El refugio de Carpófora

Estándar

Image

Era una noche de mucho viento. Tan fuerte y despiadado soplaba, que los árboles gemían de dolor y las estrellas se tambaleaban desde sus alturas.
Las hadas y otros seres pequeños, dormían a salvo en lo más hondo de los árboles.

El bosque estaba sumido en la más absoluta oscuridad. La luna menguante semejaba una cuna, pero apenas se podía ver desde las matas de la zarzaparrilla y los alisos blancos que alfombraban los pies de la arboleda.

En una casa rectangular, con un porche de tablas y un jardín escueto, vivía un joven escritor y su gato Sui.
El joven llevaba tres meses allí, a solas con la naturaleza y consigo mismo, intentando escribir todas las ideas,
sueños y demás entretejidos de la imaginación que le impedían descansar.
Era como tener metidos en su cabeza, cientos de duendes traviesos que terminaban por agotarle físicamente.

En la ciudad, le había sido imposible apaciguar a los duendes, por lo que cogió un petate con dos mudas y su portátil, un par de libros de Haruki Murakami y otro par de Goethe y de Lorca.

La casa era de sus abuelos maternos, que murieron cuando él era añun demasiado pequeño como para sentir pena o añoranza.
Cuando llegó estaba en tan mal estado que se pasó un par de semanas limpiando y arreglando el tejado, la madera del porche y el jardín, cubierto de dientes de león y mala hierba.

El gato apareció su primer sábado en el Bosque, por la mañana, cuando se tostaba pan junto al fuego.
Simplemente se acercó ronroneando, alzando el lomo, acariciándose contra sus piernas, como si le conociera de toda la vida.

_ Hola bonito…¿De dónde sales? – le ofreció un poco de mantequilla, que lamió gustoso para después lavarse con esmero toda la cara, mitad amarilla, mitad blanca.
Tenía los ojos grises y bizqueaba. Su pelaje era más bien amarillo, a excepción de una mancha blanca que recorría parte del rabo y todo el flanco derecho.

Le llamo Sui*, en un impulso, como cuando ponía nombre a los personajes de sus novelas.

Cada mañana daba un largo paseo por el bosque. Caminar le ayudaba a ordenar las ideas: a poner en fila a los duendes de la imaginación y mandarles callar. De ese modo, al volver a casa, lograba pasar al papel con éxito las ideas, tramas y diálogos que su mente cuajaba durante las caminatas.
Sui sólo le acompañaba un tramo, nunca se alejaba completamente de la casa. Perezoso, se volvía al porche y dormitaba el resto de la mañana, hasta la hora de la comida.

La casa disponía de pozo con agua potable, un trastero inmenso, un pasillo central y cuatro habitaciónes: dos dormitorios, un baño y la cocina.
En el trastero, muy ordenado y sin demasiadas cosas acumuladas, estaba a su vez la despensa, que había hecho llenar antes de llegar.
El señor Nakayama tenía las llaves – era un viejo amigo de la familia y vivía a sólo cinco quilómetros de allí-.
Tenía latas de comida, pan, galletas, leche condensada, cecina, verduras y frutas enlatadas, atún, anchoas y cervezas. Suficientes reservas para medio año aproximadamente.

Al principio pensaba que no soportaría la soledad y que terminaría regresando, con el rabo entre las piernas, a la semana como mucho.
Pero, inesperadamente, no fue así…Cada día que pasaba, más a gusto se sentía y poco a poco, la ciudad y sus recuerdos, fueron quedándose en la parte más oculta de los
cajones de la memoria. Ni siquiera echaba de menos hablar con la gente o coger el coche.

Su lugar favorito para escribir, era la cocina. Era demasiado luminosa para su gusto, pero acogedora. Sólo tenía una mesa pequeña para dos comensales, de madera, con sus dos sillas y su mantel viejo, empobrecido como
las cortinas, por la luz del sol.
Los fogones eran antiguos, la nevera era vieja y los suelos de madera estaban desgastados y pobres.
Aún así, algo le hacía sentir tan cómodo, que una inmensa sensación de felicidad le recorría el cuerpo desde las yemas de los dedos hasta la punta de los cabellos. Sobre le mesa, con su café cargado, escribía en el portátil,
con una facilidad que hacía años que no podía paladear.

