Los héroes de Suzume

Estándar

Image

La villa Murasaki* estaba emplazada junto a un caudaloso río llamado Suzume*. Desde muy antiguo se decía que este río era una diosa que dormía apaciblemente, ofreciendo Salud y prosperidad a los que vivían cercanos a su cauce.

La villa había sido un pequeño emplazamiento de guerreros hacía unos dos siglos. Pero el paso del tiempo y la bonanza en agricultura y comercio la había convertido en una urbe con bellas calles, avenidas adornadas con cerezos y hermosos bancales de pensamientos, sistema de alcantarillado y magníficos templos.

Una vez al año se celebraba por todo lo alto, la festividad en honor a Suzume, con danzas, ofrendas, desfiles y rituales especiales en los todos los templos.
La estatua de la diosa Suzume, se erigía en la plaza central de la ciudad, a la que se llegaba desde cualquiera de las cuatro calles principales: Kita, Minami, Higashi y Nishi*.

Suzume era representada como una doncella de cabellos cortos hasta los hombros, que sentada sobre un manto de aguas, alzaba sus manos a pequeños gorriones que se posaban en sus manos, con las alas abiertas.

En Murasaki vivían dos niños, Daikichi y Shoutaro. Nacieron el mismo día: el día de la diosa Suzume. Los niños que nacían en el día de la diosa, eran considerados especiales por lo que se les destinaba a dedicar su vida a las necesidades de la deidad, apaciguando a su espíritu y cuidando de sus templos.

Pero los padres de Daikichi no creían en la Diosa.

_ Jamás permitiremos que nuestro hijo arruine su vida convirtiéndose en monje – espetó sin reparo alguno el padre de Daikichi, con el niño en brazos.
La madre, a su lado, asentía, entristecida por el hecho de haber dado a luz en aquel día.
Ambos eran forasteros en aquel lugar, por lo que no entendían a los nativos y su veneración absurda hacia aquel río con nombre de ave.

Los monjes lo reprobaron y la gente les rechazó durante bastante tiempo.
Sin embargo, los vecinos, los padres de Shoutaro, no le dieron mayor importancia a lo sucedido y respetaron la decisión de la pareja para con el futuro de su pequeño.
La amistad continuo y se hizo fuerte, a la par que los dos niños crecieron como dos amigos inseparables y fortalecieron sus lazos hasta el punto de considerarse hermanos.

_ ¡Shoutaro! ¿Todavía no has terminado? ¡Vamos a jugar ya!

Daikichi acababa de llegar al Templo de Kita, en donde Shoutaro barría desde muy temprano, las hojas secas de los ginkgo y los arces.

_ En poco termino con ésto – le respondió Shoutaro vestido con el tradicional traje de monje aprendiz.- ¿Cómo te ha ido con el entrenamiento?
_ ¡Estupendo! – Daikichi hizo muestra de sus capacidades como guerrero- El maestro dice que tengo que esforzarme más pero en el fondo sé que está sorprendido.
_ No seas tan engreído – sonrió Shoutaro, acostumbrado la personalidad apabullante y abierto de su amigo.

_ Vamos a jugar junto al río – sugirió Daikichi cuando Shoutaro hubo guardado la escoba y el mandil.

El apacible carácter de Shoutaro contrastaba enormemente con el de Daikichi. Pero juntos el mundo parecía estar en su lugar, y cada cual se sentía completo y auténtico.
Incluso sin hablar eran capaz de comprenderse.

Pasaron muchas estaciones juntos, otoños de rojos y ocres, veranos de azules y tormentas, inviernos de nieves y escarcha y primaveras de trinos y flores. Cada cual preparándose para su futuro: Daikichi como guerrero, Shoutaro como monje.

Un desafortunado día de finales de Primavera, los aires del Oeste trajeron a demonios de las ciénagas a la villa. Muchos habitantes cayeron enfermos, otros tuvieron extraños accidentes; las flores se marchitaron y los animales se consumieron, muriendo en masa.

Los monjes no tenían ni un respiro entre los rezos y las exorcizaciones de las casas y los templos. Junto al río, hermosamente flanqueado por centenarios cerezos aún en flor, se realizaban cánticos en honor a la diosa Suzume, orando y suplicando que limpiara el lugar de aquellos Oni* que estaban desolando a todos los lugareños sin excepción.

Las gentes comenzaron a mirar con rabia y desprecio a Daikichi y a su familia.

