La maldición de la familia Tanizawa (parte II)

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Le despertó el barullo habitual de la Escuela, el frío suelo bajo su espalda y la sensación de haber olvidado algo muy importante.
Lo primero que acertó a ver fue el techo, con  largos fluorescentes apagados, y algú que otro manchón del paso del tiempo.

_ ¿Estás bien Hiro chan?
_ Yamato…¿Qué ha pasado?
_ ¿No te acuerdas? Te has desmayado antes de empezar a comer. Menudo susto, tío. ¿Estás anémico o algo así?

Algo no parecía cuadrar en su cabeza. Se incorporó, apoyándose en los codos, viendo que a su alrededor, algunas chicas de su clase le miraban con
preocupación.
_ Hemos llamado a un profesor. Debe de estar a punto de llegar.
_ No…No hace falta armar tanto follón…- se levantó y miró alrededor- El comedor estaba lleno. El reloj marcaba las 12:45.
Muchos comían, otros se arremolinaban a su alrededor preguntando cómo estaba.

Tuvo que pedir disculpas al profesor, que llegó despavorido al comedor – probablemente más que preocupado como tutor, asustado por los acontecimientos ya típicos de la Escuela.

_ Estoy bien, en serio. – Insistió a todo y especialmente a Yamato, que insistía en que fuera a echarse a la Enfermería.
_ Si tú lo dices…Entonces, está bien…

Se suponía que tenían que comer, pero algo le decía que aquel lugar no era el que esperaba encontrar…Entonces su mirada se cruzó con la de Shunsuke.
Estaba en pie, en la entrada del comedor, mirándole fijamente, como si le reprobara algo.

Nervioso, decidió hablar con él y dejar las cosas claras. Si tenía algo que ver con la dichosa maldición, sería mejor saberlo que tenerlo siempre a sus espaldas, callado, observándole como un ave de carroña.
Pasó entre las mesas deprisa, ignorando a Yamato. Sus oídos fueron atravesados por un silbido que terminó silenciando todo.
Sin querer golpeó un refresco de cola de una de las mesas.
_ Lo siento. – Se disculpó deprisa y miró al suelo, a la par que se llevaba la mano a uno de los oídos, molesto por aquel extraño acúfeno.

El silencio ahora era absoluto. No supo cuántos minutos duró, pero los justos para ver que la mancha en el suelo se extendía hasta más allá del espacio que dibujaba su sombra entre sus zapatillas.

Una mancha de sangre que también salpicaba sillas y mesas, las piernas de las chicas y los pantalones de los chicos. Miró hacia el fondo: allí seguía, en pie, Shunsuke, tan alto que podría haber tocado el dintel de la puerta corrediza del comedor.
Hiroshi sintió mucho frío, y las pupilas comenzaron a girar lentamente sin control, mientras trataba de apoyarse en algo para no volver a perder el conocimiento.

Shunsuke seguía mirándole, y en ese instante, sacudió la cabeza, negando.
“No tienes nada que hacer” o tal vez “No sigas donde estás”…¿Qué es lo que quiere decirme?

_ Perdona – se disculpó en un hilo de voz, mareado y falto de aire al apoyarse en una de las chicas de la mesa contigua.

Entonces el silbido atravesó sus oídos con un fuerte, ruidoso sonido agudo martilleó incluso los cimientos del edificio.
Miró hacia el lado, a la chica en la que se apoyaba, tratando de buscar un gesto de complicidad, ante aquel horrible sonido que le estaba destrozando los tímpanos.

Una respiración fuerte, caliente y putrefacta le golpeó la piel de la cara, los labios y los ojos.
Sólo logró distinguir algo semejante a una cara bajo los cabellos largos de la chica, completamente rasgada, acuchillada y sin ojos.

Apartándose con un desatinado arrebato y chillando con las pocas fuerzas que le quedaban, estuvo a punto de resbalar sobre el charco de sangre que tenía a sus pies.
Pero logró aterrizar sobre una de las mesas, babeando, con el corazón fuera de control y los dedos hincados entre las bandejas de comida.
No quería levantar la cabeza. No quería ver nada más…

“No, no no”.

Se lo repitió una y otra vez, ya al borde de la locura, trastabillando al intentar avanzar hasta la puerta y salir de aquella pesadilla real.
Sólo lograba ver sus zapatillas llenas de salpicones de sangre, mientras escuchaba un murmullo, no de voces, sino de alientos. Algo que parecía estar vivo sin merecerlo, le estaba rodeando.
Aún así, continuó avanzando hasta llegar al final de comedor. Respiraba como si hubiera corrido durante horas. Miró hacia adelante, en donde se suponía que estaba Shunsuke, controlando toda aquella maldición. Pero ya no estaba allí.