Una mañana, el canto de una lluvia fina pero abundante le despertó. Sintió frío en los pies y agarrando el gastado edredón de una de las puntas, se cubrió hasta la cabeza.
Se había acostado tarde leyendo y tomando notas y aquella lluvia repentina le daba una somnolencia muy bienvenida.

De repente unos golpes fuertes, como si algo de metal se derrumbara, le hizo saltar de la cama.
“Viene del trastero” Se dijo mientras se calzaba. Se puso la chaqueta y fue al trastero. El porche estaba empapado por la lluvia y las acacias que adornaban
los laterales de la casa parecían damas mojadas.

El olor a lluvia y a hojas secas, a hierba y a tierra, era fuerte y tonificante. A pesar del frío de la mañana se sintió enérgico y listo para escribir.
En todo ello pensaba cuando llegó a la puerta del trastero, ligeramente abierto. “Qué extraño” Pensó entrando, tratando de ver qué era lo que había producido tal barullo
en la mañana.

Unas cajas de madera a la izquierda,  un armario ropero a la derecha y al fondo varios lienzos enrollados. Exactamente igual que el día en que llegó e hizo un chequeo de cada una de
las habitaciones de la casa. Nada estaba fuera de lugar.
Sin embargo, había algo detrás del armario. Como la única fuente de luz era una bombilla que pendía del techo sin más adorno, y encima estaba fundida, tuvo que abrir más la puerta para que la tenue luz de la mañana le ayudara a ver mejor dentro de aquellos 20 metros cuadrados.

_ ¿Sui?

El gato, empapado, estaba lavándose minuciosamente las patitas, entre un montón de papeles viejos, recortes de periódico y libros.

_ Pero bueno, si estás empapado…¿Dónde has andado? – suspiró, cogiéndolo en brazos. Sui lanzó un maullido cariñoso, dispuesto a mostrarse dulzón a
cambio de un buen tazón de leche o una lata de atún.
_ Tendremos que ir a por una toalla…- se levantó y al primer paso, algo hizo un ruido sordo a sus pies.

Parecía ser un libro. Lo recogió y con Sui en brazos, regresó a la casa principal, a la cocina.
Dejó el libro sobre la mesa y preparó café.
La lluvia comenzó a amainar.
Sui seguía secándose el pelaje con mucha calma, mientras su dueño se tomaba el café solo, rebuscando en la bolsa del pan de molde un par de rebanadas del fondo.

Después del frugal desayuno, fue a por una toalla vieja y secó al gato a conciencia, mientras miraba las tapas del libro, de color beige, con más de un rasguño y algunas manchas viejas.
Sui comenzó a resistirse a la ceremonia de secado, hasta que, ya harto, saltó del regazo de su amo y se fue al porche, en donde las gotas de lluvia del tejado se estampaban con un “plim”
agudo y dulce.

Entonces el escritor, sin demasiadas ganas de volver a la escritura, decidió dedicarse a hojear aquel libro, el cual parecía estar seduciéndolo, llamándolo, invitándolo a saber de sus líneas…
En la primera página estaba escrito, con tinta negra y caligrafía meticulosa, la siguiente frase:

“Recuerdos de Carpófora D. W. Mes de Septiembre, Año 1940”

Era una especia de diario de su abuela paterna. Lo único que conocía de ella, era su nombre y el hecho de que había vivido en aquella casa con su marido, durante los últimos años de su vida. Ni su padre ni su madre le habían hablado de sus abuelos, probablemente por falta de interés más que por querer ocultar algo en particular de sus ancestros…

Las rugosas y gastadas hojas del diario le llamaban con voz impaciente y traviesa. “Quién sabe, tal vez me sirva de inspiración para mis escritos…”
Pensó acomodándose en la parte seca del suelo del porche, bajo la atenta mirada de un sol, que tras  el aguacero, se abría paso entre las nubes y las altas copas de los árboles.