_ Es culpa vuestra, por no haber ofrecido a Daikichi a la gran Suzume, la diosa se ha enfadado y nos ha mandado a los demonios – les reprocharon un grupo de hombres de campo que ya habían enterrado a mujeres, padres e hijos.

Los padres de Daikichi no sabían que decir. No se veían con derecho alguno a decir lo que pensaban, cuando aquellas familias estaban sufriendo tanto.
Pero Daikichi se reveló y les espetó:
_ ¡No culpéis a inocentes por algo inevitable!
_ ¡¿Inevitable?! Si tú hubieras hecho lo que hizo Shoutaro, nada de ésto habría ocurrido.
El grupo comenzó a envalentonarse, alimentada su ira por el dolor y la rabia.
Comenzaron a tirarles piedras y a maldecirles. A cada segundo se iban uniendo más lugareños, creándose un pequeño pelotón contra la familia de Daikichi.
El joven protegía a sus padres de los golpes de palos y piedras pero poco a poco se vio impotente e incapaz de levantarse, su cuerpo, a modo de escudo, sobre los de sus padres.

_ ¡Ya basta!

El grito de Shoutaro, vestido con el traje ceremonial y con el rosario en la mano, detuvo a la muchedumbre.

_ ¿Desde cuándo nuestro pueblo se ha convertido en bárbaro e irracional?
Detened la violencia y ocupaos como Dios manda de los sepelios de vuestros seres queridos.

El amable y calmado Shoutaro mostraba ahora una mirada firme y a la par entristecida. No podía creer que las gentes hubieran sido capaces de levantar las manos contra sus vecinos.

El pequeño tumulto se dispersó, entre rumores, con las cabezas bajas y las miradas turbias.

_ ¿Estáis bien? – se apresuró Shoutaro a ayudar a Daikichi y a sus padres.
_ Más o menos – respondió el joven, lleno de golpes y rasguños.
_ Muchas gracias Shoutaro – los padres de Daikichi le tomaron de las manos, agradeciéndoles una y otra vez lo que había hecho por ellos.
_ No he hecho nada que merezca ser agradecido – les sonrió el joven. Se percató que el matrimonio no tenía ni un solo rasguño. Al parecer Daikichi había parado cada golpe por ellos. Sonrió para sí. No había persona más noble en el pueblo que Daikichi, lo había demostrado muchas veces desde muy niño. Era el único que no había temido resultar herido por proteger a alguien.

Daikichi se los llevó a casa. Se lavó las heridas rápidamente y caminó presto hacia el templo de Kita, en donde debía de haber regresado Shoutaro para seguir con las oraciones.

Shoutaro y los demás monjes, estaban reunidos frente al templo con expresión de enorme sorpresa y preocupación.

_ ¿Qué sucede? – se apresuró Daikichi uniéndose al grupo.
_ Daikichi…Verás, el río ha bajado, casi no quedan aguas en su cauce…
_ ¿Cómo es posible..? – Daikichi no daba crédito a aquellas palabras.

Se echó a correr hacia Suzume, seguido de Shoutaro y los demás monjes.
Era cierto, el río estaba casi seco. Daikichi caminó hasta su cauce y comprobó que las aguas le lllegaban hasta la pantorrilla.
En ese mismo instante, Shoutaro sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal, allí había algo…¿Un Oni?
_ ¡Daikichi sal de ahí! – gritó sacudiendo la mano en la que llevaba el rosario.

Daikichi miró hacia sus pies: algo se movía entre las aguas, cual anguilas de color carbón.

Saltó rápidamente y ensartó la daga en aquel ser que estaba a punto de cogerle la pierna, sintiendo al instante como si una corriente eléctrica le recorriera todo el cuerpo.

Shoutaro se acercó corriendo, comenzando a cantar sutras, con el rosario entre las manos. Daikichi aún aturdido, de rodillas sobre las aguas, sólo conseguía escuchar la voz de su amigo, la vista golpeada y enturbiada, mientras que a su alrededor aquellos largos cuerpos se movían como reptiles sin cabeza.
Entre las aguas, vislumbró algo que le pareció familiar….Eran pétalos de las flores del cerezo.

En ese instante, en el que intentaba comprender por qué aquellos pétalos le estaban pareciendo tan extraños, sus compañeros guerreros llegaron al río y le sacaron, mientras los monjes seguían cantando sutras de protección y exorcización bajo los cerezos, ya casi sin flor, que adornaban todo el Paseo hasta el final de la Villa.

