden agradablemente, otras te parecen una ofensa y te hacen sentir desgraciado y triste.

 

Una vez, cuando aún no sabía que sufría de Fibrosis Quística, y tenía muchas visitas médicas, me tendieron una trampa. Digámoslo de esta manera. Unos allegados quisieron ayudar, y lo estropearon todo.

Probablemente porque no me creían, y sospechaban cosas de mí que no eran. El caso es que me cambiaron de médico súbitamente, en una visita que sólo era para saber unos resultados de analíticas. El médico, por supuesto, era familiar de los tales allegados (¡qué casualidad! me digo irónicamente)

 

Nunca pensé que aquella visita fuera a cambiar mi vida y la de mi madre de esta manera…

 

Aún le puedo ver prepotente, con la barbilla bien alta y los ojos de zorro, seguro de sí mismo y de omnipotencia médica.

 

_Señora, su hija tiene una enfermedad más grave de lo que usted cree – le dijo a mi madre.

 

Ella reaccionó deprisa, dentro del estupor y el miedo:

_ Pues entonces dígame qué es lo que tiene.

_ No es algo que se pueda diagnosticar fácilmente…Pero viendo su delgadez…Mire… El doctor hizo una seña a la enfermera y ésta trajo una especie de regla y escuadrón pequeños, para medirme la anchura del brazo. Él comprobó la masa muscular y con una media sonrisa de triumfo, dijo:

_ Es que no puede seguir así…No tienes masa muscular ninguna, ¿ves? Me pellizcó con mucha fuerza el brazo, como si no fuera suficiente el daño que me ofrecían con gusto sus palabras y el tono de su voz. Me sentí como una escoria, como lo más bajo e imperdonable que hubiera en la Humanidad.

 

_ ¿Me está diciendo que tiene anorexia nerviosa? -le preguntó mi madre, ya cansada de tanto rodeo y por supuesto, asustada por la enfermedad que acechaba sin dar nombre.

_ No, no. Eso lo acaba de decir usted. Yo nunca he dicho eso.

_ ¿Entonces qué es lo que nos quiere decir?

_ Yo estoy intentando ayudar a su hija, y así no puedo.

_ No puede qu… (No la dejó terminar la frase.)

_ Cállese y salga ahora mismo – escupió.

 

Aquella orden tajante nos dejó a las dos clavadas en la existencia del miedo y la opresión. No había salida, era como si estuviéramos atrapadas entre el dolor de la enfermedad y la tiranía de quien se supone debe curarla.

Nunca he soportado escuchar “Tú te callas” o “Cállate” de boca de nadie. Me parece la más terrible de las vejaciones.

Me quedé sola con él, la enfermera por lo visto estuvo un rato con mi madre, que no paró de llorar.

Ella no es de llorar, pero ese día fue tal la presión que le dio por el llanto.

El señor de la bata tenía un reloj de los caros, y una lámpara en la mesa de despacho, que me recordó constamente a los interrogatorios de las películas de policias y ladrones. Más por la altivez del tipo, y las constantes extrañas preguntas, que por la misma luz de la bombilla.

(la conversación es en catalán)

_ Eres muy inteligente ¿Veritat Irene?

_ Eso…es algo que dicen de mi, yo no lo creo.

_ No, no – me sonreía de forma rara, como si pensara que yo le ocultaba algo- Tú eres los suficientemente inteligente como para mentirles a tus padres y a los médicos. Y de esa forma salirte con la tuya.

Me quedé sin habla y sin sangre por un largo instante. ¿Qué estaba diciendo ese hombre?

_ Yo no estoy engañando a nadie. Yo sólo estoy enferma.

“Y quiero que me ayude alguien” Pensé.

Pero no iba a ser él quien lo hiciera…Estaba claro.

 

No recuerdo muy bien el resto, fue muy fuerte la presión de la “entrevista” y el shock recibido. Sólo sé que pretendía ingresarme, meterme alimentación y medicación psiquiátrica via intravenosa y poco más.