“Mi tío me ha vuelto a traer libros de su viaje a la capital. Ya me había terminado de leer los que me dio el mes pasado. Si no fuera por él, me moriría de aburrimiento. Esta vida es insoportable para cualquier mujer…
Si hubiera nacido varón, sería escritor. Y viviría solo, con mis libros y mis mil historias sin que nadie dirigiera mi vida ni mandara sobre mí.

Madre está, como de costumbre, asqueada conmigo, me ha obligado a coser sentada junto a ella,
y cuando he terminado con la labor, me ha mirado con odio diciéndome “No sirves para nada, qué desastre de niña”
Padre no vuelve hasta tarde de trabajar en la carpintería.
Como está delgadito siempre le sirvo más comida que a nosotras, pero en cuanto madre lo ve, cambia su plato por el de papa. Me saca de quicio, pero es mi madre. No puedo hacer ni decir nada en su contra.

…Esta tarde madre se ha enfadado conmigo porque he derramado la leche sin querer.
“Ojala tu padre no te hubiera recogido cuando te tiré de la cuna” farfulló sin mirarme, marchándose a su habitación.
Limpié la leche sin poder contener las lágrimas. Arrodillada en el suelo, pensé que quizás yo no merecía estar viva.

…Le he preguntado a padre si es verdad que madre me tiró de la cuna. Él me ha mirado con ternura infinita y cierta tristeza, antes de decirme: “¿Y eso quién te lo ha dicho?” “Madre” – le respondí. Suspiró y me acarició la cabeza.
“No pienses en ello, ya pasó, y bien que estás aquí, tan bonita, mi niña querida.”
No entiendo nada…¿Puede una madre odiar tanto a su propia hija? Si yo no recuerdo haber hecho nada en su contra…Muy pronto cumpliré catorce años. Me gustaría tanto poder irme a trabajar a la capital…Sólo que echaré de menos a padre.  No puedo dejarle sólo. Y menos con esa mujer.

…¿Cómo debe de vivir un escritor? Seguro que son los seres más libres del Mundo. Muchas veces fantaseo y me convierto en un escritor que vive solo, escribo cuentos a escondidas de madre, pero siempre termina descubriéndome: “¡Otra vez con esa locura de escribir! Una buena mujer no tiene tantos pájaros en la cabeza, pero tú eres tan idiota…No hay nada que hacer contigo” Me ha dicho arrebatándome los papeles y tirándolos al fuego.
Me he pasado llorando el resto de la tarde y me he negado a cenar. A ella le ha dado igual, pero padre ha venido a mi cuarto en seguida, con una bandeja. “Toma Carpófora, sopa y pan tierno. Este pan lo he traído a escondidas de tu madre.” Era pan de leche. Está muy caro y no todo el mundo puede comerlo…La guerra dejó al país con más hambre que una camada de lobos.
Nunca olvidó el sabor de las cosas que a veces padre me trae…Aunque no vuelva a comerlo nunca más, ese bollo de leche de hoy permanecerá en mi memoria para siempre.

…Padre ha enfermado. El doctor viene dos días a la semana a verle, dice que es el corazón.
Madre no deja de quejarse, porque padre no puede trabajar y no entra dinero en casa. Anda haciendo ver que tiene mucho que hacer, pero en realidad se pasa el tiempo sentada cosiendo pañuelos y haciendo labores mientras canturrea por lo bajo.
He encontrado un sitio perfecto para esconderme de madre y para escribir tranquila.
Está en lo profundo del bosque, una casita de piedra muy vieja, medio derruída por las bombas.
Pero tiene un pajar que siempre está calentito. Hay un agujero justo encima de la paja, y como ha hecho mucho sol, todo huele a pan horneado.
Me imagino que vivo en una gran mansión en la ciudad, y que escribo sentada en una bonita mesa de madera oscura, con mi tintero y mis papeles nuevos, inmaculados…Mi mayordomo me trae panes de leche y café caliente en una bandeja de plata y yo me detengo a degustarlo mientras observó mi
gran librería, que ocupa todas las paredes sin dejar ni un sólo hueco sin cubrir, excepto la puerta, una puerta de ricos, grande y solemne.