Los demonios se iban haciendo más poderosos y fuertes a cada segundo. Se colaban por el sistema de alcantarillado, se arrastraban por las calles y se metían en las casas, consumiendo a todo el que se encontraba en su paso.

Las gentes enloquecieron y comenzaron a dejarlo todo, huyendo de la villa Murasaki, hacia las montañas del Norte.
Los guerreros luchaban contra los demonios tanto en la ciudad como en el río, en donde caían muertos bajo terribles dolores, causados por el veneno de aquellos Oni de las ciénagas.

Mientras los monjes se ocupaban de exorcizar a los demonios en casas y comercios, en calles y plazas, Shoutaro curaba la herida en la pierna de Daikichi.

_ Tú también te has dado cuenta, ¿verdad? – le preguntó Daikichi a su amigo, que terminaba de vendarle la larga raja que cruzaba la línea del tobillo a la rodilla izquierda.
_ Sí…- sin levantar la vista, fruncido el ceño, guardó vendas, ungüentos y demás en una caja de bambú y se sentó a su lado.

Estaban en las escaleras que ascendían al templo de Kita. Los grandes arces, a ambos lados de la escalinata de piedra antigua, ofrecían una sombra agradable, filtrándose los rayos de sol entre las hojas: semejaba que bailaban pequeñas mariposas de luz sobre las sombras de los jóvenes.

_ Los demonios han venido atraídos por los cerezos en flor…La belleza es causante de muchos males o trae tristezas y desgracias…- Shoutaro parecía lamentarse profundamente. Él adoraba los cerezos. No podía creer que algo tan bello y dulce fuera el causante de tanta muerte y desolación.
_ No Shoutaro. No es la belleza la malvada, sino el corazón del que la observa. Los demonios la han utilizado para alimentarse y hacernos daño…Pero nosotros no nos dejaremos vencer.

Daikichi, a pesar de todo sonreía. Shoutaro estaba realmente sorprendido ante la fortaleza y sabiduría de su amigo. Pero…¿No es acaso propio de él, dar coraje cuando todo parece haber terminado?

Daikichi le ofreció la mano. Ambos se prometieron con un apretón sincero que terminarían con los Oni del río Suzume.

Aunque fueron muchos los muertos en aquella terrible batalla del río Suzume, se cuenta que gracias a la afiliación y cooperación de monjes y guerreros, liderados por dos niños Suzume, Shoutaro y Daikichi, se logró acabar con los demonios en menos de tres días.

Los cerezos fueron exorcizados y las aguas del río volvieron, poco a poco, a tener su cauce habitual.

Aún ahora, pasados más de cuatrocientos años, se recuerda a los dos hermanos de la vida, Shoutaro el monje y Daikichi el guerrero, tanto por los libros de historia como por las citas, refranes y creencias populares.

Junto a los cerezos del río Suzume, se alzan dos estatuas en piedra de ambos jóvenes, y cada primavera, los niños juegan y comen dulces bajo los cerezos, ofreciendo a los héroes Shoutaro y Daikichi grandes cestas de pétalos de flores de cerezo: bellas y hermosas motas rosadas que son la bendición de la villa Murasaki.

                                                              FIN

紫 むらさき Murasaki : Púrpura

雀すずめ  Suzume : Gorrión

北 南 東 西 Kita, Minami, Higashi, Nishi : Norte, Sur, Este, Oeste

鬼 おに Oni : Demonio

Anuncios

Acerca de yreneyuhmi

Escritora, dibujante, lectora, eterna estudiante, aprendiz de la vida. Adoro a los gatos, a los libros, me encantan los refrescos con gas y los dulces. Me gusta mucho Japón...De hecho creo que mi corazón es japonés al 100% ^__-) 小説家、イラストレータ、漫画家、読者、永遠に学生、人生の見習いです!猫、本、ラムネと和菓子、洋菓子も大好きですよ。ニッポン愛していますよ!実は私の心が100%日本人です!^^

»

  1. Preciosa historia, no he podido parar de leer hasta terminarla, por eso es que el amor, la amistad mueve el mundo…

    • Muchas gracias Carmen!! ^_^) Me hace muy feliz leer tu comentario aquí *O*) Estoy muy contenta que te gusten los cuentos ^///^)
      Intento volver a escribir para poder continuar con Armend y Liend III, creo que si Dios quiere podré hacerlo poco a poco!
      ¡¡¡Gracias por tu amistad!!! besos ^3^)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s