Sin diagnóstico, porque sí.

 

Mi madre se negó, por supuesto, pero con ello se fue ganando pequeñas anotaciones en su historial médico que sólo los batas blancas podían leer y que la perjudicaban y perjudican aún, enormemente.

 

Recuerdo la vuelta a casa en coche, llorando las dos, impotentes, solas ante el mundo y ante un cuerpo que se iba deteriorando, siendo yo culpable, culpable, culpable. Una visita que esperábamos como una ayuda, una salvación, una esperanza, se convirtió en un infierno.

De esta visita nos llevaron a otras que fueron forjando la etiqueta de “loca” hacia mi persona, y de “manipuladora” hacia mi madre. Aún nos quedaban muchos más golpes duros que pasar.

 

El encierro en Vall d’Hebrón durante tres eternos meses, en una habitación aislada y vigilada con micros…El maltrato psicológico de aquella bata blanca con pintas de bruja del tren de la escoba…La negación de la Fibrosis Quística diagnósticada por el Doctor B. un señor enorme, sabio y mayor, amable como un tierno abuelo… Y la crueldad e incomprensión de las gentes.

 

La última vez que fui a una visita con una doctora nueva, le dije planamente que no confiaba en los médicos.

Puso cara de que eso sería un problema, de que la estaba prejuzgando. En el despacho de al lado, el doctor del interrogatorio de tantos años atrás seguía manejándolo todo, un auténtico magnate de la medicina.

Ellos viven de formal más que normal, más que plena, más que feliz…Pero ¿y los pacientes como yo?

¿Qué es de mí?

 

¿Cuándo volveré a soñar sin tener pesadillas que me quitan el aire y me bañan en sudor?

 

¿Cuándo dejaré de tener miedo a los hospitales,  a los sitios llenos de gente, a lugares que no sean mi casa,

mi habitación?

 

¿Cuándo dejaré de tener pánico, angustia, tristeza?

 

No lo sé. No sé nada. Mi pasado ya no me pesa, se ha esfumado con los entresijos de mi presente y ya forma parte de mi.

Luchar contra la FQ es duro, pero luchar sin apoyo médico, es aún peor.

Ahora me doy cuenta de que contar todas mis peripecias con las batas blancas, me llevaría mucho tiempo…

Como dicen los japoneses,

todo en esta vida sirve de experiencia.

 

Voy a ser más fuerte. Siempre lo he sido. La fortaleza me viene de los que me han apoyado y han sufrido conmigo, por eso puedo ser todavía más fuerte. Porque ellos están a mi lado, incondicionalmente.

Pueden curarme más que los médicos de nuestra inseguridad social.

Los auténticos médicos, están en los países pobres, luchando por salvar vidas, sin cobrar. Los demás son apalancados sociales, burgueses con aires de aristócrata.

Lo siento mucho por los médicos buenos, y buenos médicos, que de seguro hay y no he tenido el gusto de conocer.

Anotación para el señor Futuro:

Ojala lleguen médicos que cumplan con su juramento, y por supuesto, que piensen que los pacientes tenemos corazón, familia, sueños, vidas…

Ojala que nadie vuelva a pasar por lo que nosotros hemos pasado…

Ojala…

 

Yyuhmi

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Acerca de yreneyuhmi

Escritora, dibujante, lectora, eterna estudiante, aprendiz de la vida. Adoro a los gatos, a los libros, me encantan los refrescos con gas y los dulces. Me gusta mucho Japón...De hecho creo que mi corazón es japonés al 100% ^__-) 小説家、イラストレータ、漫画家、読者、永遠に学生、人生の見習いです!猫、本、ラムネと和菓子、洋菓子も大好きですよ。ニッポン愛していますよ!実は私の心が100%日本人です!^^

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    • Muchas gracias Conchita! 😀 me hace muchaaaa ilusión que estés aquí! Y doy gracias a Dios por haberme permitido conocerte! Muuuuchos besos y abrazos para ti también y mil gracias otra vez! ❤

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