…Cada tarde me escapo a la casa del bosque. Le digo a madre que voy a coser con unas amigas. A ella le importa muy poco si voy o vengo. Y prefiere no tenerme cerca así que remugando un “Otra vez dando tumbos por ahí, niña inútil…” Sigue con sus labores mientras padre sigue postrado en su cama.
Yo le leo antes de irme durante una hora, uno de los libros que me trajo el tío la última vez: Viento del Este, Viento del Oeste de Pearl S. Buck. Padre y yo disfrutamos mucho de esta historia…Un occidental y una oriental se casan, venciendo el enorme abismo de culturas…”Pearl es nombre de mujer” Me dijo padre una tarde, cuando terminé de leer.
“¿Quieres decir que este libro lo ha escrito una mujer?” Le pregunté asombradísima. Él sabía lo mucho que me gustaba leer. Sonrió asintiendo. “Si te gusta escribir, no dejes nunca de hacerlo. Que nadie te detenga. Ya verás como todo saldrá bien. El destino te llevará a encontrarte con tu vocación tarde o temprano.”
Durante los días posteriores a aquella conversación con padre, he escrito mucho oculta en la casita del bosque.
Y he ido guardando todos los papeles en una caja metálica de galletas danesas, con la esperanza de que algún día pueda llevarlo a una editorial de la capital.
Mi tío sabe de libros, se lo preguntaré el próximo viernes que ya vuelve con más libros para matar mi soledad.
Además, ya sabe por un telegrama que le mandamos, que su hermano está enfermo…Me preguntó que pensara al verlo…Está tan delgadito y débil…

…Hoy me topé con un joven de mi edad, de camino a la casa del bosque.
Es un chico muy guapo. Me ha sonreído. Llevaba un haz de leña a cuestas y caminaba presto, pero cuando me ha visto ha aminorado el paso. Me pregunto si mañana volverle a verle…
El tío ha venido a casa, pero no ha traído libros. Tenía una expresión muy triste en su rostro. Hasta su bigote parecía triste. Se ha pasado horas sentado junto a padre.
Cuando ya se ha marchado me ha acariciado la cabeza y a suspirado con fuerza, como si con ese aire dejara escapar mil dolores y penas calladas.
Padre no está bien…Y sólo de pensar en que me deje sola con madre, me desespero.

…He hablado con el chico del bosque. De camino a la casita he vuelto a cruzarme con él.
“Buenas tardes. ¿Disfrutando de un paseo?”
“Buenas tardes…” Sólo acerté a devolverle el saludo en un hilito de voz.
Yo llevaba mis escritos en la caja metálica, metida en mi cesta, junto con un poco de pan negro y
membrillo.

El joven aprovechó para atar bien el haz de leña, y siguió hablando:
“La verdad es que este bosque es tan agradable que las horas pasan volando cuando estás aquí.”
Yo asentí totalmente de acuerdo. Quería hablarle más pero no se me ocurría nada, sólo notaba que
mis mejillas ardían como dos brasas y que mi corazón se aceleraba más y más.
“¿Vienes a por leña todos los días?”
“Sí. Trabajo para el Médico. Le llevó la casa y cuido de sus caballos.”
“Ya veo…” respondí yo apretando mi cesto con fuerza contra la cadera.
“Yo…Voy a esa casita que hay más haya de la encina…A escribir…” No sé cómo tuve valor de decirle que hacía algo tan estúpido…Madre se habría reído de mí si me hubiera escuchado…Bajé la mirada avergonzada, puesto que pensé que al joven no le haría ninguna gracia que una mujer se entretuviera en cosas inútiles…
“¿Es cierto eso?, ¿Eres escritora?” Él parecía entusiasmado. Se acercó más a mí y me dijo su nombre,
Martín Hunoy. Me dio la mano, llena de callos, seca y muy caliente. Una mano que ofrecía mucha seguridad
y fortaleza. Siempre risueño, me preguntó si podría leer mis escritos.
Yo casi no podía creerlo. Le dije que por supuesto, pero que me daba vergüenza…A lo que él respondió:
“¿De qué? Escribir es algo tan bonito…Estoy deseando leer algo escrito por ti.”
No creo qeu está noche pueda dormir. Por primera vez me siento llena de energía y con un ilusión nueva.
Mañana se lo contaré todo a padre…