_ ¡Hiro chan!

El grito no le dejó tiempo a dudar, simplemente se dio la vuelta rápido.

_ ¡Yamato!

Shunsuke le tenía retenido, inmovilizado y pegado al suelo, los brazos bien sujetos tras la espalda.

A su alrededor, alumnos, profesores, servicio del comedor…Todos estaban echados sobre los asientos ensangrentados, desmembrados, y, algunos de ellos, aún en ese estado, milagrosamente en pie, los cabellos tapando las caras, o lo que quedaba de ellas.

La luz era tenue y roja. Hiroshi se dio cuenta de que las ventanas estaban también rociadas en sangre.
Sin embargo Yamato estaba bien, y, a pesar de todo el horror, eso alivió profundamente a Hiroshi. Probablemente la situación era excesiva como para lamentarse en ese instante por todos los demás…

_ ¡Suéltale Shunsuke! – le gritó firme, en pie, secándose el sudor frío de la frente con las temblorosas manos- ¿No soy yo a quien quieres? ¿No soy yo el de la maldición? ¡Ven a por mí entonces!

Lo gritó más firme de lo que creía que podría ser en un momento así…Estaba a un paso de la puerta, de escapar…Pero…¿En serio podía escapar de aquello?
No…Era imposible. Dentro o fuera, en su casa, en su posible futuro si es que lo llegaba a tener…Siempre le perseguirían las mismas visiones, las desapariciones y los muertos.

Tenía que regresar, enfrentarse a Shunsuke y ayudar a Yamato.

Volvió a hacer el camino a la inversa, pisando con fuerza, despacio pero sin parar ni por un segundo. La sangre se estaba empezando a coagular.
El sonido de sus pasos sobre aquella ciénaga roja, se mezclaba con su agitada respiración y ese extraño “ras, ras, ras” procedente de los cuerpos que parecían reírse de él desde sus horribles carnes.

_ ¡No me detendrás Hiroshi! – Shunsuke mostraba por fin, una expresión. Algo que leer en su cara. Era la primera vez, seguramente porque le odiaba, como a todos los Tanizawa, y ese era el encuentro definitivo
entre el causante de la maldición y su presa.

Shunsuke apretó más los brazos de Yamato con una de sus manos, mientras con la otra sujetaba su cabeza por la nuca, agarrándole del cuello.

_ Hiro chan*…Ayúdame por favor…- sollozaba como un niño pequeño, asustado, incapaz de mover un dedo.

Hiroshi avanzó más deprisa, y a la vez, Shunsuke sacó algo de su bolsillo, soltando el cuello del chico, que trataba de escapar a toda costa, forcejeando bajo el fuerte Shunsuke. Hiroshi saltó con un grito sobre él, logrando que se despegara de Yamato.
Shunsuke había perdido el arma o lo que fuera que había utilizado para acabar con todos.
Miraba con desesperación hacia su derecha, al lugar donde había salido despedido el objeto. Era una especie de mechero…Corrió a recuperarlo, pero varios de los cuerpos le habían rodeado.

_ Yamato, ¿estás bien? – Hiroshi trató de ayudarle, puesto que estaba postrado en el suelo, boca abajo, demasiado asustado para moverse. A pesar de todo, le sonrió agradecido.
_ Hiro chan, gracias…

Tomó aire para seguir hablando. Hiroshi le agarraba del brazo con fuerza: tenía que sacarlo de allí antes de que Shunsuke terminara con ellos.

_ Gracias…
_ Vamos, tenemos que salir de aquí…
_ No, en serio…

Su voz sonó muy seria, pausada, extraña.
Shunsuke seguía lidiando contra los cuerpos desmembrados, tratando de alcanzar el mechero color plata, que tenía una extraña forma curvada, y unos kanjis grabados en una de las caras.

Hiroshi miró a Yamato una vez más antes de intentar levantarle para salir de una vez por todas de la Escuela.

_ Gracias Tanizawa, por cumplir con tu contrato, una vez más.
_ ¿Qué..?

Yamato le sujetó con un sólo y rápido movimiento por el cuello con ambas manos, unas fuertes manos de venas sobresalientes y uñas curvadas y negras como garras de ave rapaz.
Sus ojos eran sangre encharcada y su boca una sonrisa esperpéntica, literalmente de oreja a oreja. Como si la hubieran cortado sobre la cara, que no era más que un óvalo salpicado en sangre y rasgado desde el cuello hasta la coronilla.

Hiroshi no podía respirar, su vista se nublaba…Era tarde…Demasiado tarde…

Shunsuke lanzó un grito terrible, un grito de final y muerte.