…Padre ha muerto. Esta tarde a las seis y media. No puedo creer que ya no pueda volver a verle nunca más…
No puedo escribir…Me siento vacía, estúpida, impotente, sola. Tremendamente sola.
El tío ha mandado un telegrama: mañana viene para preparar el sepelio y poner en orden todos los papeles.
A mi ya no me importa nada, ni madre, ni los papeles, ni leer, ni escribir, ni el bosque, ni Martín…
Tengo muchas horas por delante, ni pizca de sueño ni hambre y la noche se presenta larguísima
Madre no deja de lloriquear cuando la gente se presenta a dar el pésame pero yo sé que en realidad se siente aliviada, y que padre le importa muy poco…Algo que no me resulta nada nuevo.
Me siento tan mal por no quererla…Debe de haber algo extraño en mí…O tal vez me esté volviendo loca.

…Después del entierro no pude soportar más la presión y me fui a la casita del bosque. Me pasé dos días llorando, sin volver a casa. Sobre la paja, boca abajo, observaba la caja de mis escritos pensando en padre.
Mis dedos parecían inquietos, quería escribir, necesitaba expresar todo lo que tenía dentro, porque sabía que la única forma de sentirme mejor era pasándolo todo al papel.
Sigo escribiendo sin parar desde hace aproximadamente una semana.
Mañana viene el Tío…Me dijo que quería llevarme con él a la ciudad…Yo, no sé si es eso lo que realmente quiero…

…Martín y yo quedamos todos los días en la casita del bosque y hablamos mucho. Es como si estuviera de nuevo con padre. Aunque Martín es totalmente diferente y en muchos aspectos…Es sólo que…Su cariño me recuerda a padre…Le he leído algunas de mis historias cortas. Martín dice que tengo talento, que debería dedicarme a ello.
“Irte con tu tío es una gran oportunidad para ti…” Me dijo seriamente.
Yo asentí, pero en el fondo, no quiero dejar a Martín.
Esta noche me cuesta ordenar mis pensamientos…Creo que he dormido muy poco desde que padre se marchó…Mañana le diré al tío que no me voy con él.

…Hoy Martín y yo hemos encontrado a un gato muy curioso en la casita. Estaba durmiendo entre la paja, con un rayo de sol sobre la panza. Se le veía tan feliz que le dejamos allí, y nosotros nos sentamos con cuidado a su lado, para que no se asustara.
Todavía no no conoce como para acercarse a nosotros pero estoy segura que es bastante cariñoso.
Le hemos puesto nombre, se llamará Tolstoi.
Madre está insoportable conmigo últimamente. Mucho más de lo normal…Ha descubierto mi caja de los escritos cuando estaba revisando mi cuarto y mi cama.
Se la he logrado arrebatar a tiempo. “¡No vas a hacer conmigo lo mismo que con padre!” le he gritado llena de rabia.
Últimamente no dejo de pensar que padre murió por culpa de la maldad de madre y que si hubiera tenido otra vida, no habría sufrido tanto. Es todo tan injusto…
Por el momento me llevo los escritos a la casita del bosque. La voy a guardar entre la paja.
Tolstoi se ha quedado a vivir allí. Yo le llamo el guardián de mi refugio.
Martín se queda conmigo tanto tiempo como le permite el trabajo, me escucha y me alienta a seguir escribiendo…Junto a él, todo es tan diferente…Siento como si a su lado, pudiera lograr todo lo que me propusiera.
Algún día escribiré un libro, como hizo Pearl S. Buck. Entonces me compraré la casa vieja; el pedazo de terreno en el bosque será de Martín, de Tolstoi y mío…Y plantaré jacarandas y mimosas…A padre le gustaban tanto.

Las siguientes páginas estaban en blanco. Se le había la tarde encima leyendo el pequeño diario de su abuela.
Cerró el malgastado librito, acariciando sus tapas.
Sui maulló. Estaba a sus pies, ronroneando, acariciando el bajo de los pantalones con su cabecita.

_ Tienes hambre, ¿verdad? – Su dueño se levantó y fue a por una lata de atún.

Había salido el sol por completo. Ni un solo rastro de las nubes de la mañana.
Mientras Sui comía, él miraba al cielo desde la ventana de la cocina.

Unas briznas de algo le entraron en los ojos. “¿Qué es ésto?” Se pasó la mano por los cabellos.
Restos de paja muy seca se quedaron pegados a la palma de su mano. Por unos instantes,  quedó aturdido,
anonadado.

_  Sui, creo que tu verdadero nombre es Tolstoi – le dijo al felino.

Corroboró, mirando a su alrededor, que la casa que había substituido al refugio de Carpófora, era perfecta para escribir.
Seguiría buscando, porque si él había salido a su abuela, debían haber muchos más escritos
ocultos en aquella casa. Pero aquel pequeño diario sería a partir de ese día, su libro de cabecera.
Tenía que darle las gracias a la Abuela por haber sido fuerte y haberse mantenido firme y fiel a sus sueños
y a su espíritu artista.

“Ojala la hubiera conocido…” Se dijo observando el libro, cerrado sobre la mesa de la cocina.
Las palabras de Carpórfora y su historia le habían hecho sentir algo que ni tan siquiera sentía por lo más cercano:
a él, su rutina, la ciudad o su familia. Ahora añoraba a un ser con el que no había hablado jamás…Simpatizaba con ella, quería hablarle y darle ánimos, compartir su tiempo y sus pensamientos.

El libro le miraba desde su pequeño mundo de papel y tapas viejas, como si sonriera, y le ofreciera esperanzas.
No supo si fueron los duendes de su mente, su loca imginación o la vida en soledad y la lectura de aquellas hojas, las causantes de la visión que perturbo la realidad de aquella cocina que olía a romero y a polvo…Pero en ese momento, pudo ver a una joven con una trenza ligada en la nuca en forma de panecillo, descalza, con un vestido de algodón blanco, tirada sobre mucha paja brillante.
Estaba escribiendo sobre una pequeña tabla, en papeles de cuartilla, completamente absorta y sonriente.
Tolstoi dormitaba a su lado, tumbado panza arriba.
Entonces, su mano se detuvo y le dijo a alguien que tenía en frente: “¿Te lo leo?… Pero no te rías de mí…” Algo nerviosa, se sentó más cómoda y comenzó con voz aún aniñada, pero firme, a leer en voz alta su pequeño cuento:

“_…Y el escritor, tras terminarse el último sorbo de café, se resolvió a visitar a la joven que tanto le había impresionado la pasada tarde del viernes, durante el paseo por los jardines de Santa Eulália…Se preguntaba si era ella la mujer que le había estado hablando en sueños…”

Quiso seguir escuchando a Carpófora más, mucho más, allí apoyado en la nevera, junto a la ventana que daba a las acacias aún mojadas por la lluvia de la mañana.
Pero la visión se fue esfumando, y la voz femenina fue desvaneciéndose hasta que sólo quedó la silenciosa respiración del bosque, pululando como polen entre el Sol y el Aire.

FIN  

Sui 翠 すい、 かわせみ、 みどり、 あきら : Verde

Anuncios

Acerca de yreneyuhmi

Escritora, dibujante, lectora, eterna estudiante, aprendiz de la vida. Adoro a los gatos, a los libros, me encantan los refrescos con gas y los dulces. Me gusta mucho Japón...De hecho creo que mi corazón es japonés al 100% ^__-) 小説家、イラストレータ、漫画家、読者、永遠に学生、人生の見習いです!猫、本、ラムネと和菓子、洋菓子も大好きですよ。ニッポン愛していますよ!実は私の心が100%日本人です!^^

»

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s