Todo se volvió oscuro. Se acabó…

“Tanizawa…Has sido realmente delicioso durante siglos…”

La bruja hablaba desde el cuerpo de Yamato, con voz rasposa, y seguía apretando con fuerza el cuello de Hiroshi, ya al borde de la inconsciencia.

_ ¡¡Brujaaaaaa!!

Un golpe feroz – una patada de Shunsuke- la alejó de Hiroshi, que no podía ni toser. Trataba de ver qué estaba pasando entre Shunsuke y aquella especie de ser que se había hecho pasar por Yamato ( O quizás Yamato siempre había sido ese monstruo…)
Shunsuke tenía el mechero en la mano derecha y había agarrado a Yamato de forma que no pudiera moverse pero eso era imposible. La bruja simplemente se deshizo de sus brazos, que cayeron a plomo chorreando sangre, y se escabulló serpenteando, mientras un “ras, ras, ras” continuaba saliendo, como si se tratara de un palpitar, de su interior.

Cuando se quisieron dar cuenta, había desaparecido.

Los cuerpos desmembrados, brazos y cabezas, rodaban y se arrastraban a una velocidad increíble hacia ambos chicos, que se apostaron en uno contra la espalda del otro, sin salida, sin esperanza alguna.

_ Shunsuke…
_ Qué…
_ Siento no haberte escuchado antes.
_ Ya…Yo siento no haber sido más…Normal – la sangre y los miembros les cubrían las piernas, aferrándose a su propia carne, propinándoles un dolor indescriptible.
_ Ojala salgamos de ésta…-deseó con voz entrecortada, consciente de la tontería que acababa de decir.

Shunsuke asintió, tomó aire y alzando la mano llena de rasguños, de entre los cuerpos, encendió el mechero.

Un halo de luz y calor inmenso les hizo cerrar los ojos.

Algo semejante a gritos sin voz, espeluznantes sonidos de ultramundo, les aturdió durante tanto tiempo, que se creyeron muertos.

Cuando despertaron, se encontraron sólos, tirados en el suelo del comedor. No había ni rastro de sangre, ni tampoco quedaba un sólo cuerpo de los muchos que les habían torturado segundos antes…
¿O tal vez habían sido horas? Ninguno de los dos lo supo jamás.

La Escuela estaba vacía. Cuando vino la policia, no daba crédito a lo sucedido: habían desaparecido profesores, limpiadores, alumnos…Excepto aquellos dos chavales, que no lograban articular palabra y estaban llenos de heridas, con las ropas y los cabellos ensangrentados.

_ Vamos, chicos…- les acompañó un agente, que les había proporcionado mantas y algo caliente para beber.

Hiroshi miró hacia atrás una vez más. Entre las mesas y junto a las paredes, bajo las ventanas, ahora relucientes y acariciadas por la luz de la puesta de sol. Mirara donde mirara, no había ni rastro de la bruja. Ni rastro de sangre, ni rastro de NADA.

Suspiró y volvió la cabeza, cansado, caminando junto a Shunsuke, que fruncía el ceño observando el mechero entre sus manos.

“Al menos hemos terminado con la bruja y la maldición…” Pensó Hiroshi, preguntándose que tipo de poder tenía aquel chico enorme llamado Shunsuke, y por qué le había ayudado…

Se cerraron las puertas del comedor tras ellos.

Los gorriones volvían a los nidos, alertados por la noche que ya se acercaba con pasos tiznados de color púrpura.

Si te fijabas en el comedor, te parecía imposible que algo tan horrible hubiera sucedido en un lugar tan calmo y limpio…

Ah…Alguien parece haber olvidado una pequeña bolsa o un monedero…Allí, junto a la última mesa, la que está en la esquina Oeste, junto a las ventanas.

Se mueve un poco, se retuerce y brilla, goteando algo espeso.

Se gira de un golpe, para mostrar una pupila oscura, mientras de su pequeño interior suena, constante y aterrador:

_Ras, ras, ras…

FIN

 

NOTAS:

Detrás de los nombres se añade -chan, cuando se trata de un niño o hay un vínculo muy cercano entre los interlocutores. También es una forma cariñosa de llamar a alguien. De aquí que Yamato llame Hiro chan a Hiroshi.

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  1. Muy buena la segunda parte,y muxa intrigaa..me ha encantado,gracias xescribir tan buenas historias,me encanta leer toda clase de historias,pero las de terror,me fascinan..enhorabuena!!!

  2. Hola Carmen María^_^) Muchísimas gracias por leerlo, y por aportar un comentario con tu opiniòn, significa mucho para mí ^0^)/ Espero poder seguir escribiendo historias que te gusten y llenen tus momentos de lectura ^///^) ¡Muchas gracias de nuevo! Abrazos ^-^)v

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